En Francia, los conflictos ideológicos y políticos ya no permanecen dentro del ámbito de la palabra, sino que rebosan en acciones directas violentas y enfrentamientos de grupúsculos en espacios públicos.
El mes pasado, en nombre de la defensa de la democracia y de sus valores (entre ellos: el respeto de los derechos humanos), un pequeño grupo de izquierda radical antifascista usó los medios propios del fascismo (la violencia física y la represión) para llegar a sus fines: asesinó a un militante de ultraderecha, Quentin Deranque, que manifestaba en contra de una conferencia de Rima Hassan (diputada de izquierda radical) en la universidad SciencePo de Lyon.
La muerte de Deranque ofreció a la ultraderecha un mártir nuevo. Esta tragedia para la democracia subraya la polarización creciente de la política que bombardeó el diálogo político francés convirtiéndolo en una zona de guerra ideológica. Hay dos sectores políticos bien diferenciados en Francia.
La ultraderecha. El principal representante es el partido RN (Agrupación Nacional), de Marine Le Pen. Cuenta con 122 diputados sobre 577. Es un movimiento conservador, nacionalista y populista, centrado en la soberanía francesa. Su eje son la firmeza y la austeridad. Reclama firmeza ante la inseguridad, el gasto público y la laicidad, y austeridad contra la inmigración, la ayuda social y la diversidad cultural. ¿Su chivo expiatorio? Los musulmanes. ¿Su ideología? La teoría del “gran reemplazo” que pretende que el declive francés resulta de una “invasión musulmana” que pone en peligro la cultura francesa y el francés de clase media. ¿Su base electoral? Adultos mayores reaccionarios y racistas del campo, empleados blancos de clase media de provincia que pierden su poder adquisitivo y jóvenes cristianos privilegiados de las ciudades. ¿Sus aliados? Billonarios franceses como Vincent Bolloré, medios de desinformación como CNEWS y grupúsculos xenófobos como el colectivo Némésis.
Ultraizquierda. Su figura es el partido La Francia Insumisa (LFI) y cuenta con 71 diputados sobre 577. Este partido político progresista, ecologista y populista centrado en la justicia social es el partido de la contestación y de la rebelión. Contestación contra las élites económicas y políticas y el abandono de los servicios públicos. Rebelión frente a las instituciones, la policía y las leyes fiscales. Reclama una nueva Constitución. ¿Su chivo expiatorio? Las élites políticas y económicas. ¿Su ideología? Consideran que las instituciones corroídas por las élites políticas que obran exclusivamente para las élites económicas. ¿Su base electoral? Estudiantes precarios y educados, personal de salud, funcionarios públicos y cuerpos docentes. ¿Sus aliados? Los estudiantes y profesores de las principales universidades francesas como SciencePo, grupúsculos antifascistas radicales como la Jeune Garde (la joven guardia).
Enfrentamiento. Estos dos campos de la guerra ideológica que acabamos de retratar, al no haber podido resolver sus diferencias dentro del diálogo político que ya no existe, encuentran otras formas de expresión cada vez más violentas y alarmantes para la democracia, como el caso de Deranque. Podría inclinar la balanza hacia una victoria presidencial que augura inestabilidad: el ascenso de Jordan Bardella, de la RN.
Esta posibilidad se funde sobre cuatro dinámicas. La primera consiste en la banalización y la legitimización del partido de ultraderecha y de sus ideas racistas. De hecho, Marine Le Pen, la expresidenta de la RN, logró en ambas elecciones presidenciales de 2017 y 2022 llegar a la segunda vuelta y hubiera ganado si no hubiera sido por Emmanuel Macron, al que gran parte de los franceses votó para bloquear a la ultraderecha. Además, el RN alcanzó un récord en las últimas legislativas de 2024 asegurando 125 diputados en la Asamblea Nacional.
Segunda dinámica: la progresiva vinculación de la derecha con la ultraderecha. Históricamente, los partidos de derecha se opusieron a colaborar con la ultraderecha por su ideología profundamente racista y antisemita. Pero desde la fragmentación del partido tradicional de derecha en 2017, los republicanos se enfrentan a un dilema existencialista: ¿con cuál partido aliarse para que su voz se escuche?
Tercera dinámica: el partido actual de Macron no logrará bloquear a la RN una tercera vez seguida porque el mandatario no podrá volver a presentarse para un tercer mandato seguido dado que lo prohíbe la Constitución. Además de su partido debilitado por las últimas elecciones legislativas, no surge de forma clara un líder creíble.
Cuarta y más importante: la explosión de la unión de la izquierda. Ella sola podía enfrentarse a la ultraderecha y bloquearla. De hecho, grupos heterogéneos de izquierda se unieron durante las legislativas de julio de 2024, y logró ganarlas con 178 diputados. Pero, una semana antes del linchamiento de Deranque, el Ministerio del Interior cambió la denominación de LFI convirtiéndolo en un partido de ultraizquierda y contribuyendo a la fragmentación que preexistía. François Hollande, expresidente francés, diputado y presidente del PS (partido socialista), descarta cualquier alianza entre el PS y LFI en las elecciones municipales, afirmando que las relaciones están rotas.
Entonces, la trágica muerte de Quentin Deranque aparece como el golpe de gracia para la oposición a la RN. Pero ¿por qué sería la RN un riesgo para la democracia francesa?
En La anatomía del fascismo, Robert Paxton detalla una serie de señales sobre el accionar del fascismo antes de llegar al poder. Primero, apunta, grupos militantes e intelectuales marginales defienden una narrativa de declive nacional e identifican un grupo de culpables internos al país que hay que excluir. Construyen una identidad bien definida del “verdadero ciudadano francés” (o italiano, o alemán) y demuestran que los culpables no pertenecen a esa identidad (por diferencias culturales, religiosas o étnicas). Después, al banalizar ese racismo, ganan una base militante más amplia y el movimiento atrae la atención de élites conservadoras que lo ven como una herramienta para contener a la izquierda y restaurar el orden. Estas etapas constituyen la historia misma de la RN. La tercera de las cinco etapas, según Paxton, es el ascenso al poder del fascismo.