El cuarteto se encuentra próximo a cumplir 80 años. Allá a lo lejos quedaron Augusto Marzano y su hija Leonor, creadora del tunga-tunga: la música que se animó a conjugar expresiones criollas con géneros aportados por inmigrantes europeos primero, para más tarde –a partir de los 60– sumar ritmos caribeños, percusión afrolatina y vientos.
Este género musical bailable, que surgió en Córdoba en 1943 para animar bailes populares, fue un estilo que –en mayor o menor medida– delimitó siempre las dos aguas por las que se navega en los ríos cordobeses.
De un lado, la mirada de quienes ven al cuarteto como una categoría musical menor; del otro, quienes lo ponderan entendiendo que es el fiel reflejo de una cultura popular arraigada en nuestras barriadas.
Pero la barrera terminaría por resquebrajarse: como símbolo de un primer quiebre en esta dualidad, Julio Bocca invitaba a La Mona Jiménez a subirse al escenario del mayor coliseo de la ciudad. Era el año 2000 y frente a algunas miradas atónitas (y otras que se regodeaban), el referente del cuarteto local ponía a bailar a todo el Ballet Argentino –Bocca incluido– al ritmo de ‘Beso a beso’.
En 2004 le tocaría a La Barra. La banda de cuarteto se subía al mismo escenario donde tocaron las orquestas sinfónicas y los artistas más importantes del mundo, para festejar sus 10 años de vida.
Desde 2013, el cuarteto tiene su día y cada 4 de junio lo celebra, gracias a la sanción de la Ley Provincial 10.174, que lo reconoce como parte integrante del patrimonio cultural provincial y como un género folklórico musical propio, característico y tradicional de la provincia.
Además, desde hace dos años el municipio implementó su enseñanza en la educación inicial y primaria bajo su jurisdicción.
Y finalmente, después del trabajo de varios años, la semana pasada la Unesco admitió al cuarteto como candidato argentino para integrar el Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Esta presentación ante la Unesco fue resultado de un trabajo que se realizó a partir de un estudio antropológico, sociológico y técnicas de investigación que reconfirman su valor social y su riqueza cultural y musical. “Es el único candidato argentino y es cordobés; supimos informalmente que competimos con candidatos de otras provincias vinculados con el folclore. Ahora la Unesco trabajará durante un año, así que en junio o julio tendremos la decisión definitiva. Sentir que estamos participando para que el mundo reconozca nuestro género identitario y pensar que el día de mañana el cuarteto sonará en Canberra, en Tokio o en Toronto promovido por la Unesco, nos pone muy orgullosos”, dijo a este medio Mariano Almada, secretario de Cultura de la Municipalidad de Córdoba.
LA MONA EN EL LIBERTADOR. En 2000 Julio Bocca lo invitó a compartir el escenario del coliseo (foto ElDoce).
Un género que divide aguas
“Elevar a la Unesco la propuesta de incorporar al cuarteto a la lista de lo que pasaría a constituir Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, no deja de ser una iniciativa plausible, ya que representa una expresión identificatoria de vastos sectores de nuestro país y contribuye, obviamente, con su ritmo e ingenio a la alegría colectiva”, empieza diciendo la arquitecta Marina Stivel.
En este sentido agrega que desde su origen, como una variante del pasodoble, el cuarteto ha ido evolucionando hasta lograr diversas variantes, lo cual difícilmente permita asignarle un carácter representativo de etnia alguna. “Para examinarlo hay que prescindir de posturas académicas o elitistas, aunque mucho de su contenido puede ser materia controversial. Por eso, atribuirle un rol definitorio es relativo, toda vez que emerge en el panorama musical más como un fenómeno sociológico que como un aporte artístico. Es decir que tiene más un efecto sociológico, de alegría, de contagio, de evasión de la realidad; también genera ingresos y moviliza a la economía pero no implica un aporte al mundo artístico en lo musical. No hay virtuosismo, aunque Córdoba se identifique por el cuarteto”, dice.
Por su parte, Pablo Canedo se muestra muy entusiasta en torno a la nominación: “Me llena de alegría, sobre todo porque es un merecido reconocimiento para ese vasto universo que es la música popular de cuarteto que involucra músicos, autores de letras y composiciones musicales, empresarios, radios y locutores icónicos, legendarios espacios físicos en geografías urbanas, suburbanas y del interior; pero fundamentalmente gente cantando, escuchando y ¡bailando! donde sea”, dice.
Hadrián Ávila Arzuza (nacido en Barranquillas y radicado en Córdoba desde hace 20 años) señala que en los últimos tiempos se ha ampliado mucho el concepto en torno al Patrimonio Inmaterial. “Ellos analizan cómo los habitantes de una región lo valoran. Tiene que hacer parte de la vida cultural cotidiana pero no hay una valoración de niveles de calidad. En este sentido creo que el cuarteto cumple con las normas para la candidatura. Lo que noto es que aquí hace parte de la dualidad que tiene Córdoba. Y eso me llama la atención porque no sucede en otros países. El vallenato, en Colombia, es un género que te puede gustar o no y un montón de gente lo elige, se instaló por algo y a eso hay que entenderlo sociológicamente, no solo musicalmente”.
Asimismo, Ávila Arzuza reconoce que, si bien siempre ha sido un género que ha generado controversias, poco a poco hay más apertura sobre respetar las distintas formas de hacer música y de expresar el acervo cultural.
“También se reconoció a la Manzana Jesuítica como Patrimonio de la Humanidad. Daría la idea que están armando el rompecabezas de Córdoba, con sus particularidades y su controversia. Y Córdoba es muy interesante en su controversia”, analiza.
Mientras tanto en los bailes
El productor de bailes de cuarteto Marcelo Ludueña, se muestra ilusionado con el anuncio: “Es muy positivo porque el reconocimiento de la Unesco nos visibiliza más. Hoy el cuarteto ha roto barreras nacionales para insertarse a nivel internacional. España está siendo la puerta de ingreso. La K’onga va a hacer una gira por muchos países europeos, eso es muy importante”, dice.
Sin embargo, a nivel local, el peso de la crisis económica se hace sentir y la industria acusa una caída de asistencia a los bailes de entre el 40% y el 50%.
Pese a que el sector acompaña a la crisis con entradas accesibles (la entrada a La Barra cuesta $ 6.000, Q Lokura y Dale Q’va, $ 5.000, y hay bailes con entradas por $ 3.000) lo cierto es que el público del cuarteto es la clase social que más sufre el ajuste. “Es importante marcar el componente emocional que tiene el cuarteto, más allá de lo comercial. Cuando a vos no te alcanza la plata, no estás con ganas de salir el fin de semana a divertirte. A eso sumale que hoy para ir a un baile, entre estacionamiento, entradas, nafta y un trago, se te van entre 20.000 y 30.000 pesos. De todos modos, la caída de asistencia a los bailes no se condice con el posicionamiento hoy del género”, reflexiona Ludueña.
LEONOR MARZANO. La creadora del ‘tunga-tunga’ en el hall de ingreso del Museo del Cuarteto.