OPINIóN

Acuerdo UE-Mercosur: un nuevo paso en dirección al pragmatismo

La voluntad de concluirlo logró sobreponerse a la disparidad entre los bloques.

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Senado. El resultado de 26 años de negociaciones que puede transformar la economía. | cedoc

La sesión del Senado de la Nación celebrada el pasado 26 de febrero ratificó el Acuerdo UE-Mercosur por un abrumador consenso, 69 votos a favor y solo tres en contra. Ello permitirá a la Argentina acceder a un mercado de casi 750 millones de personas.

Este hito legislativo concluyó un período de casi 26 años en los que las negociaciones atravesaron diversos contextos político-económicos y fueron conducidas por gobiernos de diverso pelaje ideológico. A pesar de la intensidad de los debates y los diferentes posicionamientos asumidos por dirigentes y académicos de ambos lados del Atlántico, el proceso logró acelerarse recientemente gracias a la gestación de un renovado consenso regional en torno a aspectos claves del Acuerdo UE-Mercosur tales como el diálogo político, la cooperación y la liberalización comercial.

La idea subyacente del Acuerdo es desarrollar un marco normativo que aporte previsibilidad al comercio internacional y las inversiones. Asimismo, y continuando la nueva tendencia aperturista de la que ahora hace gala, el Mercosur celebró el pasado año un acuerdo de libre comercio con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) integrada por Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza que elimina aranceles para más del 97% del comercio bilateral.

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Los resultados proyectados por los estados signatarios en relación al Acuerdo UE-Mercosur parecen ser de tal entidad que incluso la voluntad de concluirlo logró sobreponerse a la disparidad de orientaciones ideológicas dentro de cada bloque. En efecto, en la actualidad tanto Argentina como Brasil poseen liderazgos políticos de signo opuesto que, lejos de resultar un obstáculo para avanzar en la concreción del Acuerdo, simbolizaron una señal inequívoca enviada por el bloque sudamericano a favor de la apertura e integración comercial. Debe recordarse que el actual gobierno progresista de Uruguay, primer país de nuestra región en ratificar el Acuerdo, logró al igual que la Argentina un respaldado abrumador. Fue ratificado por casi todo su arco político, esto es, un total de 91 de sus 93 legisladores.

Ahora bien, al regresar a las particularidades del contexto argentino también surge un aspecto que conviene resaltar. Tratándose de una política exterior sesgada y dependiente política y financieramente de los Estados Unidos de América, el gobierno de Javier Milei ha conseguido mantener un apreciable margen de autonomía. Lo acredita no solo la firma y posterior ratificación legislativa del acuerdo con la UE, sino también sus vínculos financieros y comerciales con China, en este último caso, a pesar de la expresa oposición norteamericana.

En otras palabras, dos de los tres vértices de la inserción internacional argentina –China y la Unión Europea– coexisten y se equilibran pragmáticamente con su alineamiento irrestricto a la estrategia norteamericana en materia de seguridad internacional. Queda demostrado entonces que es posible para un país dependiente como la Argentina sostener su agenda aperturista, aun si ella se aparta de la estrategia proteccionista enarbolada por la potencia global.

Pero la realidad nos indica algo más. El pragmatismo ejercido por el gobierno nacional además de ser posible, también puede ser deseable. El alineamiento argentino con los Estados Unidos no solo no impidió desarrollar otras sociedades comerciales y vínculos financieros, sino que resultó imprescindible cuando enfrentó una nueva corrida contra el peso, previo a las elecciones de medio término.

En otras palabras, la ratificación del Acuerdo UE-Mercosur resulta un paso trascendente de la política comercial externa argentina por diversas razones. En primer lugar amplia y consolida el acceso de las exportaciones argentinas al que será uno de los mercados más grandes del mundo, al tiempo que aporta el marco normativo que apalanque nuevas inversiones.

En segundo lugar, la firma del mencionado Acuerdo se transforma en un hito de la política exterior argentina que excede a este gobierno. En efecto, luego de casi 26 años de negociaciones y la participación y apoyo de las principales y más diversas fuerzas políticas, el Acuerdo aparece ante los ojos del mundo como una verdadera política de Estado.

Por último, al asumir un seguidismo sin fisuras respecto a la estrategia geopolítica de los Estados Unidos pero ejerciendo simultáneamente una estrategia opuesta a su proteccionismo comercial, la reciente ratificación argentina del Acuerdo UE-Mercosur ensancha la lógica propia del alineamiento automático a otra que podríamos denominar “alineamiento pragmático” en la que el compromiso del Gobierno con el libre comercio no parece verse vulnerado.

*Politólogo y abogado. Doctor en Ciencias Sociales, Flacso Argentina.