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sábado 27 abril, 2019

La defensa de la democracia en la era digital necesita a los jóvenes

La disrupción de novedades tecnológicas ha transformado la forma en la que nos relacionamos, planteando dilemas y opciones inéditas en la historia de la humanidad.

por Eduardo Duhalde

Clima. Francisco, que aquí recibe a la niña sueca Greta Thunberg, que inspira las protestas contra el cambio climático, marca el camino. Foto: cedoc
sábado 27 abril, 2019

Recientemente fui invitado a participar en el IX Foro de la Democracia Latinoamericana, en México, que en esta oportunidad tuvo como eje rector los Desafíos de la Política y la Democracia en la Era Digital.

Fue una excelente oportunidad para conocer las opiniones de especialistas de América Latina y el mundo, en un tema que sin dudas es crucial para la salud del sistema democrático y la gobernanza futura.

La disrupción de novedades tecnológicas que han introducido una enorme transformación en la manera en la que los seres humanos nos relacionamos entre nosotros y con el mundo nos pone frente a dilemas y opciones inéditos en la historia de la humanidad.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial y cada vez con más intensidad hasta nuestros días, lo material se ha posicionado como eje de nuestras vidas, desplazando y distorsionando los valores que han regido la convivencia de la humanidad desde hace siglos.

Temas como las fake news, la utilización de robots para manejar mensajes y conversaciones y de algoritmos para segmentar los públicos fueron los dominantes a lo largo de los dos días de exposiciones. Casi todos los participantes enfatizaban en la falta de interés de los ciudadanos en general y los jóvenes en particular por la política.

Jóvenes. Cuando me llegó el turno de exponer, dejé en claro que mi visión es distinta. Desde mi punto de vista, los jóvenes están intensamente interesados en las cuestiones públicas. Allí están para demostrarlo, por ejemplo, los movimientos veganos que, más allá de algunas discutibles metodologías, arriesgan su libertad detrás de un ideario absolutamente espiritual como es la defensa de los derechos de los animales, y logran el apoyo de multitudes en el mundo. Los movimientos ecológicos y su prédica por el cuidado de la Tierra. La lucha de las mujeres por lograr una igualdad de derechos siempre declamada, pero nunca cumplida. En todos esos campos, la presencia de los jóvenes es masiva.

Y conté que se hizo hace poco una experiencia en algunas escuelas secundarias de Buenos Aires en las que se propuso a los alumnos discutir política durante seis meses, con formatos y metodologías distintas, para el trabajo en el área de Educación Cívica. Los alumnos investigaron temas de interés comunitario, los discutieron y elaboraron. Los profesores quedaron sorprendidos no solo por la riqueza de los resultados finales, sino por los niveles de pasión, participación y conocimiento que se pusieron en juego. Esto demuestra que uno de los problemas que tenemos es que estamos hablándole a los jóvenes en formatos antiguos. Nuestras democracias atrasan. Así lo demuestran las experiencias que se han hecho con partidos digitales, como el Cinco Estrellas de Italia, en el que las propuestas de acción y participación les llegan a los jóvenes a través de las redes y con formatos que hablan su idioma.

Viejos. Como alguna vez dije, uno de los problemas de la política es que tenemos partidos viejos, de viejos y para viejos. ¿Pretendemos que un joven vaya hasta un local partidario, busque un formulario impreso, lo llene con letra de imprenta usando un bolígrafo y luego lo entregue junto con una fotografía? Estamos locos.

Queremos que los jóvenes se interesen por la política, pero no nos interesamos por saber cuál es su forma de participar.

Para agravar el problema, para los políticos de mi generación el pasado es una zona de confort. Nos movemos como pez en el agua discutiendo lo que pasó, ni al pobre Colón perdonamos. Y a los jóvenes les interesa fundamentalmente lo que está pasando y, sobre todo, lo que va a pasar. Después de todo, el futuro va a ser el lugar donde transcurrirá el resto de sus vidas. Por eso, yo creo que lo sensato es ocuparse un 10% del pasado, un 40% del presente y un 50% del futuro.

Partidos digitalizados. Hay, entonces, una primera tarea a cumplir: los partidos deben actualizarse, digitalizarse, si pretenden seguir siendo representativos. Los padrones, las afiliaciones, los programas de gobierno, todo debe ser digital y estar a disposición de todos. Y el principal tema del que ocuparnos debe ser el porvenir. ¿Eso anula el contacto entre los seres humanos? De ninguna manera. La segunda fase de esta modernización debe ser el fortalecimiento de las redes humanas de contención. Las redes sociales deben ser herramientas para fortalecer la formación de redes humanas, que pongan en contacto a la gente entre sí para resolver problemas comunes.

El segundo punto que abordé en mi intervención fue el de los formatos de gobierno que exigen las democracias representativas de nuestros países, hoy.

Un rápido repaso al panorama gubernamental mundial muestra que, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los países europeos, que es donde mejor funciona este sistema (por ejemplo, Alemania, Holanda, Bélgica, Austria, Suecia, Noruega y Dinamarca) han sido gobernados por coaliciones, y eso les ha permitido alcanzar altos estándares de calidad institucional y una notable mejora en la calidad de la convivencia de sus ciudadanos.

Creo que, en las actuales circunstancias, en las que las herramientas tecnológicas parecen conspirar para entorpecer el funcionamiento de las instituciones democráticas, una solución válida es la formación de coaliciones de gobierno.

¿Por qué? Porque por un lado, la necesidad de crear mayorías parlamentarias sitúa al Parlamento en el centro de la actividad política y otorga una importancia capital al diálogo, lo que da paso al coprotagonismo de las fuerzas minoritarias. Y por otro, negociar la formación de gobiernos de coalición obliga a definir públicamente los objetivos partidistas y a buscar los puntos en común que posibiliten los acuerdos, y esa actitud de la clase política influye en la consolidación de una opinión pública favorable al respeto por la diversidad, la tolerancia, la solidaridad, la integración y la confianza.

Y apoyo esta opinión movido por dos experiencias fundamentales que tuve a lo largo de mi vida. La primera fue al ser elegido gobernador de la Provincia de Buenos Aires en 1991; la segunda fue en 2002 cuando me hice cargo de la Presidencia de la Nación, en los momentos más difíciles que vivió la Argentina a lo largo de toda su historia contemporánea.

En esas dos oportunidades, formé gobiernos de coalición con la otra fuerza mayoritaria que era el radicalismo, con cuyo líder, el Dr. Raúl Alfonsín, compartíamos una misma visión de la gobernanza.

Y las dos fueron experiencias exitosas, no porque no hayan tenido que atravesar momentos dramáticos, sino porque se logró atravesarlos sin poner en cuestionamiento el sistema en su conjunto.

En la actualidad, la necesidad de arribar a gobiernos de coalición me parece todavía más urgente.

Pensar que un solo partido, porque haya juntado una mayoría de votos, puede gobernar el panorama abigarrado y caótico que son las democracias hoy es sencillamente absurdo.

La experiencia de los últimos cincuenta años nos enseña que una de las grandes riquezas de las democracias es la diversidad. Y que la esencia de las democracias es respetar esa diversidad. Debemos entonces generar formatos de gobierno que aspiren a reflejar esa diversidad hasta el máximo posible.

Debemos, como dice el papa Francisco, abandonar la idea de que se gobierna la realidad construyendo muros, y aprender a construir puentes. Puentes físicos que unan territorios físicos, que comuniquen comunidades que de otra manera permanecerían aisladas. Y también puentes espirituales, de hermandad, de solidaridad, de compasión. Puentes que incluyan a los que de otra manera quedarían excluidos, como si fueran seres de otra categoría: los descartables.

Solo así podemos tener alguna posibilidad de éxito para solucionar los complicados problemas que deberán enfrentar las generaciones venideras.

* Ex presidente de la Nación.


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