La historia de San Lorenzo de Almagro en Boedo sufrió un quiebre definitivo en 1979. Durante la última dictadura militar, el club fue presionado para abandonar el Viejo Gasómetro bajo argumentos de urbanización que nunca se cumplieron, forzando una mudanza que marcó profundamente su identidad.
El despojo del predio de Avenida La Plata 1700 derivó en la venta de las tierras a la firma francesa Carrefour. Sin embargo, el sentimiento de pertenencia de los hinchas se mantuvo intacto, transformando la nostalgia en un movimiento civil organizado que buscaba reparar una injusticia histórica.
A principios de los años 2000, la Subcomisión del Hincha inició un plan estratégico para recuperar los terrenos perdidos. Lo que comenzó como un sueño utópico se convirtió en un proyecto de ley sólido, sustentado por la movilización masiva de miles de socios en las calles porteñas.
La lucha social alcanzó su punto máximo el 8 de marzo de 2012. Aquella jornada, más de cien mil personas se concentraron en la Plaza de Mayo para exigir la aprobación de la Ley de Restitución Histórica, un hecho inédito donde la política nacional escuchó el reclamo de una institución.

En noviembre de 2012, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó por unanimidad la ley definitiva. Este marco legal reconoció que el club fue coaccionado para vender sus tierras y estableció los mecanismos financieros para que San Lorenzo pudiera recomprar su lugar de origen.
El fideicomiso de los socios y el impacto de la Ley de Restitución Histórica
Para financiar el regreso, el club creó un fideicomiso gestionado por el Banco Ciudad. Los hinchas no solo aportaron su apoyo moral, sino que compraron metros cuadrados de manera simbólica, recaudando los fondos necesarios para resarcir a la empresa que ocupaba el terreno original.
El proceso no fue sencillo ni rápido, ya que implicó negociaciones técnicas y diplomáticas con la multinacional. El club debió demostrar solvencia económica mientras mantenía la competencia deportiva, logrando un equilibrio entre las finanzas institucionales y el anhelo del regreso.
Según narra Adolfo Res en su libro "Avenida La Plata nos espera", la gesta de San Lorenzo no tiene comparación en la historia del fútbol moderno. El autor destaca que la recuperación del espacio público y deportivo fue una victoria de la memoria colectiva sobre el interés privado.
El 1 de julio de 2019, San Lorenzo tomó posesión legal definitiva de los 27.000 metros cuadrados en Boedo. Fue una noche de vigilia donde miles de fanáticos celebraron la recuperación de su hogar, cerrando una herida abierta durante cuarenta años de exilio en otros barrios.
Desde el punto de vista jurídico, el caso sentó un precedente sobre el derecho a la identidad cultural de los clubes. La justicia reconoció que el patrimonio de una asociación civil sin fines de lucro trasciende el valor inmobiliario, protegiendo su función social en la comunidad.

La recuperación de las tierras también impulsó el proyecto de un nuevo estadio, denominado "Papa Francisco". Este plan integral incluye no solo la cancha, sino también centros educativos, culturales y espacios verdes que buscan revitalizar el tejido social del barrio de Boedo.
El arquitecto e historiador de Buenos Aires, Horacio Spinetto, señala en sus crónicas que el Viejo Gasómetro era el corazón social del sur de la ciudad. Su desaparición fragmentó la vida vecinal, y su retorno representa la reparación de un tejido urbano que fue dañado seriamente.
Actualmente, el club continúa con las etapas de zonificación y permisos de construcción. La Ley de Rezonificación, aprobada en 2021, es el último gran paso legal que habilita la edificación de la estructura deportiva definitiva sobre la histórica Avenida La Plata, en Buenos Aires.
La gesta de San Lorenzo es estudiada en ámbitos académicos como un modelo de gestión participativa. La unión de los socios permitió que un club recupere su propiedad frente a una potencia económica, demostrando que la organización civil puede revertir decisiones del poder político.
Finalmente, el retorno a Boedo se consolida como el mayor hito institucional de la entidad azulgrana. No se trata solo de fútbol, sino de la reconstrucción de una identidad que fue arrebatada y recuperada gracias a la persistencia de tres generaciones de fieles seguidores.