El exministro de Economía Domingo Cavallo volvió a hablar. Y cuando lo hace, aun desde un blog personal, el eco suele trascender la coyuntura inmediata. Esta vez no escribió para defender una medida económica ni para polemizar con el pasado, sino para advertir sobre un rasgo que, según él, empieza a convertirse en un problema estructural del Gobierno: la intolerancia frente a las críticas constructivas, incluso cuando provienen de quienes tienen “vocación de apoyar”.
El titular del Palacio de Hacienda durante el gobierno de Carlos Menem confesó haber dudado con el título del texto que publicó en su blog personal. Pensó, inicialmente, en abordar la intolerancia como una posible virtud política en clave maquiavélica, una herramienta útil para disciplinar, ordenar y avanzar. Pero descartó esa lectura tras reflexionar: no se trata, sostiene, de una virtud ni política ni moral. Por el contrario, la cerrazón frente a las advertencias bienintencionadas genera “daños autoinfligidos”, un concepto que atraviesa todo su planteo.
El disparador concreto fueron las recientes intervenciones públicas de Joaquín Cottani, exviceministro de Economía de Luis “Toto” Caputo, quien en entrevistas con los periodistas Maxi Montenegro y Nelson Castro expresó preocupaciones sobre el rumbo del programa económico. Cavallo subraya que esas opiniones fueron formuladas “con total buena fe y espíritu de crítica constructiva”, lejos de cualquier intento desestabilizador. Para reforzar su punto, invita a ver completas ambas entrevistas y deja librado al lector el juicio final. El suyo es claro: no podrían haber sido más constructivas.
El riesgo que Cottani advierte –y que Cavallo amplifica– no es menor. Según el exministro, ciertas decisiones o gestos del Gobierno pueden poner en peligro el clima de estabilidad alcanzado y reactivar episodios de tensión financiera similares a los vividos antes de la elección pasada. Aquella vez, recuerda, la intervención del gobierno de Donald Trump fue decisiva para evitar un desenlace que habría comprometido el resultado electoral.
Cavallo aprovecha además para desmontar uno de los eslóganes más repetidos por el oficialismo: la idea de que la Argentina arrastra “cien años de intervencionismo proteccionista e irresponsabilidad fiscal” sin intentos previos de reforma. Para refutarlo, rescata un video de 1991 en el que, junto a Carlos Menem, explica el rumbo del plan de convertibilidad. No lo hace –aclara– por nostalgia, sino para recordar que reformas profundas ya existieron y que negarlas no solo es históricamente incorrecto, sino también estratégicamente inconveniente.
“Milei lo tenía claro antes de ser elegido”, escribe Cavallo, y deja flotando una advertencia final: insistir en un relato que desconoce experiencias previas puede servir como consigna electoral, pero choca con quienes conocen la historia económica en detalle. Y en política económica, sugiere, ignorar las advertencias suele ser el primer paso hacia los errores que luego se pagan caros.