domingo 14 de agosto de 2022
INTERNACIONAL Bielorrusia

Putin quiere evitar otra crisis en su “patio trasero”

El presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, confía en el apoyo de Moscú para enfrentar la ola de protestas opositoras. El líder ruso no quiere otro gobierno pro-UE en sus fronteras.

08-09-2020 17:33

El presidente bielorruso Alexander Lukashenko, que gobierna con mano de hierro hace más de 25 años, reafirmó su “línea dura” frente a las protestas populares que enfrenta hace semanas y advirtió que, si él cae, el próximo en hacerlo sería Vladimir Putin, que podría tener en sus manos la llave para poner fin a la crisis de su vecino.

“¿Saben a la conclusión que hemos llegado con el liderazgo ruso? Si Bielorrusia cae, Rusia será el siguiente”, declaró Lukashenko en una entrevista con varios medios rusos.

"No me voy a ir así nomás. Hace un cuarto de siglo que dirijo Bielorrusia. No voy a largar todo eso sin más. ¡Además, si me voy, a mis simpatizantes los van a masacrar!”, subrayó el presidente, que agregó que "si Lukashenko cae, lo hará todo el sistema, seguido por toda Bielorrusia".

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Desde hace un mes, y pese a la violenta represión ordenada por el gobierno, manifestaciones semanales reúnen a más de 100.000 personas todos los domingos en Minsk, la capital bielorrusa, para denunciar como fraudulenta la reelección del jefe de Estado, el 9 de agosto, con el 80 por ciento de los votos.

Tras haber acusado a Rusia durante la campaña electoral de intentar derrocarlo, e inclusive de haber enviado mercenarios rusos a Minsk, por su negativa a someterse a los deseos de Moscú, Lukashenko dio un giro de 180 grados y pidió todo el apoyo ruso ante la protesta opositora sin precedentes desde que llegara al poder, en 1994.

Se ha contactado en varias oportunidades con Putin, que le prometió enviar tropas si la protesta degenera en violencia. Se espera una cumbre entre ambos en los próximos días o semanas.

Rusia, escaldada por las revoluciones de 2000 y 2010 en varios países de la ex URSS (Georgia, Ucrania, Kirguistán), su tradicional zona de influencia, se opone a toda forma de protesta contra la legitimidad electoral de los regímenes establecidos, a menudo autoritarios.

“La clave para entender lo que sucede entre ambos países es diferenciar el interés ruso por Bielorrusia como país de interés estratégico, de la relación con Lukashenko, muy maltrecha en el último tiempo”, explica a PERFIL el analista Franco Cristiani, que recuerda que desde la caída de la URSS, Rusia ha tratado de mantener a Bielorrusia dentro de su esfera de influencia.

“En 1999, el presidente ruso Boris Yetsin y Lukashenko firmaron un ‘tratado de unión’ que establecía una integración progresiva entre ambas naciones. En los últimos años, Lukashenko ha incumplido reiteradamente dicho pacto”, mientras se balancea entre Moscú y la Unión Europea para obtener concesiones de ambas partes”, agrega Cristiani.

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Este incumplimiento del pacto de unión “ha generado la idea en la diplomacia rusa de que Lukashenko no es alguien confiable, y que mantiene su vínculo con el régimen de Putin para obtener petróleo y gas a precios subsidiados”, agrega el profesor de la UCA.

Frente al desafío opositor, Lukashenko ha desplegado un arsenal de medidas represivas, que van desde el acoso policial y el encarcelamiento, hasta provocar el exilio para sacar fuera del juego a las figuras más destacadas de la oposición.

La última opositora de peso que estaba aún en libertad, Maria Kolesnikova, fue detenida hoy, oficialmente tras intentar huir hacia Ucrania. Según sus partidarios, en realidad habría sido "secuestrada" la víspera en plena calle y las autoridades quisieron deshacerse de ella enviándola al país vecino por la fuerza. Como se resistió, fue detenida.

Otros dos candidatos fueron detenidos durante la campaña y permanecen en prisión y Svetlana Tijanóvskaya, la mujer que osó desafiar a Lukashenko en las elecciones, fue secuestrada en la calle y forzada a exiliarse en Lituania.

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Ante el control de las fuerzas de seguridad que ostenta el presidente bielorruso, la clave podría estar en Moscú, pese a las muestras de apoyo de Putin en los últimos días, ya que los reclamos opositores no apuntan a Rusia.

“Las manifestaciones llevan como principal y casi única consigna el rechazo a Lukashenko, pero en general no tienen proclamas anti rusas o a favor de una mayor integración con la UE”, destaca Cristiani.

El analista estima que si bien Rusia tiene interés en mantener en su esfera de influencia a Bielorrusia, Lukashenko se ha tornado en alguien no confiable y que tampoco garantiza la estabilidad en su país.

Así, sectores del Kremlin impulsarían la idea de que el reemplazo de Lukashenko por un nuevo gobierno aliado al régimen ruso podría ser una situación beneficiosa para Putin.

“Este movimiento no estaría exento del desafío de encauzar la deposición de Lukashenko de forma tal que el nuevo régimen no se vuelque a Occidente y fortalezca sus vínculos con Rusia”, concluye Cristiani.

SF/MC