lunes 05 de diciembre de 2022
ELOBSERVADOR Retratos digitales

Belong, el abrevadero digital de todos los éxodos

Alejandro Resnik, formado en la ORT y en el ITBA, fundó Belong, una start-up a punto de ser el próximo unicornio, que combina la idea de servicio, propia de las ONGs, con una dinámica capitalista.

25-09-2022 02:06

Finalmente, después de cambios de agenda y solicitudes de indicios respecto del tenor de la charla, el que sonríe con timidez en la pantalla es Alejandro Resnik, una hermosa mañana de sábado que lo encuentra, por primera vez desde que emigró, en su propia casa, en Pinecrest, al sur de Miami. 

Se acomoda un poco el pelo el muchacho de Flores fundador de Belong –una start-up del rubro inmobiliario muy cerca de ser el próximo unicornio– que accedió, siempre mediante becas, al estudio; primero en ORT (la sigla surge de una expresión rusa imposible de transcribir, pero su prestigio es indiscutible) luego en el ITBA (Instituto Tecnológico de Buenos Aires), y finalmente, aunque no con beca completa, en el MIT (Massachusetts Institute of Technology, número uno del mundo en tecnología).

En poco más de una hora de conversación, este chico judío al que su padre le enseñó a programar a los seis años se irá soltando y dejará claro que el mérito es, para él, lo más valioso que una sociedad y sus miembros pueden sostener.

“En California no importa de dónde sos, ni qué idioma hablás, sino qué tan bueno es lo que hacés, cómo generás valor (…) y esa es la única forma de construir una sociedad que progresa. En Argentina la sociedad valora el mérito, pero la economía no, por cómo está estructurada, entonces ves gente que se esfuerza enormemente todos los días y no progresa. Cuando hay desconfianza en el mérito es cuando la sociedad decae para siempre”.

Cuesta percibir, en la oratoria de Resnik, rastros del vocabulario tecnológico; tampoco su enunciación abunda en términos del campo simbólico del management. Habla de sueños, de sus hijas y su esposa, y de que comenzó a emprender por necesidad.

A veces, ensaya las respuestas antes de hilvanarlas.

“Belong significa, para mí, el trabajo de mi vida. No me gustaría venderla, como tampoco pienso en que estamos cerca de valer mil millones de dólares. Yo mido lo que hacemos por el impacto, es decir, a cuántas personas ayudamos, ya sea alquilando o comprando, y qué tanto contribuimos a resolver un problema enorme en el mundo, como la vivienda”. 

Sería ingenuo dejar pasar el tópico. Atemos cabos: un joven descendiente de judíos de Polonia y Ucrania nace y crece en Flores, y detecta tempranamente su talento para la tecnología. Entre los 18 y los 26, fallecido su padre, crea tres empresas que luego vende, hasta que se establece en California, donde funda Belong, o sea, un emprendimiento cuyo nombre significa “pertenecer”.

De allí surgen dos líneas argumentales. Una, que Alejandro es consciente de que “la gran mayoría de los seres humanos no son dueños de su casa” y ese problema se agrava en países como Estados Unidos, donde, por la concentración de capital “hay tres empresas que, en este momento, compran una de cada cuatro casas que salen a la venta”.

Ese desbalance lo preocupa –se le quiebra la voz cuando habla del tema– por haber sufrido en carne propia lo que siente un inquilino. “Mi mujer se mudó cuatro veces de país, y veinte de casa. Yo un poco menos, pero ambos sabemos cómo es no pertenecer a ningún lugar (…) el sistema siempre te recuerda que sos inquilino”.

Pero, asimismo, hay un vínculo más hondo entre Resnik y el sentido de pertenencia “que se construye más cerca de la idea de hogar, en relación con el lugar donde criás a tus hijos, donde querés vivir, tener amigos, familiares…”. 

Sus antepasados, protagonistas de una diáspora reeditada una y mil veces, se habían mudado de aquí a allá antes de que él llegara al mundo, aunque su abuelo nació en Argentina. Y Alejandro no tuvo casa propia hasta este año, “porque prefería seguir experimentando lo que nuestros clientes viven a diario, y poder distinguir cuándo una idea soluciona un problema, para lo cual, tenés que compartir esa realidad”.

Aparece el fantasma de la culpa, otro personaje central en la historia de los hijos de Abraham, pero dejémoslo pasar. Rescatemos que Resnik prefirió ayudar a su mamá, que se mudó de Flores a Caballito cuando Belong dio sus primeros frutos.

“En casa tenemos una regla –refiere acerca de otra de las maneras de cultivar la pertenencia– que es que sólo hablamos en español”. También buscando que las nenas, de tres, seis y ocho, vivan la cultura latina, luego de una década en Palo Alto compraron una casa en Florida, donde, además, mudaron buena parte de las oficinas de Belong, “con la idea de contratar más talento latinoamericano”.

Por cierto, Belong es un invento que conjuga muchas virtudes. “Enfoca constantemente los puntos que el propietario y el inquilino tienen en común, que son muchos más que los otros”. La plataforma permite que, si alguna de las partes prefiere no entrar en contacto con la otra, eso jamás ocurra; y, sin embargo, habilita que transaccionen de la mejor manera posible, con experiencias de interfaz notablemente logradas. 

En cuanto al concepto, le garantiza tranquilidad a quien renta un inmueble, porque cubre gastos y gestiona menesteres; y sólo trabaja con dueños pequeños, es decir, “es una contracorriente a la concentración” que describió Alejandro al inicio de la charla. 

La magia consiste en que el Estado –representado en un oficial de Justicia, por ejemplo– “nunca llegue a intervenir (…) cuando eso pasa es porque se rompió todo, ya no hay acuerdo posible, porque la ley plantea las cosas en términos de conflicto de intereses, y entonces uno gana porque el otro pierde. Para nosotros, ambas partes se juntan para sumar, así que intermediamos para crear valor, gracias a la tecnología”.

No es frecuente que un negocio sea tan rentable, simple y sofisticado a la vez, y esté orientado a resolver un problema crucial para cualquier persona en el mundo. 

Belong se inspira en la idea de servicio, con pinceladas de ONG, aunque su dinámica es capitalista. No es una contradicción. Es la impronta de su fundador, quien está convencido de que es justo que el sistema premie a quien lo merece, sin que los billetes le tapen la vista.

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