El pensamiento no se ve ni se toca, pero pesa. Este sentipensamiento decolonial de un intelectual argentino hoy en el desván, que se animó a conjugar el lenguaje hermano de indios, porteños y dioses, es la esencial fumata que propone Diego Viegas en las palabras de este libro, con gusto a tabaco mapacho y tierra chaqueña. Un diálogo que promete un mañana posible para Nuestra América secuestrada y bombardeada.
La larga relación personal de antropólogo Viegas con Basilio Soria, reconocido mundialmente como Aguarapire Seacandirú, chamán tupí-guaraní salteño, permite un llano acercamiento epistemológico transcultural que rescate quizá al último Ypayé tradicional, y las sabidurías de comunidades arrasadas por el capitalismo extractivista. Nacido en Yacuy, el poblado que fundó el abuelo escapando de la Guerra del Chaco, impulsada por la codicia de los criollos y las compañías energéticas norteamericanas en los 30, Aguarapire escapa del relato etnográfico clásico y explora la cosmovisión de los “hombres tigres”, en tensión a la mirada occidental. “Hay mucha gente que no saluda, porque hay mucho egocentrismo, hay mucho pensamiento/filosofía individualista. Lamentablemente eso que padecen las grandes ciudades. Hoy estamos desconectados tanto del sentimiento comunitario de la vida como de la naturaleza”, expresa quien nos sumerge en lo misterioso “increado”, “para nosotros la tierra no es de nadie, no tiene dueños y no es objeto para la compra ni para la venta. Nos da la Vida”.
Tal vez el lector civilizado tilde de cierta ingenuidad estas expresiones, a la manera que se consume una tarde palermitana a Aílton Krenak, el filósofo indígena hace un par de años entrevistado por este suplemento. Allí Krenak explicaba que “cuando pensamos en la posibilidad de un tiempo más allá de este, estamos soñando con un mundo donde nosotros, humanos, tendremos que estar reconfigurados para poder circular”. Aguarapire, con su modo de ser solidario, consuetudinario y “nada de fotocopia”, admitiendo sus limitaciones, es un embajador de otra manera de estar en el mundo, pisar el suelo en alma y palabra, no de ser.
El vínculo del investigador que trabajó con curanderos del noroeste nacional y monjes budistas, las reflexiones de las similitudes son valiosas entre los indígenas hijos del Mato Grosso y otras culturas del Lejano Oriente, ambas asentadas en la espiritualidad y armonía con los demás seres vivientes; además ofrece un vademécum ancestral que con la guía de payés cada vez es más incorporado en programas de escuelas de medicina. “Pero para eso hay que conocer las plantas y hay que conocer y saber el secreto cántico-espiritual”, advierte Aguarapire.
“Quizá hemos errado el camino. Creemos con ingenua convicción que todo eso se supera con sólo decir que somos objetivos, que el espacio está vacío, que no hay fantasmas y que somos profundamente civilizados. Pero ¿por qué digo que hemos errado el camino?” nos preguntaba aquel intelectual a los pies “milagrosos” de Maimará, chamán karai del pensamiento sensible descolonizador de cuerpos y mentalidades, Rodolfo Kusch. Aguarapire comparte su pipa.
Aguarapire. Ave-espíritu en piel de zorro
Autor: Diego Viegas
Género: etnografía
Otras obras del autor: Ayahuasca, medicina del alma; Antropología transpersonal; Los espíritus del aire; Transpersonalismo y decolonialidad; El impacto ovni; Abraxas: Prácticas de la conciencia en los orígenes de la cultura
Editorial: La Flor Azul, $ 25.000
Traducción: Ana Laura Paolini, Matías Battistón, Gabriel Supino y Norberto Magenta