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ESPECTACULOS / Entrevista
viernes 5 octubre, 2018

Arturo Puig: “Me gustaría gestionar un buen teatro”

El actor, que brilla en la versión teatral de El vestidor, confiesa que la suya es una profesión que implica sufrimiento y que le duelen las críticas.

por Ana Seoane

Laburante. Puig reconoce que muchas veces aceptó trabajos por necesidad económica. Foto: Piemonte

Para algunos todavía sigue siendo Grande pa… aunque ya pasó bastante tiempo desde ese gran éxito de Arturo Puig. No solo fue demostrando su capacidad interpretativa como actor, sino que desde 2013 se transformó también en director casi especializado en comedias. Desde Le Prenom hasta Sugar, aunque también dirigió Lluvia de plata, Piel de Judas y El quilombero. Hoy integra el elenco de El vestidor, y su papel, que da título a la obra, genera un excelente duelo interpretativo junto a Jorge Marrale. Desde el camarín del teatro La Plaza va respondiendo una a una las preguntas y anticipa una nueva comedia musical.

“Me convocaron para dirigir Hello Dolly. A mí me trae muchos recuerdos, porque integré el elenco que la estrenó por primera vez en Argentina en 1967. Fue en el teatro Odeón –hoy destruido– y estaban Libertad Lamarque, Luis Medina Castro, Tincho Zabala, Osvaldo Terranova, Mabel Manzotti, Doris del Valle y yo, entre muchísimos más. Nos dirigió Daniel Tinayre. Lo que aún no se sabe es quién hará el protagónico. Sé que los productores hablaron con Natalia Oreiro, pero aún no contestó. Victorio D’Alessandro reemplazará a Nicolás Cabré en Sugar, vamos a hacer temporada a Mar del Plata, más precisamente debutaremos el 21 de diciembre en el Neptuno”.

—¿Estás en una etapa de riesgo? Después de ser galán asumiste papeles de homosexuales tanto en el teatro como en la televisión…

—Ese papel en Solamente vos, donde hacía de padre de Adrián (Suar), fue muy simpático pero aquí en esta misma sala en La Plaza hice la vida de Alan Turing, el inventor de la computadora, a quien en Inglaterra lo obligaron a suicidarse por su elección sexual. También hice otros personajes complicados, como el de ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, El precio o Panorama desde el puente.

—¿Sufriste alguna vez por la profesión?

—Sí, esta es una profesión de sufrimiento. La mayoría cree que somos actores por ego o vanidad, no es así, buscamos ser queridos. Por más que uno haya tenido una infancia feliz, falta un poco más de cariño. Por eso las críticas duelen, son hacia uno mismo. Si fabricara una copa y me la criticaran, es un objeto. Mientras que uno pone el cuerpo y los sentimientos, construimos con nuestra propia materia prima. Además sumamos lo que observamos y lo trasladamos a nosotros mismos. También son muy duros los períodos en que no te llaman para trabajar.

—¿Qué es lo que no harías?

—Es difícil ya que muchas veces uno acepta por necesidad. A veces te llaman para algo de lo que no estás muy convencido pero lo necesitás. No me arrepiento de ningún trabajo, todo me sumó experiencia. Incluso grabé un disco, hice show y me hubiera gustado mucho ser un buen cantante. Todo sirve.

—¿Aceptarías un cargo de gestión, frente a un teatro?

—Por ahí me gustaría, trataría de gestionar para ayudar a un buen teatro… pero no aceptaría por la política. Creo que todos reciben presiones y debe ser muy difícil lidiar con eso. Hubiera deseado que en la Argentina pudiera haber partidos de centroderecha y centroizquierda. Ahí me sumaría a uno socialdemócrata. Siempre elegimos a personas y no a ideologías definidas.

—En estas últimas décadas sumamos varias leyes, divorcio, matrimonio igualitario y se discutió la del aborto: ¿qué sentís?

—Me gustan mucho y creo que nos ayudan a progresar. Nuestro país en un momento fue pionero de estos avances con el voto femenino en 1952, pero la dictadura nos frenó.

—¿Cómo viviste la dictadura?

—Estuvimos prohibidos con Selva (Alemán, su mujer) mucho tiempo. Era muy amigo y vecino de Piero. La hermana le anticipó que iban a ir a secuestrarlo y se refugió con nosotros. Lo acompañamos escondido hasta Ezeiza. A partir de ese momento entramos en una lista negra. Fue un productor el que nos avisó que no podíamos trabajar en televisión. Vivimos gracias a las giras de teatro.

Un arte laborioso. Aunque ha firmado muy poco para el cine, Arturo Puig aguardó el estreno de la película Camino sinuoso, escrita y dirigida por Juan Pablo Kolodziej, con ansiedad. “Comparto elenco –anticipa– con Geraldine Chaplin, Hugo Arana, Esteban Meloni, María Marull, Juana Viale, entre otros. Es interesante porque hago un personaje muy oscuro y malo”.

Eligió estar ausente de la televisión y lo explica: “Me habían llamado para hacer el padre de Nancy Dupláa en 100 días para enamorarse. Pero antes que empezaran a grabar pensé que no iba a poder hacer teatro y televisión al mismo tiempo. Y por suerte les expliqué; Ortega y Culell lo entendieron perfectamente. Temí estar muy cansado y no poder rendir”.

Viene de una familia muy teatral, ya que su bisabuelo llegó con la compañía de María Guerrero –fundadora del Teatro Cervantes– y creó la Utilería Puig, la primera de la ciudad. “Siento que el teatro se mantiene dentro de todo de la misma manera. Porque es un arte artesanal, llegás al camarín, te cambiás y vas al escenario. No varió mucho a través de los siglos. Lo único que se perdió fue la bohemia, antes ibas a los restaurantes y te encontrabas con las otras compañías, pero la velocidad de esta vida hizo que se perdiera. Mientras que la televisión y el cine modificaron muchísimo la manera de trabajar. Desde las grabaciones hasta la tecnología. Si puedo hablar por teléfono para escuchar la voz del otro, lo hago, pero ahora la gente prefiere escribir mensajes por celular. Antes se esperaba una semana para ver el capitulo, ahora te conectás y lo ves cuando querés. Quise hacer El vestidor porque aunque tenga humor, no es una comedia. Predominan las propuestas solo de humor”, concluye.


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