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ELOBSERVADOR / diana Wassner de malamud
sábado 18 enero, 2020

"La muerte de Nisman me genera más bronca que tristeza"

La referente de Memoria Activa, que dio su testimonio en la serie de Netflix, analiza qué representa el documental sobre el fiscal para los familiares de las víctimas del atentado.

Flor Beniaminovich

Atentado. El 18 de julio de 1994 cambió la vida de muchas personas. Una explosión y el principio de una lucha por la verdad que aún continúa, contra viento y marea. Foto: cedoc
sábado 18 enero, 2020

“Escuché la explosión desde mi casa. Yo vivía a unas veinte cuadras de la AMIA. La escuché tan fuerte, tan fuerte, que salí al balcón para ver si había pasado algo en la manzana de mi casa. Tuve la sensación de que algo pasaba. Después el teléfono comenzó a sonar y todo el mundo preguntaba por Andrés”. Con estas palabras comienza el testimonio de Diana Wassner de Malamud en la serie documental Nisman. El fiscal, la presidenta y el espía. Así, la referente de Memoria Activa, una asociación civil que lucha por el esclarecimiento del atentado a la AMIA, recuerda el día que su marido, Andrés Gustavo Malamud, un arquitecto a cargo de las obras de refacción del edificio, murió víctima del mayor ataque terrorista de la historia argentina, que tuvo lugar el 18 de julio de 1994. El atentado, que se llevó la vida de 85 personas y dejó centenares de heridos, continúa impune.

Aberrante. Tampoco hay certezas sobre la muerte del fiscal Alberto Nisman, quien investigaba el atentado. A cinco años, el documental vuelve a traer al centro de la escena los enigmas sobre lo que pasó.

“Es aberrante no saber hoy, a dos años, si se suicidó o lo mataron”, señala Wassner en la serie, que se filmó a principios de 2017.

Una vez que se estrenó, Wassner miró el documental sola. Vio tres capítulos en un día y otros tres al día siguiente. Después, eligió algunas partes para ver de nuevo.

—¿Cuál fue tu impresión después de ver el documental completo?

—Me parece que es muy bueno. Está muy bien hecho. Se hizo una muy buena investigación. También, creo que ayuda a poner el tema en agenda y muestra claramente lo que venimos denunciando desde Memoria Activa, desde hace 25 años: la absoluta impunidad que gira alrededor de la causa AMIA. Más allá de la figura de Alberto Nisman, en particular, creo que lo que se muestra crudamente es el tema de la AMIA.

—¿Qué apreciaciones recibiste del documental?

—Recibí comentarios desde distintos puntos de vista, en las redes sociales, en el trabajo, en la calle, en todos lados. Me sorprendió mucho. Participé en un montón de documentales y entrevistas en estos años, pero no me imaginé que este iba a tener una llegada diferente. En general, recibí muestras de afecto.

—¿En qué se diferencia de otros documentales sobre el tema?

—En primer lugar, por la calidad de lo que se hizo. Fue una superproducción. Además, consiguieron testimonios muy interesantes. No debe haber sido sencillo coordinar con algunos de ellos. Se ve mucho trabajo en el guion y en la producción. La fotografía es preciosa. Es un policial muy bien hecho.

—¿Cómo fueron los encuentros con el equipo que armó el documental?

—Me contactaron a principios de 2017 y me dijeron que estaban en Buenos Aires para filmar el documental. Me encontré con el director, Justin Webster, y el equipo de producción. Me contaron esencialmente que iba a ser sobre la muerte de Nisman y que querían mi testimonio. Luego, me entrevistaron. En julio de 2018 volvieron a viajar a Buenos Aires. Me filmaron en el acto del aniversario número 24 del atentado a la AMIA. La escena con mi discurso aparece en el último capítulo.

—¿Te sorprendió alguna imagen o información del documental que no conocías?

—Me parecieron muy interesantes los testimonios de Ross Newland, de la CIA, y de James Bernazzani, del FBI. Cuentan lo que uno ya sabía, pero dicho por ellos, me pareció fuerte. Hace que uno dude de todo lo que hay en la causa Amia. (N de R: Newland dice que no hay pruebas contra Irán en la investigación del atentado y que la investigación fue muy mala. Bernazzani asegura que las autoridades argentinas tenían una conclusión antes de investigar y la querían hacer encajar).

—¿Qué sentís cada vez que volvés a contar cómo viviste el 18 de julio de 1994?

—Es algo con lo que uno vive esencialmente. No puedo decir que lo revivo porque es difícil volver a sentir lo que sentí aquel día. Mi vida ha estado absolutamente marcada a partir de ese momento y todo cambió a partir de ese instante. El atentado atravesó mi vida y la de mis hijas. Es un antes y un después, en todas las cosas.

—En el documental decís que desde el primer momento tuviste la sensación de que el atentado no se iba a esclarecer y que enseguida empezó a haber cosas confusas. ¿Cuál fue la primera pauta que te dio esa sensación?

—Vivimos en un país donde la Justicia siempre ha estado cautiva de vaivenes políticos. Ya había habido un atentado dos años antes, el cual está en foja cero, ni siquiera foja uno. De ese, tampoco se sabe absolutamente nada. Si del atentado a la Embajada de Israel en 1992 nunca se supo nada, ¿por qué habrían de esclarecer uno similar que ocurrió dos años después? No había ninguna razón. Además, uno era consciente de lo que era el gobierno menemista de ese momento. Lo único que faltaba que dijeran en la causa era que vinieron extraterrestres, pusieron una bomba y volaron un edificio. La causa no tiene nada. Nos han mentido desde el día uno. No era difícil darse cuenta de esto.

—Otro punto que mencionás en el documental es que el antisemitismo está en las raíces en Argentina. ¿Dónde lo ves particularmente?

—Lo que planteo es que este fue un atentado netamente antisemita y parte de la sociedad en ese momento actuó en consonancia. Los medios de comunicación, por ejemplo. Se escuchaba “murieron judíos e inocentes”. Eso es una clara sintomatología de un antisemitismo muy arraigado. Además, Menem, en su momento, dio las condolencias al primer ministro israelí. Cómo si a los ciudadanos argentinos, por ser judíos, los convertía en israelíes.

—Mencionás en el documental que a Nisman lo conociste en el juzgado cuando empezó a colaborar. También decías que el trato con ustedes tuvo fluctuaciones. ¿Cómo las explicarías?

—La relación con Nisman era complicada porque fluctuaba mucho. Tenía estados de manía, donde nos llamaba y nos contaba grandes descubrimientos que había hecho, que nunca terminaban siendo tales. Un ejemplo es el caso del suicida Ibrahim Berro. Nisman estaba convencido de que Berro pertenecía a la organización islamista libanesa. En otras épocas, se lo veía enojado y después no lo encontrábamos nunca porque siempre estaba de viaje. Nosotros fuimos siempre críticos de su gestión. Lo hemos denunciado formalmente para que lo separaran del cargo. Siempre pienso a la distancia, con el diario del día siguiente, que a lo mejor le habrían hecho un favor si lo hubieran sacado del cargo, ¿no?

—¿Qué significa para vos un nuevo aniversario de la muerte de Nisman?

—Me da tristeza la muerte de Nisman, por supuesto, pero fundamentalmente me da muchísima bronca. Sobre todo por el uso  político que se le ha dado a su muerte. Lo que me parece es que lo usaron de un modo grosero para golpear al gobierno kirchnerista.

—¿Hoy cómo ves la causa AMIA?

—No creo que la causa AMIA se esclarezca. No me imagino que después de 26 años sepamos quiénes, cómo y por qué volaron la AMIA. Es muy difícil y utópico. Durante los últimos cuatro años, la causa estuvo complicada porque algunas personas del gobierno, como el ex ministro de Justicia Germán Garavano, apoyaron a los encubridores, los fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia. Yo estaría muy satisfecha y contenta si la Cámara de Casación revé las bajas condenas y las absoluciones que ha dado el Tribunal Oral Federal Número 2, en el Juicio por encubrimiento. Ellos son responsables de que hoy en la causa AMIA estemos sin verdad y sin justicia. Ojalá que esto se pueda rever. Mi único interés es buscar justicia.


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