ECONOMIA
TRABAJO A LARGO PLAZO

Medio toro Angus por $300 millones: qué hay detrás del precio y por qué hoy la genética paga

El 50% de Álvaro, un reproductor de Cabaña Santa Rosa, fue vendido por $300 millones en Tres Arroyos. Amadeo Derito, presidente de la Asociación Argentina de Angus, explicó los tres factores detrás de este precio récord. Una pincelada de lo que es hoy la excelente genética local.

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La genética local Angus despierta suspiros entre los que saben de ganadería. Y también los invita a hacer gastos extraordinarios, como el desembolso de $300 millones que se pagó por la mitad de Álvaro, un toro reproductor de la Cabaña Santa Rosa, que fue vendido en Tres Arroyos a un consorcio de criadores y cabañeros de La Pampa. El valor equivale a unos US$200.000 por la mitad del animal y constituye un récord para la ganadería argentina, según la Asociación Argentina de Angus.

Pero detrás de ese número hay bastante más que un remate excepcional. Para Amadeo Derito, presidente de la Asociación Argentina de Angus, el precio permite entender cómo cambió el negocio de la genética bovina, qué valor tiene hoy un reproductor de elite y por qué la carne vacuna de calidad se volvió un producto cada vez más buscado.

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Álvaro llega, además, con antecedentes que explican parte de esa valorización. Fue Gran Campeón Macho Colorado en la última Exposición Angus de Otoño y obtuvo el premio al tercer Mejor Toro en la Exposición Rural de Palermo. Es hijo de "Mateo" y de una vaca de la nueva generación de donantes de Cabaña Santa Rosa.

Para Derito, "hay dos factores" que cuentan para haber llegado a ese precio aparece como dato fundamental la genética, porque "el toro todavía tiene recorrido por delante en las principales pistas del país. Es un dos años menor, lo cual significa que puede ir a Palermo el año que viene, con una probabilidad muy alta de pelear un campeonato”, señaló.

Eso agrega valor para quienes adquirieron el 50% del reproductor porque no sólo compraron genética sino también la posibilidad de seguir construyendo prestigio alrededor del animal.

La segunda explicación que encuentra Derito va mucho más allá de las exposiciones.

“La carne vacuna de calidad es un bien escaso en el mundo. Hay una demanda creciente y una oferta que no crece, que más bien disminuye”, sostuvo.

Según señaló a PERFIL, esa relación está modificando los valores relativos del negocio ganadero y permite entender por qué una inversión de esta magnitud puede tener sentido económico.

Eso hace que el valor pagado se pueda recuperar si el toro tiene un volumen de venta interesante de semen, que seguramente lo va a tener porque tiene una genética muy buscada”, explicó. Ese es justamente uno de los puntos centrales detrás de la operación. Los compradores tendrán el uso exclusivo de Álvaro durante el primer período de extracción de semen hasta fines de 2026. A partir de 2027, su genética podrá comercializarse de manera más amplia.

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Es decir, no se pagan $300 millones únicamente por la posesión de medio animal: se compra la capacidad de multiplicar esa genética muchas veces.

Hoy hay mucha venta de semen por las nuevas técnicas de reproducción. La inseminación a tiempo fijo se generalizó mucho en los rodeos comerciales”, explicó Derito. Eso amplió considerablemente el mercado potencial de los reproductores superiores. Una genética valorizada puede utilizarse tanto para el rodeo propio como para vender dosis a otros productores y cabañas.

En este caso, además, los compradores son productores de La Pampa, por lo que Derito estima que una parte importante del semen será destinada a sus propios establecimientos.

Cómo se construye un toro de elite

El precio récord también es consecuencia de un proceso de selección que llevó décadas.

Derito recuerda que el Angus argentino fue cambiando su biotipo a medida que evolucionaron los sistemas productivos. Durante muchos años predominó un animal pequeño, bajo y con mayor tendencia al engrasamiento. Luego, con la expansión de los feedlots en Estados Unidos, comenzó a buscarse un bovino de mayor tamaño y más peso de terminación.

Argentina siguió parcialmente ese camino, pero pronto aparecieron límites.

“Se fue hacia animales demasiado grandes, más finos y tubulares. Acá no se adaptaban tanto a todos los sistemas de cría, sobre todo a los rodeos de madres”, explicó.

La selección fue entonces hacia un tamaño más moderado: un animal intermedio, con buen peso de terminación, pero capaz de desarrollarse también bajo sistemas pastoriles.

La evolución de los sistemas de engorde también hizo su parte. Según Derito, el crecimiento del silaje y de los corrales de terminación acercó algunos aspectos de la producción argentina al modelo estadounidense.

“Eso le da una estabilidad importante al sistema y también a frigoríficos y exportadores, porque permite tener stock propio de novillos y evitar los picos de oferta y demanda que antes generaban grandes variaciones de precios dentro del año”, señaló.

La enorme base genética del Angus argentino

Hay otro elemento que ayuda a explicar por qué Argentina puede producir reproductores como Álvaro: la dimensión que alcanzó la raza dentro del rodeo nacional.

“Estamos hablando de que el 50% o más del rodeo nacional es Angus puro. Y si sumás las cruzas, estamos en 75% o más”, afirmó.

Esa enorme población brinda una base genética muy amplia sobre la cual seleccionar animales.

“Se puede buscar el biotipo o el fenotipo que se adapte a las distintas zonas del país y a distintos pesos de terminación. Hay una base genética muy grande para trabajar”, explicó.

El presidente de Angus destacó también el nivel de uniformidad alcanzado por las cabañas argentinas. Como ejemplo mencionó la última Exposición Rural de Palermo. “El jurado dijo que esa fila podría haberla armado con los segundos de cada categoría o con los terceros y hubiera sido similar. Eso habla de la uniformidad de lo que se presentó”, recordó.

Genética argentina que llega a Estados Unidos

El valor de esa genética no queda limitado al mercado doméstico.

Derito contó un caso que considera especialmente ilustrativo. En febrero de este año, en un remate realizado en Montana, Estados Unidos, se vendió el 50% de un toro con genética 100% argentina en US$270.000. La particularidad fue el recorrido necesario para llegar hasta allí.

Debido a restricciones sanitarias que impiden ingresar directamente semen argentino a algunos mercados, se exportó un embrión desde la Argentina hacia Canadá. Allí fue implantado en una vaca, que luego ingresó a Estados Unidos, donde nació el ternero.

Después hubo que esperar su desarrollo como reproductor.

“Entre los nueve meses de gestación y los dos años hasta llegar a toro, estamos hablando de unos 27 o 30 meses”, explicó Derito.

El resultado fue un reproductor de genética íntegramente argentina que hoy vende semen en Estados Unidos.

“Hay que dar una vuelta larga para llegar, pero esa genética 100% argentina tiene valor en Estados Unidos”, destacó.

Uruguay, Paraguay y Brasil también miran al Angus argentino

La influencia genética también se extiende a los países vecinos.

Derito aseguró que la Asociación mantiene una relación estrecha con productores y criadores de Uruguay, Paraguay y Brasil.

En Uruguay, donde Angus adquirió una gran participación dentro del rodeo, existe un intercambio particularmente intenso.

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“Hay mucha genética argentina en Uruguay, incluso cabañas argentinas que hicieron acuerdos con cabañas uruguayas. Y también empieza a haber genética uruguaya acá”, explicó.

Los sistemas productivos y las condiciones climáticas similares facilitan ese intercambio.

Paraguay y Brasil presentan otra realidad. Allí históricamente tuvieron mayor peso las razas índicas, mejor adaptadas a climas más cálidos. Sin embargo, según señaló, ambos países comenzaron a incorporar genética británica argentina en sus cruzamientos para mejorar la calidad de carne y acceder a mercados internacionales de mayor valor.

Angus y el diferencial de precio

La genética también termina trasladándose al precio del animal comercial, lo que puede observarse en los remates de invernada y en el mercado de hacienda.

“Cuando ves un lote de invernada Angus de calidad, parejo y bien criado, normalmente hace precios máximos. Y lo mismo pasa con lotes de novillos Angus uniformes, parejos y bien terminados”, afirmó Derito.

Una de las razones está en una característica genética de la raza: el marmoleo, la grasa intramuscular distribuida en pequeñas vetas dentro de la carne.

Ese atributo contribuye al sabor y a la terneza y explica, según el referente ganadero, por qué la denominación Angus tiene reconocimiento comercial en distintos mercados.

“En muchos restaurantes del mundo encontrás un bife Angus o un lomo Angus. ¿Por qué usan esa marca? Porque funciona como garantía de calidad y sabor”, sostuvo.

Ese diferencial también beneficia al negocio de las cabañas, porque la enorme participación de la raza dentro del rodeo argentino amplía la demanda potencial de reproductores y genética.

Carne más cara, pero también más exportaciones

El crecimiento de la genética y del negocio exportador convive con otra discusión: el precio de la carne para los argentinos.

Derito admite que el consumo interno está cambiando. “Tenemos una cultura de comer carne en cantidad y barata, y eso no es lo normal en todo el mundo”, planteó.

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La suba relativa de la carne vacuna frente al pollo y al cerdo llevó a que parte del consumo se desplazara hacia esas proteínas.

Pero, para el presidente de Angus, la discusión no puede limitarse al precio que se observa en la carnicería.

“La ventaja es que se está exportando mucho y estamos accediendo a muchos mercados. Hay que tener en cuenta lo que significa la carne como generación de valor y generación de mano de obra”, afirmó.

Y agregó una definición para dimensionar el peso económico de la actividad: “Invito al que dice que la carne no es industria a que se pare en la puerta de un frigorífico y cuente cuánta gente entra en cada uno de los turnos”.

Su planteo es que la cadena ganadera debe mirar cada vez más hacia los mercados que pagan mejor.

“Para Argentina es estratégico alcanzar los mercados que más valor pagan y aumentar las exportaciones de carne, porque estamos exportando trabajo argentino”, sostuvo.

El récord de Álvaro aparece así como la expresión más visible de un proceso mucho más amplio. Detrás de los $300 millones por medio toro hay décadas de selección genética, nuevas tecnologías reproductivas, una enorme base de rodeos Angus y una expectativa creciente por el valor internacional de la carne vacuna de calidad.

El número impacta, pero para el titular de Angus, la lógica económica es bastante concreta: si un reproductor superior puede distribuir su genética en cientos o miles de vientres y esa genética mejora el valor del producto final, el toro deja de ser solamente un animal excepcional para convertirse en un activo productivo capaz de multiplicar su valor durante años.

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