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ELOBSERVADOR / julio maria sanguinetti
domingo 25 noviembre, 2018

“En Uruguay, el discurso de Roger Waters sobre los judíos es delito”

PERFIL conversó con el ex presidente uruguayo, quien está a punto de lanzar un libro en el que defiende fervorosamente al estado de Israel. También dice que “se incorporará a la batalla” en las próximas elecciones.

por Pablo Cohen

Político. Sanguinetti afirma que Uruguay tiene una tradición de defensa del pueblo judío e Israel. Foto: NA

En enero de 2019 cumplirá 83 años, pero ninguna de sus facultades mentales ha sido alterada por el paso del tiempo. Políticamente incorrecto como pocas veces, Julio María Sanguinetti Coirolo ha hecho coincidir el 70º aniversario de Israel con el lanzamiento de su nuevo libro, titulado La trinchera de Occidente, donde defiende con vehemencia el rol de “piedra fundacional” que la cultura judía ocupa en el mundo occidental y ataca por igual al antisemitismo y al antisionismo, al que ve como un reverso del primero, tal como escribió en el diario El País: “Aquél niega al ser individual, éste otro desconoce el derecho de un pueblo a gobernarse a sí mismo”.

El calor agobia en Montevideo durante la mañana del miércoles 21, y el por dos veces ex presidente explica a PERFIL la hipótesis en que se basó, con una racionalidad no exenta de pasión. “Me pareció útil documentar una larga prédica y registrar los debates que a lo largo de los años se han ido dando, y las variantes de esos debates”, dice. Y agrega: “Los prejuicios racistas contra Israel y el pueblo judío fueron cambiando de semántica y de concepto. Originalmente eran de derecha, ahora son de izquierda. Antes eran de origen católico, ahora son musulmanes. Antes eran de origen estrictamente nacionalista, y ahora tienen una dimensión universal. Y antes se ubicaban en el antisemitismo, mientras que ahora se ubican en el antisionismo, tratando de desplazar el debate desde el prejuicio étnico hasta el Estado, y deslizarse así a las críticas que inevitablemente puede tener cualquier gobierno. Pero además de este cambio cualitativo en la naturaleza del tema, Israel tiene que pagar un tributo muy fuerte a su propio éxito, porque el pequeño David que en su independencia se enfrentó a cinco Goliats demostró su fortaleza, ha sobrevivido y, al mismo tiempo, ha logrado construir una democracia y una sociedad desarrollada, lo que genera celos, envidias y un fortalecimiento de los prejuicios”.

Según Sanguinetti, esto se agudiza cuando “quienes hoy aparecen en la disputa fronteriza siguen viviendo en la pobreza por la propia ceguera de sus sostenes, frente a un Israel que luce fuerte, aunque siempre se soslaye el hecho de que hace setenta años no nació un Estado, sino dos, y que uno fue negado por el odio al otro”.

Conflicto. Para este escritor e intelectual, el conflicto de Oriente trasciende largamente a la zona geográfica en que se circunscribe. “Y ya que hablamos de la Franja de Gaza, digamos que Israel la devolvió después de haberla conquistado no a una entidad palestina sino a Egipto”, acota. De hecho, sostiene que el fundamentalismo islámico está en una “campaña de rechazo a los valores sustantivos de Occidente” y, por ello, actúa del mismo modo contra Nueva York, París, Madrid o Tel Aviv.

“Lo que esos musulmanes rechazan son nuestros valores, porque consideran que nuestro feminismo es corrupto, que nuestras igualdades ante la ley no son aceptables y que nuestro rechazo a la sharia es herético”, remata.

Contracorriente. Sanguine-tti asegura que una eventual derrota militar de Israel, al que defiende con fiereza, envalentonaría a los grupos terroristas en ciudades estratégicas de Europa. Así, expresa ideas políticamente incorrectas. Aunque afirma que no le preocupa perder seguidores: “Yo nací a la vida política detrás del (ex presidente de la Cámara de Diputados y ex presidente de la República) Luis Batlle Berres, líder de la causa israelí en Uruguay. Así que, más que de votos, éste es un tema de destino y de convicción”.

Si en algo cabe darle la razón es en este último punto, especialmente cuando, consultado por la posición militantemente antiisraelí del mítico Roger Waters, opina: “Waters pertenece a una raza muy particular de artistas que usan su popularidad para oficiar de agitadores políticos, pocas veces con buenas causas, a diferencia, por ejemplo, de Charles Aznavour, líder de la causa armenia. Vestido de rebeldía y de transgresión para ofrecer encanto a sus posiciones, este buen hombre ha repetido un discurso que en muchos países quizás pueda ser un ejercicio negativo de su libertad, pero en Uruguay es delito porque existe una ley que penaliza la discriminación por motivos étnicos o raciales. Y como lo que Waters hace está fuera de nuestra ley, la intendencia de Montevideo hizo muy mal en declararlo Ciudadano Ilustre”.

Respecto a la diferenciación que el británico hace entre el combate paralelo al antisemitismo y al sionismo, Sanguinetti hunde más el cuchillo: “Demuestra cinismo y, al mismo tiempo, juega simbólicamente con aquéllo que es opuesto a lo que proclama, porque el cerdo judío que utiliza en sus conciertos es una de las imágenes más nefastas que instaló el nazismo”.

¿Al barro? La charla avanza e, inevitablemente, se posa en la actualidad política. Una actualidad que, en el histórico Partido Colorado, ha sido sacudida por la irrupción del doctor Ernesto Talvi, un brillante economista de 61 años que ha dejado la tranquilidad de la vida académica en Uruguay y en Estados Unidos para convertirse en el precandidato presidencial que más directamente ha confrontado con Sanguinetti, de quien, ha declarado, “es una certeza” que será precandidato presidencial.

¿Qué sabe Talvi que no sepamos los demás mortales? “Nada”, responde lacónico y pícaro el primer presidente electo de la recobrada democracia oriental.

Y aunque Sanguinetti no se ubica como eventual candidato, cree que volver al ruedo le quitaría más de lo que le agregaría a su currículum. La pregunta es si eso, más allá del prestigio que tiene, no daría por tierra con el argumento que la oposición esgrime cuando acusa al gobernante Frente Amplio de no renovarse generacionalmente.

Batalla. La respuesta, contundente, cierra otra entrevista con el sello de un viejo lobo de mar: “Yo me metí en esta batalla porque, a raíz del alejamiento de Pedro Bordaberry, mi partido había quedado sin liderazgo. Y cuando las encuestas empezaron a mostrar lo que era la ausencia de debate, con un 6% de las preferencias, un grupo de amigos me pidió que me incorporara a la batalla electoral. Alguien que sale en esas condiciones tiene más romanticismo que posibilidades. Entonces, más allá de lo personal, lo que me importa es contribuir a revitalizar al Partido Colorado y trabajar para la llegada de un nuevo gobierno de coalición. Pero para contestar directamente su pregunta, en el año 2000, cuando salí de la presidencia, yo dije que no iba a ser más candidato. Han pasado tres elecciones y pude haberlo sido a los 69, a los 74 y a los 79 años. Así que, si hoy aparezco en el escenario, es ante un vacío e incorporándome a la acción de un partido que estaba en una situación crítica”.

Bolsonaro, entre la incógnita y el mal mayor

Sanguinetti es un veterano analista de la escena internacional, tanto por su experiencia política como periodística. Considerado un centrista en lo político, un socialdemócrata en lo económico y un progresista en asuntos vinculados a la religión –defiende la laicidad a ultranza y se ha manifestado a favor de la despenalización del aborto–, lo que sintió cuando Jair Bolsonaro fue electo presidente no puede pasar desapercibido, pues el uruguayo es, además, amigo de Fernando Henrique Cardoso.

“El triunfo de Bolsonaro no da para festejar, pero la otra opción hubiera significado sacralizar el abuso de poder, el latrocinio de los fondos públicos y la preservación de un Brasil que, lejos de sus liderazgos clásicos, estaba dedicado a jugar al populismo en los márgenes de la política internacional”, declaró Sanguinetti a PERFIL. Y concluyó: “Es cierto que el presidente electo es una incógnita, aunque Brasil tiene una prensa libre y fuerte, una Justicia independiente y un sistema político sumamente estable”.

*Desde Montevideo.


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