La guerra en Oriente Medio cruzó este viernes un umbral definitivo. Lo que hasta hace poco se percibía como una serie de ataques quirúrgicos mutó hacia una conflagración regional de gran escala donde hay 16 países involucrados. En este escenario, el presidente estadounidense, Donald Trump, se mostró intransigente y exigió una “rendición” total de la cúpula iraní para detener la guerra.
“¡No habrá ningún acuerdo con Irán salvo la rendición incondicional!”, escribió este viernes en su plataforma Truth Social. Y remarcó que solo suspenderá la ofensiva si la República Islámica elige un “líder grandioso y aceptable”, como fue el caso de Venezuela. Sus declaraciones se produjeron mientras las fuerzas israelíes bombardeaban cientos de objetivos militares en Irán y, especialmente, en el sur del Líbano, donde la milicia libanesa Hezbollah tiene sus bases.
Envalentonado por el descalabro que produjo en la potencia islámica, Trump optó por una postura rígida. En el inicio de la ofensiva, el 28 de febrero, el presidente estadounidense había mencionado la posibilidad de negociaciones. Ahora rechaza cualquier diálogo. “Están llamando, están diciendo: ‘¿Cómo llegamos a un acuerdo?’. Yo les dije: ‘Llegan un poco tarde’. Nosotros queremos pelear ahora más que ellos”, declaró Trump sin tapujos en un acto en la Casa Blanca.
En esa línea, el magnate inmobiliario exige también tener voz en la elección del sucesor del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, quien murió en un bombardeo a su búnker al comienzo de la guerra.
En declaraciones a la CNN, Trump destacó que no se opone a que el nuevo líder iraní fuera un representante religioso. “No me importan los líderes religiosos. Trato con muchos líderes religiosos y son fantásticos”, afirmó.
Lo que dejó en claro es que Washington “tendrá que participar” en la elección del próximo liderazgo iraní. Esta declaración sugiere que el objetivo final de esta fase no es solo la degradación militar, sino un cambio de régimen forzado por el desgaste externo y la presión interna.
El presidente estadounidense, en la entrevista con la CNN, sacó a relucir el caso de Venezuela, donde después de capturar a Nicolás Maduro dejó el gobierno en manos de la vice, Delcy Rodríguez, quien se adaptó a sus demandas. “Va a funcionar muy fácilmente (en Irán). Va a funcionar como funcionó en Venezuela. Tenemos una líder maravillosa allí, y va a funcionar igual”, dijo Trump respecto a Teherán.
Nueva fase. El jefe militar de Israel, teniente general Eyal Zamir, confirmó que sus fuerzas han iniciado una “nueva fase” de la operación. “Tenemos más sorpresas por delante que no tengo intención de revelar”, señaló, dejando claro que el alcance de la ofensiva será potente y devastador.
El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, se alineó inmediatamente con la nueva estrategia israelí y anunció que la potencia de fuego sobre Teherán está a punto de aumentar “drásticamente”. Esta nueva etapa, marcada por la incursión profunda que busca descabezar el liderazgo que queda en el país persa, transformó el mapa de la región en apenas siete días.
Desde los bombardeos en el corazón de Teherán hasta el despliegue terrestre en el sur del Líbano, el conflicto ha dejado de ser una crisis local para convertirse en un terremoto geopolítico que amenaza con succionar a las potencias globales y reescribir el orden energético mundial.
Teherán, vacía. Este viernes, el epicentro de la “nueva fase” fue la capital de Irán, Teherán. Intensas explosiones iluminaron la ciudad, mientras las Fuerzas de Defensa de Israel confirmaban ataques directos contra la “infraestructura del régimen” que aún queda en pie.
Sin embargo, la guerra en suelo persa no solo se libra con misiles, sino con el control absoluto de la información. Según el grupo de monitoreoNetblocks, la cobertura de internet en el país colapsó y dejó a los iraníes en una vulnerabilidad total. En las calles, habitualmente congestionadas por el tráfico, el vacío es absoluto.
El poderoso Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) militarizó las arterias principales con ametralladoras pesadas, una medida que los residentes interpretan no como una defensa ante el extranjero, sino como un mecanismo de terror interno.
Tras el bombardeo del pasado sábado, que acabó con la vida del líder supremo, el régimen parece tambalearse entre la represalia externa y el pánico a una insurrección doméstica.
Quizás el síntoma más alarmante de esta expansión de la guerra sea el fin de la inmunidad de los países del Golfo, y el posible involucramiento de Turquía. Qatar y Arabia Saudita, antes considerados refugios de lujo, fueron alcanzados por el fuego iraní. La onda expansiva llegó incluso a las costas de Sri Lanka, donde un submarino estadounidense torpedeó una fragata iraní, demostrando que las rutas marítimas globales son ahora zonas de combate activo.