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MODO FONTEVECCHIA
ENTREVISTA EXCLUSIVA

El actor y director Boy Olmi habló del rol del arte en la contemporaneidad: "Me siento violentado en esta época"

En un diálogo profundo con Jorge Fontevecchia, el reconocido artista reflexiona sobre el rol transformador del arte frente al periodismo, la polarización que atraviesa a la Argentina, el impacto de la tecnología en la cultura y la búsqueda de una conciencia más humana ante la emergencia del presente.

Boy Olmi
Boy Olmi | WEB

Frente a una realidad atravesada por la urgencia de las noticias y la polarización cotidiana, surge el interrogante sobre el verdadero alcance de la cultura para interpretar el momento actual. En este encuentro, Boy Olmi analiza, en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), la capacidad del arte para intervenir en el discurso público desde un lugar que trasciende lo meramente informativo.

A partir del debut de su nuevo proyecto unipersonal Boy y su mirada sobre la crisis de las industrias culturales tradicionales, el actor y realizador aborda la necesidad de superar las divisiones binarias, el impacto del avance tecnológico y la urgencia de recuperar la dimensión humana en tiempos de incertidumbre.

Boy Olmi es un destacado actor, director de cine y presentador de televisión que cuenta con una larga trayectoria en el medio artístico. Ha trabajado en más de cuarenta películas, condujo destacados ciclos de entrevistas, programas culturales y certámenes de preguntas. Además, dirigió y participó en documentales ambientalistas de divulgación social, promoviendo mensajes de concientización ecológica. Actualmente se está presentando con su obra unipersonal titulada Boy, un espectáculo íntimo de reflexión personal sobre los vínculos y la vida.

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Muchas gracias por estar acá. En este programa continuamente estamos entrevistando artistas porque partimos de la hipótesis de que ustedes tienen una capacidad de intervenir en el discurso público metafóricamente, pero que tiene más pregnancia que lo que todos los días estamos simplemente con las noticias y el registro de lo que pasa en la superficie, ¿no? Y que el arte tiene una capacidad performativa que el periodismo no tiene. Así que bueno, primero me gustaría que, en función de lo que acabo de decir, me cuentes tu visión de cómo está la Argentina hoy.

Bueno, muchas gracias por invitarme y darme este espacio que tiene que ver con la investidura que nos toca cuando asumimos roles en nuestro trabajo. Vos como gran comunicador, yo como un comunicador también con herramientas que provienen más de lo artístico que de la información. Por lo pronto, yo creo que los artistas son inevitables en la historia de todos los pueblos y de todos los tiempos. Desde que el hombre empezó en las cuevas a pintar y a bailar alrededor del fuego, el hombre y la mujer encontraron esa manera de procesar lo que nos pasa con una perspectiva diferente a lo que lo hacen otros. Creo que de esa manera, en el caso de los artistas, que insisto, es una presencia inevitable en la evolución de la humanidad, tenemos una responsabilidad que es usar nuestro instrumento como antena para interpretar qué es lo que nos está pasando a todos. Cuanto más amplia y más universal sea esa mirada, mejor. Y transformarlo, darle luz, darle imagen, darle palabra, darle sonido, darle música, darle movimiento para compartirlo, y que al compartirlo con la gente en esa ceremonia sagrada, que en el caso nuestro a veces es el escenario o la pantalla, o en el caso de los músicos es su música, o en fin, de todas las artes, los pintores, los poetas... al compartirlo con los espectadores se produce una especie de expansión de la conciencia, de bajada de información que toma forma y entonces clarifica, permite entender un poco más, permite curar, sanar, etcétera. Observar a la Argentina en este momento a mí me lleva en realidad a observar al mundo, porque yo trato de no establecer diferencias ni fronteras parciales en lo que nos pasa a todos. Y cuando digo todos, me refiero a la vida misma en este momento. Yo creo que es un momento muy desafiante, muy límite, muy riesgoso y, al mismo tiempo, una oportunidad muy creativa en el desarrollo de la humanidad porque somos ocho mil millones de habitantes en la Tierra, porque la tecnología está acelerando los procesos de una forma que a veces no podemos controlar y este es un momento particularmente delicado para ello. De hecho, está la encíclica que el Papa León XIV acaba de publicar y que va a venir a compartir con nosotros seguramente en noviembre. Entonces, hay una mirada que a mí me atraviesa mucho, que tiene que ver con tratar de unir lo que está disociado, unir la cabeza con el corazón, tratar de encontrar una forma en que no veamos binariamente izquierda o derecha, arriba o abajo, joven o viejo, oficialismo u oposición, judío o palestino, gay o no gay. Es decir, todas estas divisiones generan algo que no es constructivo para el bien de todos y que es lo que de verdad debería regirnos. Entonces, creo que hay una cantidad de miradas, hay una cantidad de actividades que son propias del estado de la evolución en el que estamos, pero que no alcanza para la emergencia. Mirar nuestro país, analizar las cosas desde una perspectiva así de binaria, a mí me resulta, no sé si decir de cierto atraso, pero que no está a la altura de la necesidad en la que estamos en este momento, porque estamos en una emergencia planetaria.

Que lo que nos pasa en la Argentina es consecuencia de fenómenos mucho mayores y que no son solamente autóctonos.

Por supuesto, lo que nos pasa en Argentina es producto de lo que pasa en el mundo, que es que sigue existiendo esta polaridad, esta rivalidad, esta aparente contracción que además está en nosotros mismos, que es esta lucha entre la luz y la sombra, el bien y el mal. Y en el caso nuestro, terreno pequeño, gallináceo, nuestras maneras de interpretar la realidad, nuestras maneras de pararnos de un lado o de otro de las cosas eligiendo creer algo, porque nadie entiende ni tanto de economía, ni tanto de medio ambiente, ni tanto de política, nadie entiende tanto. Y sin embargo decimos: "Bueno, yo elijo esto". ¿Por qué? Bueno, ahí tiene que ver un poco con el espectáculo este que estoy haciendo, que tiene que ver con que somos más que ese lugar que ocupamos en nuestra sociedad. Somos más, y no lo digo públicamente, vos como periodista o yo como actor, director o comunicador, somos más que eso porque eso también nos limita a ese rol que ocupamos. Entonces, si yo me comporto como un actor, parece que tengo que trabajar desde ese lugar, y yo no me defino como un actor, ni te definiría a vos como un periodista, sino que nos definiría como seres humanos a los que les están pasando cosas.

Boy Olmi sobre su unipersonal: "Me siento vulnerable y desnudo al hacerlo pero encuentro fortaleza en eso"

Jorge Fernández Díaz siempre dice, bueno, el caso de él además doblemente justificado porque es un escritor, pero él siempre dice que para ser un buen periodista hay que ser más que periodista. ¿Para ser un buen actor hay que ser más que actor?

Por supuesto, para ser un buen actor, y yo no sé si lo soy o no lo soy porque ese es un dilema con el que vengo debatiéndome hace años, hay que ser persona. Y hay que permitirse ser persona para que tengan lugar todas las partes que nos habitan, que son, en el caso del teatro, la tragedia y la comedia, la alegría y la tristeza, la esperanza, la desesperanza y el miedo. Hay que darle lugar a todo porque si no estamos como temiendo. Para ser un buen actor no hay que pensar qué dirán los demás de lo que uno hace, porque si no estamos condicionados. Entonces, en esta división que por supuesto atraviesa la Argentina y que se pone de manifiesto en un día como hoy con la calle inundada, con una marcha en ciernes sobre un tema muy delicado de debate que pone en juego muchas cosas vinculadas con nuestra propia identidad nacional, también hay una mirada que dice: "¿Por qué no nos ocupamos de encontrarnos entre todos?". Y creo que hoy la gente sale a la calle, y es probable que yo salga a la calle, para tratar de encontrar una forma de dialogar en un lugar donde no dialogamos. Digo, cuando recibimos la violencia que se genera a veces en términos de lo que pasa en el país por aquellos que lo gobiernan, no hay manera de responder en un diálogo fecundo, constructivo y amoroso, sino hacer lo que se pueda. Entonces, me siento un poco violentado en el día de hoy en esos términos.

Sigo en la especie de vidas paralelas del actor y el periodista, ¿no?

Sí.

Un maestro de periodismo que se llama Kapuściński, probablemente el maestro de periodismo más famoso del siglo XX, el primer consejo que él daba decía que para ser un buen periodista, antes habías dicho lo de Fernández Díaz de que hay que ser más que periodista, usaste la palabra persona, que para ser un buen actor primero uno es persona. Él decía, para ser un buen periodista primero hay que ser una buena persona. ¿Cabe esto para el actor o es la función que tenemos?

No, es que claro, mi objetivo.

La faceta oculta de Boy Olmi más allá de la actuación

¿Cómo es la honestidad en el caso del actor? Se supone que casualmente está trabajando con algo que es ficción. Este periodista tiene una obligación de una honestidad porque su lenguaje es verista.

Es que para ser periodista, para ser actor, para ser persona, hay que ser una buena persona y hay que ser honesto como persona, no como actor. Hay que ser honesto, hay que ser auténtico y hay que ser amoroso porque estamos sosteniendo valores que están poniendo en juego algo que es un poco el destino de la humanidad en este momento. Está en peligro porque hacemos las cosas de una manera en donde no estamos remediando los problemas de todos, sino que estamos viendo cosas parciales que le interesan a grupos parciales y a intereses parciales. Y los intereses parciales tenían otro lugar cuando el mundo tenía espacio para todos, cuando los recursos eran ilimitados y aun así la injusticia, el dolor y la guerra seguían rigiendo las cosas. Decimos: "¿Pero cómo es posible que, erigiéndonos como una especie aparentemente inteligente, sigamos sometiéndonos al dolor de las guerras en el mundo?". Es decir, ¿qué clase de inteligencia es la inteligencia que daña esta casa que habitamos y que daña a los hermanos que, porque están del otro lado de una frontera, pretendemos matar y aniquilar porque piensan distinto, o tienen un origen étnico distinto, o tienen un origen religioso? Es decir, hay intereses que nos dividen. Tenemos que pensar en los intereses de todos porque estamos en la misma casa, y esto es muy cruel porque no hemos logrado hacerlo en siglos. Yo creo que la circunstancia es tan grave que tenemos que elevar la cualidad espiritual de nuestra especie, porque si no estamos muy mal.

¿Qué pasa con el público en tu obra? ¿Qué sentís hoy cuando ves las reacciones comparado con otros momentos? ¿En qué es distinto el público actual?

Bueno, tiene mucho que ver con lo que me venís preguntando, que es que lo que estoy haciendo en este momento no es ficción. Lo que estoy haciendo es un experimento que toma la forma de un espectáculo teatral presentado como un unipersonal, porque aparentemente estoy solo en el escenario. Y digo aparentemente porque lo estoy haciendo más en comunión con la gente que nunca. Entonces, no estoy solo en el escenario, estoy en un espacio mágico que es un teatro, compartiendo un experimento que es una reflexión sobre por qué cada uno de nosotros es quien es. Por qué vos sos el que sos, pero no públicamente como un importante editor y periodista, o yo un actor más o menos conocido en nuestro país, sino cada uno de nosotros. ¿Por qué tiene una identidad y una personalidad en donde vos sos reflexivo y ordenado, y yo soy lúdico y empático? Y cada uno tiene una manera que se le armó en esa primera infancia, en donde tuvimos nuestras primeras impresiones, emociones y sensaciones que armaron un exoesqueleto que nos protege del miedo, de la angustia existencial que es inevitable, y del dolor que sentimos los humanos. Que, a su vez, también viene cargado de mandatos ocultos que las familias nos legan en el inconsciente transgeneracional, que es algo que nos llegó sin saber de dónde viene. Y no me refiero a los grandes valores que nuestros padres nos legaron, sino a cosas que en las familias llegaron como medio secretamente porque le ocurrieron a alguien hace mucho tiempo, que generalmente tienen que ver con el dolor y con el sufrimiento también, pero de las que en ciertos momentos era mejor no hablar. Hoy yo creo que tenemos que poner sobre la mesa la verdad, acercarnos, valorar la importancia de estar, que es mucho más importante estar juntos que estar de acuerdo, porque ese estar o no de acuerdo implica miradas parciales, miradas sesgadas, miradas interesadas. Es algo que el Papa, y voy a citarlo porque conocí al Papa Francisco y ahora estoy atentamente escuchando lo que dice León XIV sobre la inteligencia artificial, dice que las herramientas pueden ser fabulosas, pero también siguen los designios de aquellos que las crearon y aquellos que las utilizan. Y si en este momento algo tan poderosamente genial como es una herramienta poderosísima empieza a cambiar nuestra vida y a guiar nuestra vida, pero a su vez guiada por intereses parciales, que son los intereses que tienen aquellos que manejan una herramienta poderosa... como ocurrió con la bomba atómica. Es decir, ocurre con cosas que son geniales desde el punto de vista tecnológico.

Toda tecnología inicialmente, al no tener regulaciones, se usa para el mal. La energía atómica, la bomba atómica es el mejor ejemplo. Ahora, Boy, vos hablás varias veces de la inteligencia artificial y de cómo las nuevas herramientas inicialmente, citando a la encíclica del Papa, pueden destruir cosas, no solamente construir. Entonces te pregunto: la tecnología, que cambió totalmente los medios de la televisión que hoy ya no hace más ficción, ¿no genera una especie de paradoja de que el teatro, el más antiguo, el más primitivo en el sentido de antigüedad, al mismo tiempo el más austero, el más noble, termina siendo nuevamente la fuente de vida de la mayoría de los actores?

Tal cual. Tal cual.

¿Y qué reflexión te genera eso?

Bueno, creo que es consecuencia de varias cosas. La primera tiene que ver con esto que vos decís, que es que cada vez es más valioso mirarnos a los ojos, darnos la mano, sentarnos en silencio, dejar de correr, dejar de mirar nuestro teléfono que nos calma aparentemente la angustia por esa dopamina que se ha estudiado que genera, pero que nos impide mirar el cielo, mirar las nubes, mirar las estrellas, sentarnos al lado de un fuego a charlar, conversar, tener un encuentro como este con vos. Somos dos seres humanos más allá de la intermediación tecnológica y está apareciendo nuestra humanidad por encima del aparato comunicador que nos envuelve. Entonces, creo que sí. Creo que esto que vos decís se revaloriza en tiempos tan tecnológicos: esta idea de que en el teatro lo que ocurre está ocurriendo de verdad allí. Hay un ser humano, como los seres humanos que están arriba y abajo. Lo que dice mi espectáculo también, producto de conversaciones con gente de teatro, es que a las personas y a los artistas, o a los actores en este caso, nos pasan las mismas cosas, solo que los que estamos en un escenario lo estamos contando para reflexión de todos, pero somos los mismos los que estamos arriba y abajo del escenario. Entonces sí, esta ceremonia sagrada que es el teatro, y que es el arte en todas sus manifestaciones, tiene un valor enorme para recuperar la esencia de nuestra humanidad, porque esa es nuestra tarea. Y en la Argentina y en lo coyuntural, volviendo a la pregunta inicial, y que es un poquito más pequeña la respuesta, estamos en un momento en donde nuestra cultura está un poco devastada y no hay cine, nuestra industria cinematográfica. No hay televisión, aquella que añoramos; no hay ficción, esa que añoramos, a pesar de que aparecen nuevas formas tecnológicas de comunicación de series breves. Pero series breves cuyos capítulos duran un minuto porque no tenemos paciencia, no te digo para leer un libro, para escuchar al otro. Vamos más rápido por la tecnología de lo que nuestro aparato, nuestro instrumento, permite ir. Entonces ocurren desastres, ocurren errores, ocurren problemas porque no estamos tomándonos el tiempo de ver lo que nos pasa primero a nosotros, lo que le pasa al humano que está frente a nosotros. Entonces sí, la respuesta es sí. El teatro, como todo el arte, cobra un valor esencial.

Debe ser un mensaje a futuro de que finalmente, más allá de la inteligencia artificial, si el teatro tiene esta revalorización, hay algo allí que nos está enviando un mensaje al futuro. Boy, mencionaste dos o tres veces al Papa y dijiste que conociste al papa Francisco. Primero, ¿sos creyente?

Bueno, si la palabra creyente implica la práctica religiosa metódica en una iglesia, debería decir que no.

¿Creés en Dios?

Yo creo en Dios, pero a su vez no sabría definir qué es Dios, porque tampoco lo imagino con el dedo en alto mandándonos al infierno y al paraíso. Creo que hay algo superior que nos trasciende. Yo creo que hay algo más importante que el envase de cada uno de nosotros y eso es superior.

¿Creías de la misma manera antes de conocer a Francisco que después de conocer a Francisco?

Creía igual. Creía igual porque conocí a Francisco en una circunstancia muy deliciosa para mi propio camino, que fue compartir más de una experiencia con Jane Goodall, que es esa inglesa que transformó la historia de la ciencia a través de sus descubrimientos en chimpancés hace sesenta y cinco años viviendo en la selva, pero que se transformó en una de las mujeres más influyentes de la Tierra. Cuando murió a los 91 años, hace poco, tuve el privilegio de ser amigo de ella y trabajar en comunicación con ella sobre la esperanza en la Tierra en este momento, sobre cuál es el camino. Y esa primera película que hice con ella, que se llama Jane & Payne, la voy a liberar en YouTube en pocos días porque la segunda que hice ya está liberada. Y cuando la terminé hace doce años tenía que mostrársela a ella y le dije: "¿Dónde te la muestro?", porque ella viajaba por todo el mundo todo el tiempo. Y me dijo: "Encontrémonos en Roma. Y de paso lo vemos al Papa". Y le dije: "Pero bueno, vamos". Y fuimos a Roma y me encontré con el Papa y le dije: "Estoy haciendo esto". Y él me dijo: "Es por ahí. Yo estoy escribiendo Laudato si'". Y fijate, iba a salir una encíclica pronto que era Laudato si', en donde reflexiona sobre estos temas que estás conversando. Y de verdad fue la confirmación de que en esa mirada humanista, mucho más allá de lo religioso católico practicante, en ese humanismo que va más allá de cualquier religión y que tiene que ver... ahí está Jane en la Patagonia conmigo tomándose un mate a la Argentina con una medialuna. Ese ser angélico, sabio, que tuve el privilegio de conocer y de compartir muchas cosas en el mundo entero, a mí me enriqueció muchísimo la mirada, el alma. Te invito a que veas esta película que es el segundo experimento en donde la llevé a la casa de Lito Vitale con veinte músicos argentinos, y unimos su discurso científico con la expresión artística de estos músicos.

Sí. Boy, muchas, muchas gracias. Felicitaciones por lo que hacés.

Fue un placer compartir esta conversación. Me encantaría que vengas al Picadero a ver Boy. Estás invitadísimo, por supuesto, la gente que nos oye, pero me encantaría que podamos ampliar esto en esa ceremonia tan sagrada que es el teatro. Gracias, Jorge.

Nosotros decimos que la redacción también tiene mucho de esa magia. Es como un templo. Así que compartimos con el teatro el escenario, la misma magia religiosa de una redacción. Muchísimas gracias.

Gracias.

MEG / EM