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INTERNACIONAL / ENTREVISTADO POR PERFIL
lunes 2 diciembre, 2019

Steven Levitsky: "Lo que vemos hoy en Bolivia es la nueva derecha radical e intolerante"

Profesor de Harvard y coautor de "Cómo mueren las democracias", analizó para PERFIL las causas de lo que pasó en Bolivia y la ola de protesas que está viviendo América latina.

Augusta Saraiva

Jeanine Áñez en conferencia de prensa. Foto: AFP
lunes 2 diciembre, 2019

Experto en política latinoamericana comparada y autor junto a su colega Daniel Ziblatt del best seller Cómo mueren las democracias, el profesor norteamericano Steven Levitsky afirma que en Bolivia hubo un golpe militar que derribó a un gobierno autocrático, advierte que tras la llegada de Jair Bolsonaro al poder se ha consolidado una extrema derecha intolerante en la región y cree exagerado sostener que tras las protestas que sacuden a varios países estemos viviendo una “primavera latinoamericana”.

Levitsky, profesor de Harvard, analizó para PERFIL las causas de lo que pasó en Bolivia y la ola de protesas que está viviendo América latina.

—¿Cómo describiría lo que pasó en Bolivia?

­­—Vimos a un gobierno cada vez más autocrático que violó su propia Constitución y probablemente se robó las elecciones de octubre, porque aunque Morales terminó en primer lugar, hay pruebas bastante conclusivas de que las irregularidades le permitieron ganar por la diferencia de 10 puntos porcentuales que necesitaba para evitar la segunda vuelta. Seguramente fueron elecciones fraudulentas, con protestas bastante tensas y, en última instancia, todo culminó en un golpe militar. Fue un golpe de Estado porque Morales dejó el poder después de que el comandante militar le “sugiriera” que se fuera. Esa polarización, combinada con una elección fraudulenta y, en última instancia, una intervención militar, fue lo que llevó a la caída de Morales.

­—¿Había elementos para predecir el estallido en las calles?

—En general es muy difícil predecir protestas masivas, y muy pocas personas esperaban el colapso de Morales tan rápido. El hizo un movimiento audaz y, en retrospectiva, estúpido, cuando celebró un referendo en 2016 para cambiar la Constitución para poder postularse nuevamente para un cuarto mandato, lo que fue rechazado por una mayoría sólida de los  bolivianos. Debería haber visto lo obvio. El ignoró abiertamente el voto popular, y eso es algo peligroso en Bolivia.

—¿Qué mensaje envía la salida de Evo al nuevo gobierno de Argentina?

—Alberto Fernández es un progresista, pero un progresista pragmático que nunca ha tenido la ilusión de moverse hacia la izquierda radical. Creo que el gobierno Fernández-Fernández será sorprendentemente moderado. En cierto nivel, simpatizan con Evo, pero geopolíticamente Bolivia no tiene un gran impacto en Argentina. Fernández-Fernández seguirán su propio camino no importa el destino de Morales. Los kirchneristas van a sentir un poco el impacto, pero el impacto en el mundo real es mínimo.

—Hay quienes dicen que las protestas son una característica de una democracia fuerte.

–Estoy de acuerdo con que las protestas sociales son una parte crítica de la democracia, y estamos viendo exactamente eso, particularmente en Colombia y Chile. Las protestas chilenas están obligando a los líderes políticos chilenos a darle más respuestas a la demanda popular, lo que incluso resultará en una reforma constitucional que profundizará la democracia. En Chile estamos viendo que las protestas desempeñan precisamente ese papel, de elemento clave de la democracia. En Bolivia, las protestas son parte de una intensa polarización que expulsó a un gobierno populista en favor de fuerzas antipopulistas involucradas en un revanchismo asqueroso. Pero lo más importante: estas protestas han sido acompañadas por un golpe militar. No puedo pensar en un solo caso en la historia del mundo en el que un golpe antipopulista haya llevado a la democracia. La protesta social puede conducir a la democracia, pero cuando se asocia con golpes de Estado, casi nunca conduce a más democracia.

—Usted dijo que una posible victoria del autoritarismo en Brasil en 2018, algo que sucedió con la llegada al poder de Jair Bolsonaro, podría abrir algún tipo de precedente en América Latina. ¿Lo que pasó en Bolivia refleja una tendencia general en América Latina?

—Lo que vimos en la elección de Jair Bolsonaro el año pasado fue la victoria de un político que abraza abiertamente el autoritarismo, pero eso no significa que Brasil sea autoritario: tiene instituciones democráticas bastante sólidas y, al menos hasta el día de hoy, estas instituciones están bien, así que la democracia sigue viva en Brasil. Bolsonaro es una amenaza para la democracia, pero no la ha matado. Al menos no todavía. Lo que vemos en Bolivia es lo que estamos viendo en varias partes de América Latina, como Perú, Colombia y Brasil: el surgimiento de una derecha radical e intolerante. Una derecha que desdeña y a veces incluso ataca los derechos individuales, los derechos humanos y los derechos de las minorías más vulnerables. En Bolivia, las personas que llegaron al poder son de este mismo tipo. Una derecha religiosa que creo que comparte muchas cosas con Bolsonaro.

—Ante las protestas en Chile, Bolivia, Ecuador y Colombia, ¿comparte la idea de que la región vive su propia “Primavera Latinoamericana”?

—No quisiera generalizar demasiado. Vimos protestas masivas en cuatro países, y hay mucho más de cuatro países en América Latina. Países como Brasil, Argentina y México no están experimentando protestas masivas. Además, las protestas fueron muy diferentes. Mientras en Bolivia fueron contra un gobierno cada vez más autocrático, en Chile tenían mucho más que ver con la idea de injusticia y desigualdad social y en Ecuador fueron una respuesta a la eliminación de los subsidios al combustible. Quizás haya algunos paralelismos entre Colombia y Chile, ya que los movimientos populares colombianos se organizaron en respuesta a un gobierno de derecha como lo hicieron en Chile. Pero estamos hablando de tres o cuatro casos bastante diferentes, así que sería cauteloso sobre generalizar demasiado.

 


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