miércoles 10 de agosto de 2022
ELOBSERVADOR la ayuda que dio a los israelíes

Evita sionista

Si existen obsesiones “buenas”, Eva Perón “sufría” de una de ellas: ayudar a los más desprotegidos. En Argentina, ese impulso, convertido en acción política, la transformó en el ícono amado y odiado que todos conocemos. Pero también tuvo un capítulo hacia el exterior, con campañas de asistencia humanitaria para, por ejemplo, el recién nacido Estado de Israel. En 1951, Golda Meir llegó a Buenos Aires para “abrazarla” y agradecerle por esas toneladas de comida y de frazadas.

30-07-2022 03:59

Fue una verdadera escena del tipo “dos potencias se saludan”. Pero el 9 de abril de 1951, cuando se entrevistaron en Buenos Aires, Eva Perón ya estaba consolidada como figura histórica y Golda era recién ministra de Trabajo de Israel, el país creado apenas unos años antes, en 1948, como hogar para los judíos del mundo tras el Holocausto.

De la reunión quedaron un par de fotografías que prácticamente son un mito: dan vueltas por internet en color o blanco y negro y en distintas resoluciones, sin crédito para el autor y como parte de las ilustraciones sobre las raras relaciones entre Argentina e Israel. Allí se ve a Golda y Evita frente a frente, sentadas, mirándose a los ojos, con la primera dama argentina elegantísima como siempre y la política israelí que, se nota, había hecho un esfuerzo para intentar estar a la altura de su anfitriona.

España. Eva ya había protagonizado un episodio de “ayuda internacional” de muy alto perfil en 1947, cuando visitó la España todavía aislada tras la derrota del eje fascista en la Segunda Guerra Mundial. El viaje, que la mantuvo dieciocho días en el país controlado por la mano dura de Francisco Franco, todavía sigue despertando polémica en España, adonde muchos piensan que la llegada de Evita apuntaló al dictador.

En junio pasado, cuando se cumplieron setenta y cinco años del arribo de Evita al aeropuerto de Barajas, el diario El Mundo, de Madrid, recordó la fecha señalando la tirantez entre la primera dama argentina y Carmen Polo, la esposa del generalísimo, y la paradoja creada por la visita: la jefa de los descamisados estaba, en efecto, desafiando a Washington y dándole una mano política a Franco, pero también exhibiendo ante el mundo la pobreza que castigaba al país europeo.

“La llegada de Evita al aeropuerto de Barajas el 8 de junio de 1947, a las 20.30, fue apoteósica, pues además de una muchedumbre aleccionada por el régimen, la recibieron en persona el mismísimo Franco con su mujer” y las máximas jerarquías del Ejército, la Iglesia y la falange, describió Consuelo Font en el diario madrileño.

La nación vapuleada por la Guerra Civil ya estaba a esa altura recibiendo a crédito “toneladas de trigo, maíz y productos alimenticios” (a cambio de metales como zinc, plomo, mercurio y maquinaria para motores eléctricos, apunta la crónica) y, al parecer, los españoles lo sabían, ya que le brindaron a la argentina una bienvenida “apoteósica”.

“Fuera de estos oropeles –escribe Font–, la realidad es que su visita a España fue incómoda tanto para Franco y sus adeptos, que abominaban del protagonismo de una mujer y además con ideas tan izquierdosas, como para la propia Evita, al comprobar la falta de democracia, el grado de pobreza de las clases humildes y la situación de los presos políticos”.

El artículo recuerda especialmente el choque que se generó cuando Carmen Polo “insistió en que Evita visitara el Madrid de los Austrias, pero ella se empeñó en desplazarse a los barrios de chabolas”.

Allí, la esposa del general Perón, en típico estilo Evita, “no paró de preguntar a los hombres si tenían trabajo, se interesó por los niños enfermos y repartió dinero a mansalva proclamando que no era limosna sino ‘justicia social’”.

La historia con Israel es muy distinta. Para empezar, Eva nunca se movilizó hasta Tierra Santa. Pero sí vino hasta la Argentina una de las estrellas nacientes del primer Israel, el de los pioneros socialistas, el país gobernado por el austero e idealista (pero también pragmático) David Ben-Gurion.

Para cuando Golda Meir hizo pie en la capital argentina, se supone que ya habían llegado a Israel los primeros barcos con los contenedores repletos de ayuda humanitaria para los habitantes del nuevo país, muchos de los cuales eran sobrevivientes de la Shoá o habían sido expulsados de los países árabes y llegado al país con lo puesto.

Olvídese el lector o la lectora de las imágenes del Israel actual: en 1951, cuando se reunieron Golda y Eva, en el pequeño nuevo país del Medio Oriente mucha gente vivía en chozas y comía lo que podía cuando no estaban a los tiros con los vecinos árabes.

Las fechas de los despachos de la asistencia en –presuntamente– cinco buques tampoco están muy claras. Supuestamente arrancaron en el 1949 y el reconocido historiador israelí Raanan Rein dice que fue “cerca del año 1950”.  

Según el website Israel Económico, entre los pocos registros concretos existen unas fotografías de junio de 1951 que muestran al buque Río Santiago anclado en un puerto israelí y otras donde se ve cómo estibadores locales desembarcan las enormes cajas de madera llegadas desde América del Sur.

“Las cajas –señala el sitio de noticias– llevaban un cartel con la leyenda ‘Envío / Fundación Ayuda Social / María Eva Duarte de Perón / República Argentina’. Y también se leía el nombre del destinatario: ‘Dr. Pablo Manguel / Embajador argentino’”.

Peronismo. Manguel fue el primer embajador del peronismo en Israel, designado en 1949 y un personaje importante en la trama del primer capítulo de las relaciones del gobierno del general con el país medio– oriental y con los argentinos judíos.

Dice Rein que el interés de Perón por la colectividad judía de Argentina (una de las más grandes del mundo) “no se debió a un especial amor a la civilización hebrea, sino a su esfuerzo para quitarse de encima cualquier sospecha de antisemitismo”.

“Pese a lo que se suele pensar”, agrega el historiador, uno de los principales dirigentes de la Universidad de Tel Aviv, Perón “entendía que, para el éxito de su plan de modernización e industrialización, debía acercarse a los Estados Unidos”.

“Y como creía en forma exagerada en la influencia de los judíos en Norteamérica –completa Raanan–, hizo todo lo posible para mejorar su imagen y cultivar buenos vínculos con Israel”.

A su vez, esos lazos cálidos con los “nuevos judíos” de Medio Oriente estaban relacionados con el acercamiento a los “viejos judíos” de la Argentina, a los que el general también buscó conquistar con algunos mimos.

De hecho, Manguel había estado al frente de la Organización Israelita Argentina (OIA), una agrupación judía de muy buenas relaciones con el líder en su primera presidencia y que, curiosamente, se mostraría públicamente en 1973 apoyando la fórmula Perón-Perón.  

“Estamos firmemente convencidos de que, más que una simple opción electoral, la fórmula Perón-Perón es una urgente necesidad nacional porque, de esta manera, se vería concretado el tantas veces postergado anhelo de las mayorías populares de tener a su líder nuevamente en el poder”, decía Marcos Dolinsky Elman, presidente de la OIA, citado en la revista Panorama del 13 de setiembre de 1973.

Tomando en cuenta los archivos oficiales, el presidente se sentía cómodo con los judíos de la OIA. En un discurso a sus dirigentes, en 1950, les recordaba que “en el peronismo es bienvenido todo hombre de buena voluntad” y aquel “que trabaja para la grandeza de la Patria y la felicidad del pueblo”.

Estos coqueteos con la colectividad se registraban mientras en el país vivía, entre otros ex funcionarios nazis, uno de los principales diseñadores de la “solución final” para los judíos que derivó en el asesinato industrial de seis millones de personas durante el Holocausto, Adolf Eichmann.

¿Acaso era Perón nazi o antisemita? A esta altura del partido la pregunta ya debería estar cancelada por estúpida. El general creía firmemente en su idea de la “tercera posición” y, así como hizo la vista gorda ante la llegada de los carniceros nazis (de manera similar a lo que ocurrió en Estados Unidos, aunque en el norte se trató de ex funcionarios más “premium”), también miró con cariño a los judíos del país, en especial si eran peronistas.

(Los judíos argentinos tuvieron siempre una relación complicada con el peronismo, los hubo –y hay– desde gorilas a montoneros. En mi caso, recuerdo con especial cariño cuando encontré en el baúl de los recuerdos familiares el “carné peronista” de mi tío Matías, el “hombre de la casa” en la que crecí. Había llegado a Buenos Aires desde Moisés Ville, una mano atrás, la otra adelante, cuando tenía diez años y su primer trabajo, todavía de niño, fue desplumar pollos en un mercado callejero. Con los años pasó a tener su propio puesto en una feria municipal. No era una persona politizada, pero en la segunda mitad de los 40 estaba claro que el carné era de gran utilidad).

Ayudas. Si bien la conexión de Perón con los judíos se presenta difícil y abierta al debate, lo de Evita con Israel aparece mucho más romántico. A esa mujer de belleza imponente y agresiva le gustaba ayudar a los desharrapados, fueran cabecitas negras argentinos, españoles después de la guerra, judíos viviendo en chozas en Israel o japoneses castigados por las bombas nucleares.

En efecto, en julio de 1952 se discutían en el Congreso detalles del envío de ayuda humanitaria a la alicaída potencia asiática, que trataba de emerger de la humillación recibida a manos de los estadounidenses y enfrentaba una durísima situación económica.

Según los reportes de la época, en el recinto habló la senadora Elvira Rodríguez Leonardi de Rosales, representante de Córdoba y dirigente del Partido Peronista Femenino. “El pueblo japonés, de vida laboriosa y sencilla, proverbial por sus virtudes creadoras y su arte variado y admirablemente expresivo, supo de la ayuda amplia, generosa y cordial de la Fundación Eva Perón cuando recién salido de los horrores de una contienda bélica recibió, junto con el beneficio material, el bálsamo espiritual de la solidaridad argentina”, dijo Elvira durante la sesión.

“Y es que Eva Perón, una sembradora infatigable de amor y de esperanza –siguió la senadora cordobesa–, sabe poner siempre, junto al dolor y a las necesidades de los pueblos, la exquisita sensibilidad de su alma y la ternura inconmensurable de su corazón”.

Rodríguez Leonardi apuntó que, junto a los contenedores de comida y frazadas, similares a los enviados a los israelíes, la Fundación despachó a Japón “una imagen de la Virgen de Luján” para hacer compañía a “los sobrevivientes de Hiroshima” y “un cargamento de mil cerezos”.

La verdad... ¿Cómo resistirse a la exquisita sensibilidad del alma y la ternura inconmensurable del corazón de Evita? En especial cuando uno se encuentra del lado que recibe. Porque durante aquel peronismo estaba bueno ser niño y que el líder te regalara una bicicleta nueva, pero no tan bueno ser el fabricante de las bicicletas que tuvo que aportarlas generosamente.

Influencia. Rein afirma que el corazón de Evita también conquistó a los israelíes. La esposa del general “envió frazadas a los campos de nuevos inmigrantes, donde residían los judíos pobres que llegaban a Israel desde el norte de África, de Oriente Medio o del centro de Europa”, recordó el profesor.

“Hace poco leí en la prensa israelí –escribía hace ya bastante– que en unos hospitales del norte del país aún había algunas de esas frazadas, con el sello de la Fundación”.

“¿El regalo de Eva se mantuvo en secreto o fue un hecho público? –se preguntó–., Salió en la prensa israelí y tuvo un cálido efecto psicológico en la población”, se respondió.

Esa población incluía, por supuesto, a Golda, una mujer ambiciosa que había nacido en Kiev en 1898 (le llevaba varios años a Eva, que era de 1919) y emigrado a la Palestina bajo mandato británico en 1921 para instalarse en un kibutz, en tiempos en que esas granjas colectivas eran solamente para valientes.

Antes de convertirse en 1969 en la primera jefa de gobierno mujer de Israel (y hasta ahora la única), Meir –quien venía del socialismo laborista– se desempeñó como ministra de Trabajo (1949–956). Eso la convertía, de hecho, en colega de Juan Domingo Perón, secretario de Trabajo argentino entre diciembre de 1943 y el inoxidable octubre de 1945.

Los recuentos a retazos de la visita de Meir afirman que en Buenos Aires fue recibida por Perón, pero las fotos la muestran solamente con Eva. Seguramente para Golda eso era suficiente: con ella también tenía muchas cosas en común.

“Evita es considerada una pionera, como Golda Meir, del levantamiento feminista y a pesar de que nunca pudo gobernar, su influencia nunca dejó de tener efecto” en el mundo político, resumió la revista argentina judía Nueva Sión.

“Se sabe que en 1951 Golda Meir viajó a Argentina y Eva insistió mucho para que conociera las actividades de la Fundación”, aseguró el autor de la nota, Darío Brenman. Meir, “quien en ese momento era ministra de Trabajo, creyó que Eva hacía un buen trabajo desde ese lugar” (la Fundación), concluyó.

Unos párrafos autobiográficos de la prócer israelí, reproducidos por Nueva Sión, confirman esa conexión entre las dos mujeres. “Me abracé con Eva Perón por la labor realizada a favor del estado de Israel”, escribió Golda.

“Argentina –destacó Meir– fue uno de los pocos países que brindaron ayuda humanitaria durante la guerra de la independencia” a Israel y “hasta el día de hoy pueden verse en algunos kibutzim muebles, implementos agrícolas, frazadas y sábanas con el sello de la Fundación”.

Con los años, los lazos entre Israel y la Argentina se hicieron más “normales” a medida que el estado judío dejaba de ser el debilucho del vecindario y se iba convirtiendo de a poco, y de la mano de Estados Unidos, en el guapo de la región.

¿Qué pensaría hoy Eva Perón del Israel que es potencia militar y tecnológica y lastimosamente controla el destino de otro pueblo (los palestinos no israelíes)? Es muy posible que, si Evita viviera, estaría mandando los contenedores de ayuda humanitaria a Ramallah y no a Tel Aviv o Haifa. Pero no se puede descartar que la electricidad entre esas dos grandes mujeres superaría las diferencias para acercarlas, una vez más. Porque eso es lo que pasa cuando dos potencias se saludan.

*Ex corresponsal en Washington y en Israel. Escribe sobre temas de Estados Unidos, Medio Oriente y tendencias.