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COLUMNISTAS / opinión
domingo 27 octubre, 2019

Vivir creyendo

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por Luis Costa

Sisepuede. El Ejecutivo se enfocó en una nueva escenificación de propaganda. Foto: pablo cuarterolo
domingo 27 octubre, 2019

Las elecciones tienen para el sistema político uno de los pocos momentos determinantes, definitorios, concretos y específicos. Para el devenir recurrente de la política, la abundancia de especulaciones sobre decisiones y rumores hacen de la adivinación de lo posible un oficio constante, de modo que sabría de política quien pudiera especular con éxito sobre el futuro de decisiones en las luchas de intereses. Así, alguien conoce a otro alguien, que le dijo que tal persona hará una cosa y que por lo tanto tiene la información de que sucederá un acontecimiento que se comprobará efectivamente en un tiempo corto. Mientras ese juego de ir y regresar con la imaginación se expande, un episodio electoral, con su resultado, produce un acontecimiento demoledor que detiene abruptamente por unas horas todo el supuesto saber previo. Aunque parezca lo contrario, la política es lo que sucede hasta que la gente vota. Tiene buena prensa el ir a votar, pero para los y las profesionales de la política, ese día es un infierno.

El resultado de las recientes elecciones primarias a presidente tuvieron características de colapso y reconstrucción. El juego de las especulaciones entre los expertos y expertas en política se basaba en cierta idea de una elección relativamente posible para las dos fuerzas principales, por lo que los mismos protagonistas de cada lado, no solo participaban del análisis, sino que apostaban a sus propios futuros laborales dependiendo de uno u otro resultado. Sin embargo, la bestial diferencia del peronismo sobre Macri obligó a un ejercicio de sentido del que cada tanto la sociedad expone a sus protagonistas. La pregunta central ya no era por decisiones, información o actores, sino por el sentido o no del esfuerzo y del estar allí.

Atajos. Una de las maneras más precisas de caracterizar la gestión en el gobierno de Mauricio Macri y de Marcos Peña es la de constructores de sentido. Además de la gestión, Macri y Peña recurrían a ideas como “se está empezando a notar”, “la gente lo entiende” y otros atajos conceptuales que no requerían evidencia alguna y que podían sobrevivir sin contacto con alguna realidad sólida. Mientras tanto, el peronismo intentó jugar a lo contrario, utilizando a la economía como lo real y concreto, pero necesitando que eso se objetivara en una elección, algo que parecía posible en 2017, pero que no terminó ocurriendo y necesitando dos años más. Bajo esos esquemas de identidad, los de la ilusión y la realidad, como opuestos, buscaron ambos a sus electorados y en esas identidades, el trabajo de los protagonistas tenía sentido ya que los englobaba en un marco de acción justificable. Eso fue así hasta la diferencia abrumadora.

Las marchas por las ciudades del #Sisepuede fueron tal vez el acto de gobierno más responsable de Marcos Peña y sus propagandistas. Con un Presidente desplomado en su ánimo y con la evidencia de una diferencia compleja, constituyeron una actividad turística que logró tener a Macri ocupado y contento. Así, lo mejor que se pudo ofrecer al país desde el Ejecutivo con posterioridad a las PASO, no fue un enfoque renovado en la gestión que atendiera los problemas de la economía, sino una nueva escenificación propagandística de sentido que le permitiera a Macri estar contento hasta el día de hoy sin producir declaraciones escandalosas o sobresaltos discursivos para hacer estallar al dólar.

El resultado que hoy devuelva la elección supondrá así la orientación renovada del modo en que la política volverá a su curso normal para la gestión de los diálogos en el marco de un campo de juego con sentido nuevamente. Quienes ganen podrán entender hacia qué dirección construir e imaginar influencias, y quienes queden derrotados el camino a intentar seguir para que de nuevo la construcción vuelva a ser una misión con futuro posible. La política, como todo lo que sucede adentro de la sociedad, no puede llevarse adelante sin un sentido compartido que haga que la voluntad por accionar, valga la pena.

A la gente de la política la gusta imaginarse en el tiempo que un gobierno dura, pensarse ejecutando acciones y siendo influyentes. No habrá para ellos más tiempo maravilloso que el de mañana a primera hora, donde todo se puede fantasear y los minutos serán para el oro de los que conocen a los que conocen y sabiendo que ya comienzan a contar los días lamentables, hasta la próxima elección.

 

*Sociólogo


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