viernes 03 de febrero de 2023
DOMINGO Historias y convicciones

Por amor al arte

15-01-2023 03:26

Qué nos impulsa cada día? ¿Qué motor interno nos lleva a elegir cada gesto?

Escribo estas palabras en mi casa, en épocas de confinamiento. Estoy acompañada por mi hija y nuestra gata. Y por las tantas obras de arte que en cada uno de los cuartos (de la cocina a las habitaciones, del living al palier) cada día iluminan nuestras vidas. Cada una de esas obras fue elegida por razones diversas y personales, pero movida por la pasión. Cada obra es una ventana y, ahora, un abrazo para entibiar el invierno del covid-19, que quedará en nuestra memoria. Estos días en los que el arte seguramente da y dará nuevas respuestas a la realidad, este proyecto que se ha convertido en El arte está en casa intenta acercarnos más allá de una circunstancia tan difícil como la que atravesamos en todo el mundo.

Hace poco más de un año empecé a soñar con un nuevo libro. El anterior era un pequeño objeto que, con ayuda de la maravillosa Gabriela Kogan, que lo diseñó y editó con paciencia y talento, fue circulando de mano en mano como un regalo que me hice a mí misma y a todos aquellos que querían conocerme. Una tarjeta no me bastaba. Y las palabras de quienes me conocían eran mucho más claras sobre quién soy, así que convoqué a un grupo de amigos para que lo hicieran por mí. Era una forma de abrir mi casa a quienes la habían conocido y a quienes no lo habían hecho; era un prisma de recuerdos, un entramado de amigos que dejaban testimonios de su paso por mi vida. Y resulta que unos años después, conversando con amigas, se me ocurrió este loco proyecto. Primero iba a ser una celebración de las obras de artistas mujeres que admiro y participan en mi colección. Luego, poco a poco, empezamos a abrir la idea: ¿por qué no sumar a aquellas que me encantaría haber tenido?

De amiga en amiga, de mujer a mujer, se fue ampliando la lista de invitadas, como en una cadena virtuosa, y transitamos un camino en el que empezamos a constatar que el arte no solo me modificaba a mí y a las artistas. Si recibíamos el testimonio de una, eso nos llevaba a pensar que también debíamos sumar a otra y a otra. De esa forma, en más de un año de proceso se fue armando este proyecto que involucra la amistad, la generosidad y el talento de más de ciento cincuenta mujeres a las que el arte las apasiona. Cada una, diversa. Cada una, única y maravillosa. Sin orden ni concierto, seguimos adelante en un proceso, a veces caótico, a veces organizadísimo, para rastrear estos testimonios. Muchas mujeres no pudieron participar por situaciones particulares. A otras no llegamos a tiempo. Y sabemos que podríamos seguir escuchándolas al infinito y sumando muchísimas más. Escuchar qué inspira a artistas, coleccionistas, creativas, periodistas, curadoras, gestoras culturales, aficionadas al arte. A todas y a cada una las fuimos convocando y cada vez se fueron sumando más. Y cada respuesta fue tratando un mapa, que siempre estará inacabado y en progreso, del amor por el arte, y que intenta dar cuenta de qué forma impacta en la vida de cada una. 

Ese “delirio” entre amigas tuvo la suerte de encontrar en Ignacio Iraola y, por él, en Tomás Lynch, a dos hombres que decidieron no solo apoyarnos, sino que pensaron que en este caso el segundo libro merecía salir a encontrar más lectores y más destinatarios. Y encontró en Guillermo Miguens al diseñador que le diera forma gráfica y que nos ayudara a pensar cada página de las que ustedes reconocerán y donde lo visual tiene un papel central. 

Mi hija Mora y muchas otras colaboradoras aportaron su grantito de arena imprescindible desde diversas tareas. Mis padres y mis hermanos apoyaron como siempre esta locura mía. El equipo de Verbo Comunicación, siempre listo y al pie del cañón. A todos y cada uno de los que han colaborado, especialmente aquellas mujeres que han brindado sus testimonios, quiero agradecer profundamente. 

En muchas ocasiones, la gente me ha preguntado: “¿Por qué abrís tu casa para hacer esos innumerables ‘tés de colección’ donde amigos nuevos y viejos nos reunimos a conversar y conocernos?”. Es decir, ¿por qué hago reuniones y fiestas que celebran la amistad, la comunicación, el arte? ¿Por qué trataba de no perderme una exposición, una inauguración o un evento vinculado al arte? Y, sencillamente, la única respuesta que se me ocurre es la misma que responde al “¿para qué hago este libro?”. Por puro gusto, por pasión y por la convicción de que el arte nos mejora la vida y nos permite también compartir con otros el mejor lado de la vida. Levantarme y ver cada mañana cada una de las obras de mi casa que iluminan estos días aciagos. 

*El arte está en casa, editorial Planeta

 (fragmento).

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