El traslado del sable corvo de San Martín reavivó un debate que cruza historia, política y símbolos nacionales. A partir de una entrevista en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el gestor cultural Eduardo García Caffi analiza el significado del arma que el Libertador legó a Juan Manuel de Rosas y explica por qué cada cambio de custodia refleja una forma distinta de interpretar el legado sanmartiniano y la identidad argentina.
Eduardo García Caffi es un músico, gestor cultural y dirigente argentino con una larga trayectoria en ámbitos artísticos, académicos y de la función pública. Se destacó como baterista, cantante, compositor y director, integrado en grupos como Industria Nacional y con una presencia significativa en la música popular y sinfónica. Además, tuvo cargos públicos vinculados a la cultura: fue secretario de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, director de la Orquesta Sinfónica Nacional y presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano.
¿Qué significa y por qué genera tanta controversia la discusión alrededor de cuál es el lugar en el que debe estar el sable corvo de San Martín, por qué significa tanto y si se lo puede traducir para legos?
El sable de San Martín es un símbolo de la lucha por nuestra independencia. Durante más de una década, San Martín estuvo en nuestro país y luchó por esa independencia, y no solo lo hizo en función militar -reconocido por las academias de guerra de todo el mundo, como el cruce de los Andes-, sino fundamentalmente como político y estadista, cuando le tocó desarrollar funciones ejecutivas, trabajando por el bien común y por políticas que buscaran una libertad auténtica para nuestros conciudadanos. El sable se transformó en un símbolo: increíblemente, un arma de guerra, un arma para matar, se convirtió en un emblema de paz, porque San Martín jamás quiso intervenir en luchas fratricidas y desarrolló toda su actividad política y militar en Sudamérica. Este sable, que compró en Londres en 1811, un sable usado, de nombre técnico shamshir, porque era un sable persa, lo trajo y lo utilizó en el combate de San Lorenzo y luego en Chacabuco. Fue un símbolo de la Argentina y un símbolo de paz.
Ese sable, en 1848, San Martín, en su testamento holográfo, se lo dona a Juan Manuel de Rosas por la digna defensa que hizo de la patria ante el bloqueo anglofrancés. Rosas, cuando viaja a Londres, lo lleva consigo y, cuando fallece, queda en manos de Terrero y de Manuelita Rosas. Manuelita Rosas, casada con Terrero, es decir, los familiares directos de Rosas. En 1896, cuando Gustavo Vergara inaugura el Museo Histórico Nacional, lo solicita al reunir piezas importantes de todo el mundo y darle a este sable un carácter central. La familia lo dona con cargo, es decir, con la condición de que esté exhibido en ese museo. En 1963 y en 1965, la Juventud Peronista lo roba como idea y símbolo potente: se lo querían llevar a Perón, que estaba proscripto durante 18 años. Fue devuelto y, por un decreto de Onganía, se le asigna destino en el Regimiento de Granaderos a Caballo.
En 2014, por decreto de Cristina Kirchner, vuelve a su dueño original, que es el Museo Histórico Nacional, y allí queda con un aditamento importante, en el que tuve la suerte de participar como idea en ese momento: que la custodia del sable siga siendo del Regimiento de Granaderos a Caballo. Esto no fue un símbolo de despojo hacia el regimiento que fundó San Martín, sino una integración: que vuelva a sus dueños, un museo abierto donde puede concurrir todo el mundo a verlo, con medidas de seguridad muy importantes, y donde se organizó un destacamento de granaderos que son los custodios del sable. Por eso me parece que este traslado no tiene mucho sentido o, mejor dicho, tiene un sentido político por parte del gobierno de organizar un hecho en la agenda y devolverlo a Granaderos. El sable está bien donde está y no debería entrar en un juego de mezquindades políticas: si lo tengo yo, lo pongo allá; yo lo entrego, lo devuelvo. El Museo Histórico Nacional, donde figuran otros sables de héroes importantes de nuestra independencia, es un lugar adecuado.
Puede haber también cuestiones de índole personal. Fíjese la relación que el Presidente tiene con los Granaderos: la banda de Granaderos le toca el feliz cumpleaños, canta canciones o interpreta músicas modernas que él recita. Incluso existen versiones de que él mismo se vestiría de granadero en el momento del traslado. Puede ser que haya un pedido por parte de los Granaderos al Presidente y que el Presidente termine concediéndolo por esta relación particular, además de cuestiones de simbología política. Siempre ha sido un símbolo importantísimo del regimiento y, sin duda, debe haber existido una solicitud de su parte. Milei tiene, en ese sentido, un acercamiento psicológico al regimiento que, más allá de ser la custodia presidencial, fue asignado nuevamente como tal en 1907.
Este factor psicológico existe, no tengo dudas, y además hay una utilización política. Estos aspectos —el deseo de los Granaderos, la psicología de Milei y el uso político— configuran este traslado, porque es el único sentido que le encuentro. El museo es el dueño original del patrimonio. El testamento de San Martín se lo dona a Juan Manuel de Rosas de puño y letra. Ese testamento es muy importante porque devuelve al pueblo peruano los símbolos que le habían otorgado y enumera tres títulos: fundador de la libertad del Perú, generalísimo del Perú y brigadier general de la Confederación Argentina. Es un testamento de enorme valor histórico y, por lo tanto, el sable pertenece a Juan Manuel de Rosas y a sus herederos. Hay allí un uso político, un factor psicológico y un deseo.
Déjeme profundizar en el factor político sobre el que usted pone énfasis en cada uno de los cambios: cuál fue ese factor cuando Onganía lo muda, cuando Cristina Kirchner lo muda y ahora cuando lo muda Milei, y qué significa cada decisión. Creo que el primero, como dijimos anteriormente, es el símbolo por excelencia de los argentinos. San Martín nos lega un rasgo identitario fundamental: la fundación de bibliotecas en cada lugar. Dice que la biblioteca es una herramienta destinada a la ilustración universal y más poderosa que nuestros ejércitos para defender la independencia, y rechaza las luchas fratricidas.
Hay aquí una lectura de unitarios y federales, donde Cristina se identifica con los federales. La pregunta es qué está significando para el público no experto en historia cuando Cristina toma una decisión y cuando Milei toma la otra, y cómo podría interpretarse. Toda simplificación es una reducción para comprender la intención de cada presidente al tomar ese símbolo como significante político.
En la decisión de Cristina hay un reconocimiento del valor que San Martín le dio a Rosas, algo muy disputado en la historia, con sectores conservadores que decían que San Martín ya estaba viejo en 1848, con 70 años. Sin embargo, estaba muy lúcido y nunca dejó de pelear por la situación argentina. Es un reconocimiento a Rosas como verdadero heredero del sable de San Martín y se lo devuelve. Políticamente fue un hecho importante.
El decreto anterior fue de un dictador que, con la excusa de la seguridad, en lugar de garantizarla al Museo Histórico Nacional, privilegió el aspecto militar de los Granaderos. Cristina revaloriza, desde el punto de vista histórico, a Rosas y a nuestro patrimonio, y lo devuelve a su propietario original.
Milei, en su discurso de reivindicación de los militares, vuelve a tomar ese símbolo de argentinidad y lo devuelve.
MV