viernes 01 de julio de 2022
ESPECTACULOS Teatro - Come From Away

La solidaridad arriba y abajo del escenario

Carla Calabrese, Melania Lenoir y Edgardo Moreira, crucials en este musical éxito en Broadway, relatan cómo es construir un musical en el marco de una escenografía sustentable y con un elenco numeroso.

05-06-2022 01:09

Es ésta una historia de resistencia. La comedia musical Come From Away. Un mundo sin fronteras se iba a estrenar en marzo del 2020. Frenada por los cierres de los teatros, la producción mantuvo su palabra y al numeroso elenco. Finalmente desde el 4 de junio se puede ver uno de los éxitos de Broadway en Buenos Aires, basado en hechos reales. Sus autores canadienses investigaron sobre la actitud de los habitantes de Gander, único aeropuerto más cercano a los Estados Unidos que pudo recibir a los aviones que llegaban temiendo otro atentado en aquel diciembre del 2001. 

Son quince actores en escena, más ocho músicos, quienes revivirán estas escenas, de viernes a domingo en el teatro Maipo. Tres de sus protagonistas cuentan cómo fue y cuáles son las características de esta gran apuesta. La adaptadora, directora e intérprete Carla Calabrese asegura y anticipa: “Creo que nos hace falta en estos momentos una historia que sea de verdad y positiva, no solo escuchar malas noticias. Muestra lo bueno de crear burbujas de solidaridad y que eso nos salvará”. 

—¿Qué te lleva a producir y dirigir espectáculos como “Shrek el musical” (2015), “El curioso incidente del perro a medianoche” (2019) y ahora “Come From Away”?

CARLA CALABRESE: No puedo elegir una obra que no tenga profundidad. Tienen que tener un contenido movilizante, ya que es muy complejo producirlos. Busco que tengan algo que decir. Justamente ésta tiene un contenido muy necesario en ese momento (2018) y sigue siéndolo ahora, porque el mundo no está bien. Todo es muy terrible, porque después de la pandemia vino la guerra. Este espectáculo propone todo lo bueno que puede ser el ser humano. En los medios se ven muchas desgracias y necesitamos ver el otro lado y dar esperanza.

—En este caso la puesta que veremos ¿será igual a la de Broadway? Allí eran doce actores y aquí quince.

C: Decidí no hacer una réplica, pero terminó quedando muy parecida. Ellos te ofrecen una “biblia artística” y pagando sólo el 1% de los derechos te autorizan a replicar muchos aspectos de la coreografía y escenografía. Aunque le pusimos algunos toques nuestros quedó semejante a la de los Estados Unidos. Se verán variaciones en el vestuario, pero tiene la misma música y todos los textos están en castellano. La escenografía de Tadeo Jones es íntegramente sustentable, con material reciclable, algo infrecuente. Mi decisión fue que los swings no esperen en los camarines o en sus casas, sino que estén sobre el escenario. En Broadway también los tienen pero no los suben, si no es necesario. Siento que al estar todos los días se involucran y si se necesita un reemplazo ya están ahí. Aquí es posible porque todos los actores hacen dos o más personajes.

Carla Calabrese: “Las composiciones tienen influencia de lo celta”

—Dicen que forma parte de los “nuevos musicales de Broadway”: ¿a qué se debe?

C: Es muy distinto porque es una mezcla de obras de teatro y musical. Hay textos y los personajes cantan cuando deben mostrar su mundo interior, pero amalgamado en la historia. Es corta, ya que dura una hora cuarenta, sin pausa y eso es infrecuente en los musicales, que suelen ser muy largos. Además por primera vez fue nominado a los Premios Grammy. Sus composiciones tienen influencia celta y los ocho músicos que están sobre el escenario tocan más de un instrumento. 

—¿Por qué además de producir, adaptar y dirigir, también actúas?

C: (Se ríe) Vine muy desesperada de dos años de pandemia, quería hacer todo. Ya estoy pensando no sólo en reponer en las vacaciones de invierno El curioso incidente del perro… sino también comprar otra obra para estrenarla. No estuve feliz de no poder trabajar. Aquí interpreto dos papeles, hago la periodista y la azafata, justo en estos dos años trabajé de eso en la ONG (Solidaire) ayudando a refugiados. A los veinticuatro años volé en Lapa mientras estudiaba teatro y ahí conocí a Enrique (N. del Editor: Piñeyro, su marido). Durante la pandemia, junto a Melania (Lenoir) hicimos el curso de comisario de abordo aquí y rendimos en Londres. 

—¿Qué personajes interpretan ustedes en el musical?

EDGARDO MOREIRA: Además de hacer del intendente de Gander, Claude, también encarno a un pasajero tejano, más a un judío escapado de los nazi. Es la primera vez que hago esta multiplicidad de papeles en la misma obra. 

MELANIA LENOIR: Esta obra tiene como característica que todos los actores encarnamos más de un papel. Hacemos personas de Gander y otro de los que llegan hasta allí. Encarno a Beverly Bass, una de las primeras mujeres pilotos en líneas comerciales y además hago de Anette, una habitante de la ciudad que recibe y prepara el lugar para tanta gente que llega ahí.

Melania Lenoir: “Todos los actores encarnamos más de un papel” 

—¿Qué los decide para aceptar un proyecto?

L: Amo el teatro de texto, es mi primer amor. Un poco por azar me llegaron los musicales. Este es un espectáculo necesario, antes y después de la pandemia. Creo que nos toca otras fibras. Venimos de vivir situaciones extremas, todos debemos remar hacia adelante y juntos. Los personajes que se ven en la obra son todos reales, seguro que habrá alguien en quien identificarse o reflejarse. 

M: Me presenté a un casting. Estaba estudiando canto con mi profesor, Sebastián Mazzoni, porque había tomado la determinación de volver a conectarme con la música. Fue él quien me avisó que se estaban tomando las pruebas para el elenco de Come From Away. Me conecté con la producción, me dieron una escena y una canción para que preparara, a la que sumé otra. Di mi examen en el Maipo, ahí me enteré de qué iba la obra. Me fui para hacer las combinaciones de subtes y mientras esperaba me llamaron para avisarme que había quedado. Me siento muy feliz que haya sido de esta manera. Creo en este tipo de pruebas, me parece que los actores debemos hacerlo. Te preparás, te impulsa a estudiar y te obliga a no dormirte. Además le da a los directores y productores el poder elegir. 

—¿Cómo fue entrar en este mundo de los musicales? 

M: En 1978 hice la primera versión de Aquí no podemos hacerlo y mucho después Rosaluz, adaptación de El príncipe feliz de Oscar Wilde en la década del ochenta. Ninguna puede ser comparable a este mecanismo de relojería. Ensayamos siete horas diarias de lunes a sábados. Hacemos dos pasadas diarias. La partitura hace que todo sea matemático. Esta ficción sostiene unos valores, que a su vez tienen un correlato en simultáneo con lo que la misma gente hace en la realidad, porque están llevando a los refugiados que quieren salir de Ucrania en el avión de Enrique (marido de Carla Calabrese) y esto es único. Desde el punto de vista humano, la solidaridad está no sólo en el espectáculo, sino que es la misma escala de valores fuera del teatro. No hay que imaginar nada: la estamos palpando.

De la realidad al escenario

El 11 de septiembre del 2001 no se olvida. En el mismo momento de los atentados, el tráfico aéreo se transformaba en un caos, ya que los Estados Unidos automáticamente cerró sus fronteras. El musical Come From Away está basado en los hechos reales que vivieron los nueve mil habitantes de Gander, que queda en la isla de Terranova, en Canadá. Allí debieron aterrizar de emergencia treinta y ocho aviones con sus tripulantes y pasajeros, en total siete mil personas, que necesitaban refugio durante tres días. Fue el periodista Jim DeFede quien escribió The Day the Word Came to Town que impulsó a los dos guionistas a seguir investigando y crear este espectáculo. Llegará para el estreno de prensa uno de los autores: David Hein. Subraya Carla Calabrese: “Será la primera vez que venga un creador de las comedias musicales que hice. Siempre cuando comprás los derechos firmás una cláusula donde te comprometés a invitar por tres días a los hacedores, pero ninguno antes me había pedido venir. Me hace mucha ilusión que la vea”.

Tanto Melania Lenoir como Edgardo Moreira tienen otros proyectos y algunos ya los iniciaron. Mientras ella integra los lunes en el teatro El Picadero otro espectáculo musical Forever Young, él se prepara para filmar desde fines de junio la película Luces azules de Lucas Santa Ana y aún no sabe cuándo volverá con El fixer.

“En los Estados Unidos la entrada para ver esta comedia musical sale más de treinta mil pesos y aquí la más cara será de tres mil quinientos. Tendrá la misma calidad que la del exterior”, afirma Lenoir.