ECONOMIA
FINANZAS

Más Bonos Verdes para subnacionales más sostenibles

Las estrategias (incluyendo la estrategia financiera) para disminuir los niveles de contaminación son clave. Por eso es importante tener en cuenta que los fondos propios no son suficientes y que aquellos que puedan aportar los estados soberanos y la banca multilateral de desarrollo no cubrirán las necesidades de una gran multiplicidad de proyectos.

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Chimeneas industriales | CEDOC

Hacia 2050, 70% de la población mundial vivirá en zonas urbanas. Se estima que las ciudades son responsables de una porción similar en cuanto a la generación de Gases de Efecto Invernadero (GEI). De modo que los compromisos, así como las estrategias (incluyendo la estrategia financiera) para disminuir los niveles de contaminación son clave no sólo para quienes habitan los centros urbanos, sino para la humanidad en su conjunto.

Así como más de cien países asumieron el compromiso de ser carbono neutrales con horizonte en 2050, un número de ciudades también lo ha hecho, y se encuentran implementando planes para honrar esos compromisos. 
Los fondos propios no son suficientes para implementar esos planes, y aquellos fondos que puedan aportar los respectivos estados soberanos y la banca multilateral de desarrollo no cubrirán las necesidades financieras de una gran multiplicidad de proyectos. 

Los proyectos incluyen construcción verde (desde soluciones habitacionales residenciales y del mundo corporativo hasta recreativas), energías limpias, transporte, tratamiento de residuos, e infraestructura básica para servicios como el agua, según cada caso.

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Al mismo tiempo, en los últimos años han surgido los Bonos Temáticos, entre los cuales se destacan los Bonos Verdes, cuyo destino es financiar actividades que contribuyan a mejorar el ambiente. Sólo en 2021, en el mundo se emitieron 517.000 millones de dólares de deuda colocada en el mercado de capitales con estas características particulares. 

Sin embargo, desagregando por tipo de emisor, la porción de ciudades o provincias entre los emisores es ínfima. 
Por el contrario, son varios los países que ya han emitido bonos temáticos soberanos, orientados a determinados proyectos en consonancia con los compromisos asumidos en el marco del Acuerdo de París. El país pionero en todo el continente americano fue Chile, que a partir de 2019 se transformó en un actor central de las finanzas sostenibles regionales, superando incluso a Brasil, líder indiscutido hasta el año mencionado.

Los fondos recaudados con la colocación de los Bonos Verdes deberían tener una asignación conforme a criterios de elegibilidad previamente definidos y en función de “temas” específicos 

La posibilidad de provincias y municipios de emitir bonos, incluso tradicionales, es, en general, menor a la de un país. Hace ya varios años, tuve oportunidad de participar activamente en la estructuración de algunos de los primeros bonos subsoberanos de Argentina, y en su colocación en los mercados de capitales local e internacional.

En aquel momento, la novedad era el acceso de provincias y municipios al mercado de capitales (mercado financiero no tradicional) y, con ello, a los grandes inversores institucionales. 

Acostumbrados a recibir préstamos sólo del soberano, o bien a través de organismos multilaterales de crédito, esta nueva modalidad implicaba ciertos grados de libertad para este nuevo tipo de emisor. Los fondos eran destinados a fines no necesariamente explícitos, casi en consonancia con lo que ocurre con las Obligaciones Negociables tradicionales: a reestructurar o a cancelar deuda, a ciertas inversiones, e incluso a gastos corrientes, es decir, de cortísimo plazo. 

A diferencia de esos casos, los fondos recaudados por la colocación de Bonos Verdes, así como de Bonos Sociales y de Bonos Sostenibles, por mencionar los principales Bonos Temáticos, deben tener una asignación conforme criterios de elegibilidad previamente determinados, en función del “tema” específico. 

Podría decirse que esa pérdida de discrecionalidad en el uso de los fondos es compensada por un interés creciente de inversores interesados en este tipo de instrumento en particular. 

Estos “inversores ASG”, llamados así debido a los criterios ambientales, sociales y de gobernanza que priorizan, son los principales compradores de Bonos Temáticos. Ese interés va de la mano con requerir simultáneamente transparencia en la administración de los fondos y un reporting adecuado. La demanda de bonos temáticos existe, y crece año tras año.

El camino recorrido para lograr en su momento las primeras emisiones provinciales, y luego emisiones de bonos municipales pioneras, fue largo y no excepto de contramarchas. Existe un camino, entiendo menos sinuoso, aunque no exento de dificultades, para que provincias y municipios de Argentina, macroeconomía mediante, se encaminen hacia soluciones financieras con objetivos de largo plazo y más abarcativos: en numerosos casos, los temas “verdes” se complementan con los sociales, dando lugar a lo sostenible. Esto es más claro en las ciudades, donde el tratamiento de los residuos es tan sólo un ejemplo. 

Si bien existen factores que escapan a nuestro radio de acción para implementar esas soluciones, algunas condiciones están dadas para comenzar a transitar ese camino. Otras dependerán del empeño y de la creatividad para que finalmente podamos alcanzarlas.

Publicado originalmente en El Economista