Pese a que el presidente, Javier Milei, sostuvo que para agosto de este año la inflación empezaría con un cero adelante, el dato del Indec arrojó un 1,7%, empujado principalmente por los servicios regulados. Aunque mostró una desaceleración respecto al 2,1% de julio, plantea algunos interrogantes hacia adelante para el equipo económico.
En el primer punto, los servicios jugaron un actor fundamental. El rubro de Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles subió 2,8%. Le siguieron Educación (2,5%) y Salud (2,4%).
“Una baja persistente y sostenible de la inflación requiere un menor impulso de los servicios, que siguen sin poder perforar el 2% mensual (como sí ha sucedido en bienes) desde octubre de 2020. En agosto los bienes desaceleraron al 1,4% (1,6% el mes previo), mientras que los servicios lo hicieron desde el 3,1% en julio al 2% (menor registro desde octubre 2020)”, señaló Suramericana.
“Los regulados traccionan el nivel, no el movimiento. Aumentaron 2,2% y aportaron 0,44 puntos: el 26% del índice con el 20% de la canasta. Pero en julio habían subido 2,1%, de modo que no explican la desaceleración. El argumento consistente no es que el dato esté distorsionado por los precios administrados, sino que el componente de mercado permanece inmóvil”, sostuvo al respecto un informe de Grupo Atenas. Y agregó: “La desinflación interanual está frenada desde hace ocho meses. La variación interanual se movió dentro de la banda de 32,4% a 33,8% a lo largo de todo 2026, y el registro actual (33,5%) es superior al de septiembre de 2025 (31,8%). El ritmo mensual baja; el registro anual, no”.
Lo segundo que observan los analistas es que la inflación núcleo no cede, aquella despojada de los componentes regulados y estacionales. Este subíndice se ubicó en el octavo mes del año en 1,8% por tercer mes consecutivo, equivalente a 23,9% anualizado, y explicó el 78% del dato del mes. Es el verdadero piso nominal de la economía. Sin movimiento en el núcleo, el 1,7% de agosto debe leerse como un mes estacionalmente favorable y no como un cambio de régimen.
A su vez, los especialistas apuntan a seguir monitoreando la dinámica de Alimentos y bebidas no alcohólicas, que desaceleró al 1,7% en agosto luego del 2% en julio. “Se deberá monitorear si está desinflación de alimentos es sostenible en los próximos meses, para de este modo asegurar que la inflación se consolide definitivamente por debajo del 2%.Considerando todos los factores antes mencionados, y suponiendo que el nuevo shock del petróleo se amortigua con el ‘colchón’ de YPF, estimamos que la tasa mensual de inflación oscilará por debajo del 2% en los próximos meses, pero sin poder perforar el nivel del 1,5%”, agregaron desde Suramericana.
El costo industrial de la desinflación es visible en el propio índice. Prendas de vestir y calzado perdió 16,9% en términos reales en doce meses (11,0% contra 33,5% del nivel general) y equipamiento del hogar 6,8%. El rubro más expuesto a la sustitución importada es el que más retrocede. La desaceleración del índice se está financiando, en parte, con el precio relativo del sector productor de bienes.
“La pregunta clave es si la inflación puede ahora converger hacia una velocidad crucero del 1,5% mensual. Agosto representó un paso importante en esa dirección, pero todavía no constituye un quiebre definitivo. No es la primera vez que la inflación amenaza con mostrar una desaceleración más clara –episodios similares ocurrieron alrededor de oct-24 y may-25–, por lo que los próximos datos serán cruciales para consolidar la credibilidad de esta tendencia. Los indicadores de alta frecuencia para septiembre continúan apuntando a un dato favorable, mientras que estamos revisando nuestra proyección de inflación para septiembre al 1,8% mensual”, apuntó en un documento Adcap.
“Es una desinflación con costo productivo y sin margen frente a un eventual reacomodamiento del tipo de cambio. No hay colchón para un movimiento cambiario. Con bienes anclados en 29,5% interanual y un núcleo que no perfora el 1,8% mensual, cualquier corrección del tipo de cambio encontraría el traslado a precios sobre un piso que nunca cedió, y en un año preelectoral”, añadieron en Grupo Atenas.
Para el diputado nacional y director ejecutivo del Centro para la Concertación y el Desarrollo, Nicolás Trotta, “el gobierno consigue una baja de la inflación y pese a ello no consigue ningún efecto beneficioso sobre la marcha general de la economía en términos de recuperación de la actividad, del empleo y los salarios. La desinflación iba a ser la llave maestra para la superación de los problemas de la economía real”. Sin embargo, advirtió Trotta que “la actividad en promedio se ubica en zona de estancamiento pese al enorme aporte de sectores exportadores como el agro, la minería y el petróleo, mientras la mayor parte de la economía sufre una recesión. La economía sigue destruyendo empleo registrado en 21 de 24 provincias y el salario real sigue cayendo. En este contexto, cada día queda más claro que la baja de la inflación es una victoria pírrica”.
En diciembre de 2025, Milei había pronosticado que para agosto de 2026 la inflación sería “cero coma algo” y que el dato mensual, por lo tanto, iba a comenzar con cero. “Para mitad del año que viene o agosto, la inflación va a pasar a ser de cero coma algo, seguro va a empezar con cero”, había afirmado el Presidente durante una entrevista en el canal de streaming Carajo.
El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que elabora el BCRA estimó una inflación mensual de 1,7% para el octavo mes del año, dato que confirmó el Indec. Hacia adelante, la City proyectó una desaceleración gradual de los precios, con el IPC por debajo del 2%. La inflación sería para los siguientes meses de 1,8% en septiembre, 1,7% en octubre y 1,6% en noviembre. Sin embargo, en diciembre volvería a acelerarse hasta 1,8%, mientras que para enero de 2027 se espera un incremento de 1,6%.
Con todo, las proyecciones del mercado vislumbra que el IPC finalizaría el año en torno al 30%. Es decir, triplicaría lo esperado por el Gobierno en el presupuesto, donde estimó una variación de precios del 10,1%.
Una familia necesitó $ 1.600.000
Una familia compuesta por cuatro integrantes necesitó $ 1.605.497 en agosto de 2026 para no caer en la pobreza. Para no ser considerado indigente precisó de $ 726.469, siempre de acuerdo con los datos del Indec.
El organismo también indicó que las canastas básicas alimentaria y total presentaron la misma variación mensual de 2,6% en agosto de 2026; y registraron una suba interanual de 39,6% y 38,3%, respectivamente.
Durante julio, la canasta alimentaria había alcanzado un incremento del 2,6% con una inflación del 2,1%, mientras que la canasta total registró un alza del 2,2%. El grupo familiar precisó $ 1.564.716 para no formar parte de la línea de pobreza y $ 708.016 para no ser indigente.
Un mes antes, en junio, el índice de precios al consumidor que marca los cambios de la inflación se había ubicado en 1,9%.
Se trata de un grupo conformado por dos adultos de 35 años, económicamente activos y propietarios, con dos menores de nueve y seis años.