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lunes 21 octubre, 2019

A 7 décadas del exterminio nazi, un exguarda de campo de 93 años está en el banquillo

Un tribunal de Hamburgo juzga a Bruno Dey, quien fuera vigilante en el centro de exterminio de Stutthof, actual Polonia, acusado de cooperar en el asesinato de 5.230 personas.

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Juicio a Bruno Dey, exguardia nazi Foto: AFP

Hoy, lunes 21 de octubre, es el tercer día de un juicio que llega tarde, pero llega. Y el comienzo puso en blanco sobre negro el hecho de que se trata de un caso extraordinario. Fue el jueves 17, cuando la jueza advirtió a los presentes en la sala 300 del tribunal de Hamburgo, Alemania: Si el acusado colapsa, desalojen la sala de inmediato”. Es que el hombre es Bruno Dey, tiene 93 años y hace 76 trabajaba como guarda del campo de concentración nazi de Stutthof, en la actual Polonia, donde se asesinó en cámara de gas y se ejecutó a decenas de miles de personas.

El primer día del juicio, a las 11:10, Dey, acusado de cooperar con el regimen nazi, entró en la sala en silla de ruedas, acompañado de tres médicos, una camilla de primeros auxilios y todo el tiempo mantuvo su cara tapada con una cartulina roja.

Las audiencias del juicio, que se prolongará al menos hasta mediados de diciembre, se verán restringidas a dos por semana y a un máximo de dos horas cada una, con un total de 11, debido al precario estado de salud del acusado. Y está claro que este podría ser uno de los últimos casos en los que se juzga a supuestos colaboradores nazis, 76 años después de uno de los episodios más trágicos de la historia mundial que dejó seis millones de judíos exterminados. Por esa razón la expectativa creqada alrededor de este juicio que se realiza en Hamburgo entre los supervivientes y sus familiares.

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Cuando Dey se saca el sombrero y los anteojos de sol, se puede advertir que tiene el pelo blanco y bigote. E incluso parece más joven de lo que es. Su voz, temblorosa, confirma su identidad a la jueza y luego, el hombre escucha los cargos que pesan sobre él: cooperar en el asesinato de 5.230 personas, que murieron de hambre, gaseadas o ejecutadas, porque los guardas como él impidieron “la fuga, la revuelta y la liberación de los prisioneros” entre agosto de 1944 y abril de 1945, según el escrito de la Fiscalía en el que se le acusa de haber contribuido a la ejecución de la orden de matar como “engranaje de la máquina asesina”, a sabiendas de todas las circunstancias.

Dey trabajaba en el campo de concentración de Stutthof, abierto por los nazis en el norte de Polonia. Allí murieron exterminadas 65.000 personas —cerca de la mitad de ellas eran judías— entre 1939 y 1945, en el que fuera el primer campo levantado fuera de Alemania.

La Fiscalía detalla que hasta 200 presos murieron allí gaseados con Zyklon-B, 30 prisioneros murieron ejecutados con disparos en la nuca y el resto, “creando y manteniendo condiciones que ponían en riesgo la vida”.

Según detalla la Fiscalía, hasta 200 presos murieron donde trabajaba el acusado, gaseados, y 30 prisioneros perecieron ejecutados con disparos en la nuca y el resto, “creando y manteniendo condiciones que ponían en riesgo la vida”.o que significa, noi más ni menos que por la privación de alimentos y la negación de atención médica a los enfermos. Eso sucedía el jueves, pero el viernes, segundo día de juicio, el pasado regresó a la sala y a los oijos y oídos de Dey.

Un experto policial compareció para certificar que desde algunas torres de vigilancia se podía ver el crematorio. El policía también presentó testimonios de otros guardas, que aseguraban que podían incluso apreciar el olor que emanaba del crematorio. Y que en alguna ocasión vieron también ejecuciones

El abogado del acusado, Stefan Waterkamp, aseguró en su intervención inaugural que el guarda de las SS (la policía política del régimen nazi) no se presentó voluntario para trabajar en el campo, sino que fue reclutado y no pudo oponerse. En su intervención ante la juez, dijo también que su pasado nunca ha sido un secreto y que en los años setenta y ochenta ya fue interrogado por fiscales. “Nadie en Alemania se ha interesado durante 70 años por un simple guarda que no ha cometido ningún crimen […]. La justicia ha fracasado a la hora de juzgar el pasado nazi y ahora tratan de compensar el tiempo perdido” .

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Afortunadamente, un gran número de precedentes permiten que se juzgue a personas que no participaron directamente en los crímenes con los que se les vincula y que formaban parte del escalafón más bajo de la cadena de mano nazi. En marzo de 2018, por ejemplo, moría Oskar Gröning, condenado por la justicia alemana confirmando el precedente jurídico establecido en el juicio contra John Demjanjuk, un guardia del campo de Sobibor, en la Polonia ocupada. En aquel proceso de 2011, en el que se condenó a cinco años de cárcel a un guarda, se estableció que ser parte de la maquinaria nazi bastaba para ser condenado. Hasta entonces, solo se consideraba responsables a los altos cargos o a los ejecutores materiales de los crímenes. Demjanjuk murió en 2012, antes de que terminara su proceso.

Bruno Dey, que tenía 17 años en el momento de los hechos, sigue reviviendo el pasado que hoy, tarde pero al fin, le pasa factura.


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