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COLUMNISTAS / econOMISTA DE LA SEMANA
sábado 6 octubre, 2018

Una historia monetaria con final abierto

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Emmanuel Alvarez Agis / pxq

AYER Y HOY. Sandleris aplica el apretón monetario que falló con Volcker en los 70. Foto: cedoc perfil

Permítame el lector contarle una “historia monetaria”. Es la historia de la primera aplicación práctica de lo que en economía llamamos “monetarismo” ¿Que qué es el monetarismo? El monetarismo también ha dado en llamarse Revolución Anti-Keynesiana. Dicho muy esquemáticamente, Keynes argumentó que cuando una economía entra en recesión, las fuerzas del mercado, lejos de ser una solución, tienden a perpetuar esa situación. “En el largo plazo, el mercado encuentra una nueva posición de equilibrio”, decían los economistas con los cuales Keynes discutía. “En el largo plazo estamos todos muertos”, contestó Keynes ¿Chicana? No, teoría. Si las fuerzas del mercado tienden a perpetuar la recesión, entonces perpetúan el desempleo. En los tiempos de Keynes, donde el Estado de bienestar no existía, eso implicaba lisa y llanamente el hambre y la muerte de millones de personas.
Keynes fue exitoso en convencer a políticos de todo el mundo de aplicar su receta: usar el gasto público para sacar a la economía de la Gran Depresión y mantener un crecimiento vigoroso. Su hegemonía teórica fue tan importante que entre finales de los 30 y hasta la crisis del petróleo el capitalismo vivió su edad de oro: la aplicación de las políticas keynesianas resultó en altas tasas de crecimiento y bajas tasas de desempleo durante tres décadas consecutivas en todo el mundo.
Pero hacia principios de los 70 con la crisis del petróleo, la inflación comenzó a tomar fuerza. Apareció entonces el aporte del adversario teórico número uno de Keynes: Milton Friedman, padre del monetarismo. El monetarismo argumenta que los impulsos keynesianos permiten que la economía reaccione con más crecimiento en el corto plazo pero, a mediano plazo, ese crecimiento desaparece y se transforma en inflación. La inflación sería entonces un fenómeno monetario, causado por gobiernos que emiten dinero para financiar gastos “superfluos”. Como se dará cuenta el lector, la definición de “populismo” tiene su germen en la caricaturización que hizo el monetarismo sobre el keynesianismo. Ibamos a cambiar monetarismo por macrismo y keynesianismo por kirchnerismo, pero prometimos contar una historia monetaria…
La recomendación de política de Friedman era mantener baja la inflación mediante un férreo control de la emisión monetaria. Y en el mundo de la crisis del petróleo, la inflación comenzaba a ser un problema pero ¿monetario? La crisis del petróleo hacía evidente que el impulso original de la inflación no tenía que ver con el tirón de demanda producto de las políticas keynesianas, sino con el golpe de oferta sobre los costos de producción derivados del aumento del petróleo.
Pero el monetarismo le vino como anillo al dedo a un mundo que buscaba desarmar el Estado de bienestar que, debido a sus bajas tasas de desempleo, corría el riesgo de transformarse en lo que el propio sistema keynesiano intentó evitar: el avance de los sectores del trabajo por sobre los del capital, cuya máxima expresión en la época de Keynes era la amenaza comunista. “Hay que controlar la emisión”, repetirían durante casi una década los Chicago Boys.
Finalmente, a casi 10 años de su invención, el monetarismo encontraría a un valiente dispuesto a aplicar por primera vez su teoría: en el año 1979, Paul Volcker, el entonces presidente de la Reserva Federal de los EE.UU. tomaba la decisión de dejar de basar la política monetaria en el control de la tasa de interés, para pasar a controlar la cantidad de dinero ¿Le suena de algún lado? ¡Sí, igual que la Argentina en la actualidad! Es por eso que esta “historia monetaria” nos parece interesante. Es que hace nada más que una semana, el Banco Central de la República Argentina acaba de abandonar su esquema de metas de inflación, un esquema que consiste en que el Banco Central maneje la tasa de interés, para pasar a un esquema de agregados monetarios, donde la autoridad monetaria se compromete a no emitir dinero por el transcurso de un año. Preguntémosle a Volcker qué onda con esto de aplicar políticas monetaristas. Sobre el punto señala Volcker que uno de “los beneficios más importantes era la autodisciplina. Una vez que la Reserva Federal puso más énfasis en la cantidad de dinero, nos resultaría difícil retroceder, incluso si nuestras decisiones llevaran a altas y dolorosas tasas de interés”.
Pero ¿por qué caracterizamos a Volcker como un valiente? Bueno, básicamente porque antes de él nadie se había animado a aplicar el monetarismo. De hecho, cuenta Volcker que tuvo que concientizar al directorio de la Reserva Federal sobre las implicancias de tal decisión: “Recuerdo cuando tuvimos esa reunión y dije antes de la votación: ‘¿Están seguros de que quieren hacer esto? Quiero decir, esto va a ser todo un tema. No sabemos a dónde van a ir a parar las tasas de interés ¿Estamos todos arriba del barco?’. No logré que nadie expresara opinión en contrario”. Calavera no chilla, parecía estar diciéndole Volcker a sus colegas. Así, por primera vez en la historia el banco central más importante del mundo se embarcaba en lo que los historiadores han dado en llamar el “experimento monetarista” ¿Qué cómo resultó? Los dejamos con Volcker:
“Todos los economistas liberales y monetaristas nos empezaron a decir: ‘Ustedes dicen que están siguiendo la cantidad de dinero, tienen que aflojar’. Estábamos atrapados. La economía, después de resistir meses de tasas de interés en alza, parecía haberse caído por un precipicio, así que aflojamos”. Volcker, dicho mal y pronto, la chocó toda. Las tasas de interés se fueron a máximos históricos, el desempleo superó los dos dígitos y EE.UU. sufrió la peor recesión desde la Gran Depresión.
Si se analiza la evolución histórica de la relación entre la base monetaria y la cantidad total de dinero en Argentina, resulta evidente que esa relación es absolutamente inestable, igual que en cualquier otro país del mundo. Es esa evidencia la que hizo que banqueros centrales como Volcker abandonaran esquemas de agregados monetarios. Lo mismo hizo su colega en Canadá, Gordon Thiessen, cuando dijo que “en 1982, después de varias decepciones, el Banco de Canadá concedió de mala gana que el experimento monetarista no había funcionado”. “Presidente,  ¿por qué abandonaron la meta sobre la cantidad de dinero?”, le preguntó un incisivo periodista a Thiessen, quien le contestó: “No abandonamos la meta sobre la cantidad de dinero; la cantidad de dinero nos abandonó a nosotros”.
La nueva conducción del Banco Central de Argentina se encuentra aplicando un tradicional torniquete monetario. Si usted tarda 15 minutos camino al hospital, el torniquete lo salva. Si tarda tres horas, el torniquete lo mata. Esperamos que el anuncio sea solo eso: un anuncio. El accionar concreto del Banco Central de esta semana va en el sentido correcto (y no en el sentido del anuncio) para terminar de frenar la corrida, aunque le faltan “5 para el peso”.
Se debe estar dispuesto a ofrecer US$ 5 mil millones a un precio que se encuentre en el medio de la actual banda de flotación cada vez que a la autoridad monetaria no le guste el comportamiento del mercado. La tasa de interés debe premiar al que apueste al peso. Pero la venta de dólares debe castigar al que haga lo contrario. Urge parar la corrida, pero no con la economía, sino con pericia y decisión.


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