Osmar Núñez se deja atravesar por la vida y los textos del escritor Federico García Lorca en un espectáculo. La propuesta de pequeño formato tuvo una breve aparición en el festival “Agosto Poético”, el año pasado en el Centro Cultural de la Cooperación. Ahora regresa a la sala Pugliese del C.C.C. (Corrientes 1543) todos los viernes a las 21, con dramaturgia y dirección de Analía Fedra García, quien también se coloca al piano y da el título: Con Federico.
—¿Qué implica ese título, esta idea de “estar con”?
—Es un encuentro, como si fuera “con la presencia de Federico”. Es una forma de reencontrarnos con él, una forma de evocarlo, convocarlo, de acercarnos. Por eso el espectáculo tiene un tinte casi de living, es algo muy íntimo, para 70, 80 personas. Es un Lorca amoroso, desconocido para muchos. Hablamos de sus primeras poesías, sus encuentros con la naturaleza, con la vida, con la muerte. Vamos a su infancia, el amor de los padres, los amigos, la familia. Nos acercamos a su mundo, su narrativa, teatro y poesía; su primer amor fue la música. Él dice que el teatro sin música no es teatro. Es un verdadero artista, es decir, es alguien consciente de su entorno, de lo que lo rodea, del sistema, de lo que lo oprime, lo que lo ayuda. Federico fue un gran defensor del control de Estado sobre las empresas privadas y del Estado presente ante la cultura, la salud, la educación: los pilares fundamentales de una sociedad. Hablamos de todo eso, en un momento, ahora, en que necesitamos cierta amorosidad. El espectáculo es una caricia al corazón.
—¿Te convertís en García Lorca, te volvés ese personaje?
—Entro y salgo. Si bien Federico es el protagonista total y absoluto, cuando ingreso al teatro soy un poco yo; de hecho, la directora interviene y cantamos un par de canciones. Hacemos rupturas y chistes con el actor que hace de Federico. Esta directora y pianista le pide: ¿por qué no hacés tal cosa o tal otra? Soy Osmar Núñez el actor, y la mayoría de las veces, Federico. Federico presenta a Osmar, y Osmar a Federico.
—¿Qué textos y qué etapas de la trayectoria artística de Lorca aparecen?
—Federico tiene muchas etapas. Primeramente, ejecutaba música de Manuel de Falla, de quien era muy amigo. Cuando escribe, empieza con impresiones de viajes [su primer libro, Impresiones y paisajes] y la obra El maleficio de la mariposa. Nosotros tomamos su visión más amorosa de la vida. Sus poemas de los 16 años, como “Canción otoñal”, tratan sobre la vida y sobre la muerte como interrogante y como tragedia. No hacemos textos enteros, pero están, entre otros, Doña Rosita la soltera y Mariana Pineda. Hay un hilo conductor: cómo se paró Federico frente a la vida y las circunstancias. Fue un hombre que podía hablar de la condición humana, como pocos poetas lo han hecho.
—Retomando esta expresión que decías, ¿cómo te parás frente a la vida?
—Trato de desmenuzar las circunstancias, de entender cuáles son los factores que hacen que te molesten o te agraden. Trato de crecer con esas circunstancias que me duelen, lastiman o preocupan, con la mayor inteligencia emocional.
—Has interpretado a Perón en varios proyectos. Has hecho varias temporadas de “Con las patas en la fuente” ,de Lamborghini. A partir de esa revisión del pasado, en materiales de ficción, ¿cómo ves a la Argentina hoy?
—La memoria es fundamental: la memoria del corazón, de la cabeza. En el caso de Las patas en la fuente, si bien hablo allí del peronismo, más bien hablo de la Argentina; hay una mezcla de lo gauchesco con el tango, y un personaje que busca trabajo y ser querido, pero las circunstancias no lo dejan crecer. Trata sobre la Argentina de su momento, pero también de este momento. Las patas… se va a poder hacer siempre, porque va más allá de un gobierno o partido político, habla de la nausea de la existencia, de lograr, de tener, de poder amar y ser amado. Hoy, si bien se está haciendo muchísimo teatro a nivel oficial, comercial e independiente, la agenda de cine, por ejemplo, está cerrada; no hay ficción nacional, por lo tanto, no hay cultura, no hay soberanía; hay temor a la pérdida de identidad. Pero esto es terriblemente pasajero.
No existe un país que se pueda sostener de esta manera: ¿cuánto tiempo se va a poder sostener la falta de trabajo?
Seguimos resistiendo, seguimos con el deseo de encontrarnos con el público, contar a grandes autores.
Seguimos insistiendo en que nuestro cine, nuestro teatro, nuestra educación, nuestra salud son algo fundamental. La gente se cae, pero se vuelve a levantar.
Seguimos levantándonos y somos bastantes.
Éxitos y su próximo proyecto
A.M.
En mayo, Osmar Núñez planea estrenar otro proyecto, también basado en la vida y la obra de un gran escritor. Esta vez será sobre el argentino Haroldo Conti, con dirección de Paula Mujica Láinez, en el Portón de Sánchez: “No tenemos un peso partido al medio, no sabemos si Proteatro, si el Instituto (INT), si Mecenazgo, todavía no se sabe nada. Pero estamos ensayando con tutti, porque son textos maravillosos, pero difíciles de poner en la boca y darles vida. La obra se basa en la última etapa de Haroldo, con Marta Scavac, su segunda mujer, y el proceso de dar forma a Mascaró, el cazador americano”.
—Lorca, Conti, Lamborghini: ¿hay una línea, una coherencia en los autores que te convocan?
—Sí, hay una cierta coherencia, que tiene que ver con cómo soy en la vida, no de ahora sino desde cuando no era actor. Son elecciones o decisiones sobre dónde uno está parado, dónde se quiere sentar, qué quiere compartir. El arte para mí siempre ha sido el lugar donde me quiero sentar, vivir, reflexionar, compartir.
—En tu compartir, te tocaron proyectos de mucha exposición como “Relatos salvajes” o la telenovela “Pequeña Victoria”. ¿Cómo fueron esos momentos?
—Vivo el acercamiento de la gente, con mucho afecto y agradecimiento. Las personas me contactan sonriendo, emocionadas, no solo por la televisión o el cine; también me pasa con el teatro (el teatro es mi casa). Con el cine, Dos hermanos fue increíble, una película muy vista. También me pasó con Juan y Eva. Y Relatos salvajes, la más vista de la historia, fue un fuego, un volcán; la gente me paraba y me decía los textos de mi personaje de abogado.