ELOBSERVADOR
En honor al Dr. Rodolfo Rivarola

Un poco de historia

Esta calle singular de poco más de cien metros reúne arquitectura y tradición en el mismo lugar que, semana tras semana, se dan cita decenas de turistas.

En el barrio de San Nicolás de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se encuentra la que es, probablemente, la única calle espejo del país.

Con un diseño simétrico a un lado y al otro de la vereda, el Pasaje Rivarola tiene ocho edificios idénticos, cuatro de cada lado, de cinco pisos cada uno. Y en las cuatro esquinas, las cúpulas con miradores terminan de darle el toque tan francés.

La planta baja está destinada a los locales comerciales además de funcionar como entrada para los residentes.

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De apenas una cuadra, une las calles Bartolomé Mitre y Tte. Gral. Juan Domingo Perón. Su construcción comenzó en 1924, propiedad de la Compañía de Seguros “La Rural”. Dos años después, se terminó el proyecto destinado a propiedades de alquiler de la empresa. Cuando en 1948 se reglamentó la Ley de Propiedad Horizontal, los habitantes de las viviendas pudieron comprarlas.

La calle lleva el nombre de Rodolfo Rivarola (1857-1942), en memoria del abogado, profesor, catedrático, filósofo y juez.

En 1957 se estableció el cambio de nombre de Pasaje La Rural al del doctor Rodolfo Rivarola.

Sobre él, escribió el historiador Enrique de Gandía (1906–2000):

“Había sido masón, como Mitre, Sarmiento y tantos próceres de nuestra patria. No era anticatólico, sino deísta y respetuoso de todas las religiones. Sus ideas políticas eran conservadoras y, al mismo tiempo, liberales, es decir, partidario del dogma de la Libertad. Podía considerársele un constitucionalista sutil y erudito. Su figura sorprendía. Corta estatura. La cabeza y los bigotes blancos. Daba la impresión de no haber sido nunca joven. Su vejez era adusta y bondadosa. Encerraba talento, autoridad y afecto. Mente lúcida, brillante. No vacilaba. Encontraba la clave en las inquietudes y en los aparentes misterios, memoria límpida, ademanes rápidos, redacción clara, luminosa, y palabras firmes, exactas, sin florilegios ni ambigüedades”.

El pasaje convive, a pocas cuadras en la zona, con otras maravillas arquitectónicas de la ciudad, como el Palacio Barolo (construido entre 1919 y 1923, cerca de la misma fecha que el Pasaje) y el Congreso de la Nación.