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Rumbo a las “midterms”

Trump enfrenta su peor pesadilla: la irrelevancia

Llegó a la Casa Blanca criticando la debilidad de Joe Biden y diciendo que Estados Unidos necesitaba un hombre fuerte que recuperara la imagen del país. Pero ahora el presidente frágil y endeble que perjudica el avance de la nación es él.

Tres momentos resumen bien la situación actual de la política estadounidense. El primero: María Elvira Salazar, congresista republicana por Florida, lanza un spot en el que advierte a Donald Trump de que su política migratoria ha ido demasiado lejos.

El segundo: Mike Rogers, candidato del mismo partido al Senado por Michigan, dice que la guerra de aranceles con Canadá tiene que acabar. El tercero: Greg Abbott, el gobernador conservador de Texas que se encuentra en medio de una reñida contienda por la reelección, anuncia que no podrá ir a un acto del presidente en San Antonio, una de las ciudades más importantes de su estado, por conflictos de agenda.

Parece que Trump se convierte en un problema para el Partido Republicano. El mismo partido que hasta hace seis meses dominaba de arriba abajo imponiendo candidatos en primarias y chantajeando a los cargos electos con aupar a precandidatos que les disputaran sus posiciones de poder en procesos internos. Ahora, la mayoría de los aspirantes se alejan de la figura del presidente y, como en el caso de Salazar, incluso le cuestionan de manera abierta y directa. Todo por una misma razón: tratar de mantener las opciones de triunfo en las midterms del próximo 3 de noviembre.

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Según datos del Wesleyan Media Project, de los anuncios de campaña que los candidatos republicanos a congresistas y senadores han publicado desde inicios de septiembre, solo en el 25% se menciona al presidente. El porcentaje representa una caída enorme respecto al periodo inmediatamente anterior: entre enero de 2025 y el 14 de junio de 2026, en más del 70% de los spots se hacía referencia explícita a Trump.

Y no solo los candidatos han dejado de hablar de él. También los influencers y podcasters conservadores, que fueron una piedra angular de su victoria en las presidenciales de 2024, están marcando distancia. Un reportaje del Wall Street Journal revisó los contenidos de 70.000 horas de transmisiones en streaming y encontró que en menos del 15% de sus horas de actividad fue mencionado el presidente, una caída de casi el 70% con respecto al pico de menciones que se dio el día de las últimas elecciones presidenciales.

La caída de Trump comenzó hace algo más de un año cuando la guerra arancelaria mantuvo la inflación en niveles relativamente altos. Primer golpe para unos ciudadanos que le habían elegido justamente para que redujera los precios. Pero el golpe definitivo vino en febrero, cuando inició un conflicto sin final con Irán. Este tema ha sido especialmente erosionante para su imagen por tres razones. La primera: incumplió expresamente su promesa de no iniciar guerras innecesarias. Segunda, ha provocado una subida directa de los precios de los combustibles, que ya se acercan al récord de precios de 2022. Y tercera, ha fagocitado su imagen de fortaleza y poder. Trump llegó a la Casa Blanca criticando la debilidad de Joe Biden y diciendo que Estados Unidos necesitaba un hombre fuerte que recuperara la imagen del país. Pero ahora el presidente frágil y endeble que perjudica el avance de la nación es él.

La situación de Trump es tan delicada que sus índices de aprobación ya son peores que los de Biden en el momento en el que renunció a la candidatura demócrata en 2024, según el promedio de encuestas de Real Clear Politics. Incluso los hombres, que siempre han sido su principal base electoral, han empezado a abandonarle. Solo un 42,7% aprueba su gestión según YouGov, una caída de casi 14 puntos desde que asumió su segundo mandato en 2025.

Lo único que puede salvar a Trump en las midterms es que el mapa electoral del Senado es especialmente difícil este año para los demócratas. Están en juego muchos escaños progresistas y, para recuperar la mayoría, tendrían que ganar en territorios muy reñidos que en los últimos años se han vuelto más conservadores. Pero la impopularidad de Trump es tan grande que estados que no deberían ser ganables por sus rivales parecen hoy posibles.

Kansas, que no ha elegido un senador demócrata desde 1932, tiene una contienda sumamente reñida en la que el republicano apenas está ganando por 0,2 puntos según el promedio de encuestas. En Iowa, donde Trump ganó en 2024 por 13 puntos, actualmente, el candidato demócrata está levemente por delante en los sondeos. Y lo mismo está ocurriendo en Texas, Alaska y Ohio.

Desde que volvió a la presidencia, una de las prioridades de Trump ha sido construir su legado. Quiere ser el presidente que reformó la Casa Blanca, el que cambió el nombre de lagos y mares para honrar a su país, el que puso su nombre a edificios y teatros e, incluso, el que logró anexar nuevos territorios (aunque en este apartado ya fracasó con Groenlandia). Busca a toda costa preservar su memoria.

Sin embargo, hoy sus partidarios se alejan de su figura para evitar que los perjudique, e incluso la oposición ya no habla tanto de él por la gran fatiga que genera en el electorado. Si se consuma en las midterms la gran derrota que vaticinan hoy las encuestas, quedará perdido para los siguientes dos años y recibirá el castigo que más ha temido siempre: la irrelevancia.

*Asesor de comunicación. www.gutierrez-rubi.es