La empresa de servicios de telecomunicaciones de Mariano Goñi pasó de tener treinta a seis empleados entre 2023 y 2026. Su compañía familiar lleva más de quince años trabajando y, de todas las crisis que han pasado, “esta se lleva el primer puesto”, describe en diálogo con PERFIL. “Estamos, como la mayoría de las pymes, peor cada mes”. El suyo es un caso de los cientos que registraron diferentes encuestas y estudios sobre el sector en el país, y es una situación que preocupa especialmente a la titular del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva. Al menos así lo expresó en la conferencia de prensa que compartió con el ministro de Economía, Luis Caputo, durante su visita al país.
“Me interesa en particular y estoy mirando lo que se está haciendo para las pymes, porque son las que crean la mayor cantidad de puestos de trabajo”, manifestó en esa oportunidad.
El Observatorio de la Unión Nacional de Emprendedores, Pymes y Productores (Unepp) define la realidad de las pequeñas empresas argentinas como “un entramado productivo bajo fuerte tensión”. En su último informe lo ejemplifica con algunos números concretos: el 58% vende menos que en 2025 y el 73% califica su presente como “malo o regular”. Otra muestra de la crisis es que, según esta misma fuente, el 57% mantiene planes de pago vigentes con ARCA y el 22% los tiene caídos porque no puede pagarlos. El 21%, además, sufrió embargos durante el último año.
A esto se suman otros indicadores, como los que resultaron del estudio que elaboraron en conjunto la Asamblea de pequeños y medianos productores (Apyme) y la Universidad Nacional de José C. Paz (Unpaz). Uno de los datos más importantes sobre el futuro es que el 33,6% de las compañías manifestó que prevé suspensiones, reducción de jornada, despidos o no renovación de los contratos para lo que resta de 2026.
“Si este modelo económico se profundiza, las pymes no van a ser beneficiadas. Se ha puesto mucho énfasis en el desarrollo de la minería, el petróleo y el gas, que son sectores que están mostrando cierto dinamismo hoy, pero que son muy intensivos en inversiones y que quedan acaparados por las grandes empresas”, afirma a este medio Dario Federman, economista, docente de administración financiera de la Unpaz y uno de los autores del documento.
Entre los problemas que destacan los emprendedores están la apertura de las importaciones y los altos costos de producción, señala. “Las empresas identifican como uno de los principales obstáculos el aumento de las tarifas de energía, agua y luz”. Para cambiar la situación, opina, “lo que se necesita es una mirada nacional, que abarque a todos los sectores económicos”. Considera que el impulso a la minería y el campo son positivos, pero que también es importante crear un contexto “que les permita a las pymes competir con el resto del mundo”.
Los otros datos que relevó el estudio coinciden con los del Observatorio de la Unepp: en el primer semestre del año el 57,9% de las pequeñas compañías registró una caída en sus ventas, el 60,5% tuvo un resultado económico negativo, el 53,9% redujo su capacidad utilizada, el 36,2% redujo personal en el último trimestre, el 44,1% prioriza no invertir en este contexto y solamente el 7,2% respondió que accedió a un crédito favorable. El 50%, además, tiene una deuda financiera vigente y casi la misma cantidad menciona el alto nivel de las tasas como motivo para no tomar un préstamo que les permita expandirse.
La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) también lo documentó recientemente: “La falta de capital inicial, la incertidumbre económica y la presión impositiva vuelven a ser los principales obstáculos para emprender en nuestro país. El 82,9% no accedió a financiamiento en el último semestre”, afirman entre las conclusiones de su más reciente reporte.
Por su parte Daniel Rosato, presidente de Industriales Pymes Argentina (IPA), compartió con este medio el informe de julio elaborado por la institución, y un comunicado titulado “Además de Vaca Muerta, las pymes esperan que Georgieva vea también la crisis de la otra Argentina productiva: desplome del consumo, cierre de fábricas y alerta social por el desempleo”. En este último resalta algunos datos que se desprenden de fuentes oficiales como el Indec, el Banco Central y la Superintendencia de Riesgos de Trabajo: entre otras cosas, que el Índice de Producción Industrial (IPI) registró una caída interanual del -5,7% y que el uso de la capacidad instalada promedió el 58,4% en mayo, “lo que representa un leve descenso interanual de 0,2 puntos porcentuales y confirma que la industria ha encontrado un techo”.
En cuanto al empleo, señalan que el mercado laboral acumuló 28 meses consecutivos de contracción sistemática, “registrando una pérdida total de 378.137 puestos de trabajo asalariados desde diciembre de 2023, a un ritmo promedio de 13.504 bajas mensuales”. El freno de la demanda, agregan, “afectó con dureza a los principales sectores generadores de valor privado, destruyendo 52.010 puestos interanuales en la industria manufacturera y recortando 29.878 empleos en el comercio”. La conclusión es que la pérdida de empleo formal privado “dejó de ser una corrección transitoria” para convertirse en “un daño de carácter estructural”.
En estas condiciones, Rosato es poco optimista sobre el futuro de las pequeñas empresas argentinas. “Por el momento no hay ninguna manera de poder salir adelante. El problema que hoy tenemos es la falta de competitividad por los altos costos que tenemos en Argentina para producir. Eso hace que sea inviable competir con países como China, donde los precios vienen subsidiados”, afirma.
Su pedido coincide con el que todos los documentos anteriores señalan: “Lo que debería cambiar para que mejore la situación de las pymes es una reforma tributaria”. En ese sentido, asevera, “el problema son las reformas que debería llevar adelante el Gobierno y que no parece estar a la vista que las haga”.
Si todo sigue como hasta ahora, la pérdida de puestos de trabajo se podría profundizar: “Sin ningún proyecto por delante, el sector de la industria manufacturera –y sobre todo los rubros más sensibles como el textil, calzado, fabricantes de bienes de capital o la industria metalúrgica– va a sufrir realmente las consecuencias de la falta de competitividad”. Por eso estima que para fin de año los empleos podrían bajar más y llegar a un total de entre 500 mil y 600 mil (unos 220 mil despidos adicionales a los registrados hasta ahora). En definitiva, advierte, “la situación se va a agravar”.
Un dato adicional y significativo sobre la dimensión de esta crisis, sintetiza, es que los concursos preventivos (solamente en el ámbito de CABA y en la provincia de Buenos Aires, por mencionar un ejemplo) aumentaron un 130% desde 2023.