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MEDIOS / Premios Perfil 2019
jueves 17 octubre, 2019

Pedro Cahn, de Fundación Huésped: "El aborto, más temprano que tarde, va a terminar en ley"

El ganador en el rubro Ciencia y Tecnología es médico infectólogo y referente de la lucha contra el VIH/Sida en la Argentina.

Pedro Cahn. Foto: Cedoc.

En 1989, Pedro Cahn fundó la Fundación Huésped junto con Kurt Frieder, una entidad de bien público y sin fines de lucro dedicada a la investigación, la asistencia y la prevención del VIH/Sida. El médico infectólogo, que este jueves 16 de octubre fue galardonado con uno de los Premios Perfil a la Inteligencia en el rubro Ciencia y Tecnología, se convirtió en los últimos años una de las voces más destacadas en el debate por la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo. Previo a recibir su estatuilla, habló con PERFIL.

—Repasando algunas entrevistas que diste te preguntaron por los médicos que no hacían abortos y que tenían libertad de conciencia. Vos planteaste que estaba bien que la tengan, pero dijiste 'me recuerda a los que no atendían a los que tenían a la gente con VIH. ¿Ves que eso se está dando?

—En primer lugar, nadie está a favor del aborto. La posición de nuestra desde Fundación Huésped, y la mía personal, es que los abortos existen a pesar de que uno no esté a favor de ellos. No te olvides que la consigna de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito es "educación sexual para estar informado, anticoncepción para no embarazarse, aborto legal para no morir". Si nosotros lográramos extender la enseñanza de la educación sexual en todas las provincias, cosa que no está sucediendo, evitaríamos embarazos adolescentes y no deseados. En la situación actual, oponerse a la legalización del aborto implica establecer una clara diferencia. La señora de clase media y clase alta van a tener su aborto en una clínica con las mejores condiciones, internadas con un diagnóstico de biopsia, endometrio o quiste de ovario. Y van a tener un aborto en condiciones sanitarias adecuadas. La mujeres pobres  seguirán apelando al perejil, a técnicas que terminan muchas veces con la muerte de las pacientes y con una incapacidad para su actividad reproductiva a futuro. Cuando yo digo que hay gente que se niega, respeto a libertad de conciencia. Entiendo que alguien, desde el punto de vista religioso, pueda no querer ser la persona que lo haga. Lo que no puede hacer es impedir que la institución opere y que las mujeres tengan el derecho a decidir sobre su propio cuerpo.

—¿Cambiaste de opinión a lo largo de tu vida con este tema?

—Esta fue siempre mi posición porque durante ocho años hice terapia intensiva y vi morir mujeres por abortos sépticos. Mujeres jóvenes que a veces, cuando se piensa en los chicos, tenían cuatro o cinco hijos, se hicieron un aborto porque ya no podían criar a otro más, y dejaron huérfanos a esos chicos. En este sentido, mi posición se ha visto fortalecida con el fantástico movimiento de las mujeres, esa marea verde que más temprano que tarde va a terminar en ley, es una cuestión de tiempo. Me hace acordar a cuando fue el debate por el divorcio en la época de Raúl Alfonsín, donde se decía que iba a haber una masiva disolución de las familias y lo que hubo fue una masividad de casamientos, de gente que venía conviviendo con su nueva pareja y se pudo casar porque se pudo divorciar. La realidad no es como uno quisiera que sea. La realidad es como es. Lo que hay que hacer es reducir el daño para las personas más desprotegidas.

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—Hoy se habla pero hace cuatro años en la comunidad médica no se podía hablar del aborto.

—Vuelvo a insistir en que ha sido el movimiento de mujeres el que puso el asunto sobre la mesa, el que legalizó de hecho el tema. El solo hecho que se pudiera discutir ya te plantea un escenario diferente. Todos sabíamos que existía. Los abortos existen desde épocas inmemoriales. El tema es en qué condiciones se hacen y de qué manera tratamos de reducir el número de abortos. Uruguay, que lo tiene legalizado, redujo el número de abortos porque lo acompañó de una fantástica campaña de educación sexual.

—Como con el tema del HIV, da la sensación de que la clave es que llegue a la opinión pública para que se rompa el tabú y el temor de decirlo abiertamente. Y sobre todo buscar una solución.

—En el tema del HIV, de ser una enfermedad uniformemente mortal donde el 99 por ciento de los pacientes terminan muriéndose al cabo de cinco u ocho años de estar infectados, hoy tenemos una enfermedad en la que se puede convivir en forma crónica como si fuera diabetes o hipertensión. Sobre el derecho a elegir, acá hay una diferencia. Cuando yo daba charlas muy al principio de la epidemia, al principio de los ochenta, sobre le tema del HIV había siempre una pregunta de algún colega que decía '¿alguno puede negarse a atender a un paciente con VIH porque me da temor?'. Si, claro que te podés negar. Lo que tenés que hacer es colgar el guardapolvo y dedicarte a otra cosa porque si yo tengo un incendio en mi casa, vienen los bomberos y dicen: 'yo entraría pero a mi el fuego me da un miedo bárbaro', tenés que dejar el casco, el saco de amianto y dejar tu lugar a otra persona.

—¿Era por desconocimiento?

—Sí, porque además, contraer el HIV no es tan fácil. Tiene que haber un accidente laboral en donde estás trabajando con un instrumento cortante y si no estás usando guantes. Si uno es metódico y hace las cosas como las tiene que hacer, el riesgo es muy bajo. Toda profesión tiene sus riesgos. Vos sos periodista y mañana te puede tocar ir a un sitio donde hay un conflicto armado o un tiroteo de la policía, tenés un riesgo, lo tenés asumido y vas a tratar de evitarlo. Toda profesión tiene sus riesgos y la medica también.

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—¿Cómo convive la religión de un médico con la ciencia y con lo que le pasa? ¿Son polos opuestos que es imposible que convivan?

—Eso deberías preguntárselo a alguien que tenga fuertes convicciones religiosas, que no es mi caso. Pero insisto: acá no se trata de forzar a ningún profesional para que practique el aborto a nadie si va en contra de sus convicciones. Lo que no se puede hacer, como sucedió con este ginecólogo que fue recientemente condenado, es que falsamente engañe a una chiquita y que la fuerza a continuar con el embarazo . Forzó la voluntad de la paciente.

—¿Cómo ves hoy el sistema de salud argentino?

—Yo hace rato que lo defino como darwiniano ¿Te acordás de Darwin y la teoría de la selección natural? Este es un sistema que selecciona a los más aptos. Si vos venís al hospital, te vamos a atender, tengas una gripe, un infarto a una enfermedad grave, más tarde o más temprano. Si vos no venís, nadie te va a buscar ¿Quiénes son los que llegan al hospital? Los que tiene un trabajo y pueden venir al hospital en los horarios en los que estamos los médicos, que es a la mañana, horario que nos conviene a nosotros porque a la tarde tenemos que salir a trabajar para ganar el peso porque los sueldos en los hospitales son muy bajos. De mañana por ahí vos tenés que estar en la editorial Perfil y resulta que perdés el premio por presentismo; sos una mamá que no tiene con quien dejar a los chicos;  o, como me dijo un paciente, no viene porque no tiene para cargar la Sube. Se va produciendo ese proceso de selección natural y finalmente ese paciente que no vino llega al hospital, pero llega en ambulancia, cuando ya es tarde para atender su enfermedad.  Y nuestro sistema no lo deja abandonado, lo trata. Más allá del aspecto biológico y humano, desde el punto de vista de la economía de la salud es mucho más caro atender a un paciente con complicaciones que trabajar en medicina preventiva o con una enfermedad incipiente. Es darwiniano porque selecciona a los más aptos y los que están más desprotegidos son los que la pasan peor.

—Y eso el ministerio de Salud lo sabe. 

—No tenemos ministerio de Salud. Se fue al descenso. Suponemos que en algún momento sea pronto. Eso lo saben. tenemos un sistema de salud fragmentado, ineficiente, el gasto en salud no es bajo. Sin embargo, no rinde lo que debería rendir en relación a lo que rinden otros países. Yo hasta hace poco tiempo era empleado del Gobierno de la Ciudad porque era jefe de Infectología del hospital Fernández. Tenía la obra social que corresponde a los empleados municipales. También era profesor universitario. Tenía por lo tanto la obra social de la Universidad de Buenos Aires. Y por una cuestión de si me tenía que internar y comodidad pagaba una prepaga. Un día que tuve un cólico renal y fui al hospital, me atendieron, me hicieron una ecografía y esa ecografía no la pago ni la obra social de la UBA ni de la ciudad ni la entidad de medicina prepaga a la que estoy afiliado. Es un sistema que no dialoga entre sí, de compartimientos estancos. Hay mucho mejorar. 

Cahn es creador y director científico de Fundación Huésped desde 1989; y ex Jefe y actual Consultor de la División Infectología del Hospital Fernández, donde sigue atendiendo como en 1982, cuando apareció el primer paciente. El Doctor Cahn ha estado involucrado en grupos de trabajo internacionales y conferencias de VIH/sida desde 1989 y en repetidas oportunidades, ha actuado como asesor para la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y ONUSIDA. Es Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires y recibió la mención de honor “Senador Domingo F. Sarmiento” por parte del Senado de la Nación en 2014.


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