miércoles 06 de julio de 2022
OPINIóN Sin restricciones

Ciudades metaverso: la imaginación al poder

En poco tiempo estudiaremos, trabajaremos y haremos deporte pivoteando entre el universo y el mundo digital del lugar en el que vivimos.

30-01-2022 04:32

SimCity había resultado una novedad en los 90, sencillamente porque era el primer juego electrónico que proponía un entorno virtual en el que podías hacer muchas cosas: partiendo de un terreno vacío, se podía construir todo tipo de edificios, instituciones, autopistas, aeropuertos. Resultaba muy interesante y, de hecho, el juego fue un éxito mundial. Se trataba de crear un mundo distinto en una dimensión, no demasiado desarrollado, que no permitía el juego simultáneo en tiempo real.

Hoy, Minecraft ostenta el récord de ventas en la historia de los videojuegos, habiendo vendido 176 millones de copias en diez años de existencia. Desde el rudimentario y noventoso SimCity, al mejor juego de entorno abierto y creativo de hoy, la evolución quiso que podamos jugar en línea con personas de todo el mundo, asociarnos y recrear ciudades enteras construyendo edificios sofisticados que lleva años terminar. La esencia de Minecraft, tal como suele explicar el creador del juego, Markus Persson, está en los viejos y conocidos bloques estilo Lego: “Desde siempre nos encanta crear, planificar, diseñar y construir nuestro propio entorno vital”. Pero es en el soporte electrónico donde mejor podemos realizarnos, porque las limitaciones del mundo físico se esfuman en un solo clic.

Juego y/o realidad urbana digital. Ahora bien, ¿qué pasaría si lográramos pasar de nivel? Esa pregunta es la que están intentando responder, hoy día, algunas ciudades que, como Seúl, desafían los límites de lo imaginable. La borrosa línea que separa juego y realidad, sumada a las grandes potencialidades de los entornos virtuales enriquecidos con la tecnología actual, están permitiendo lo que hoy genera una verdadera perplejidad global: que los Estados desarrollen sus propios metaversos.

Ya se había empezado a hablar de gemelos digitales que se utilizan, fundamentalmente, en la industria 4.0 para testear, en el plano virtual, desarrollos que luego se fabrican físicamente. De hecho, el diseño en 3D de toda clase de objetos, máquinas o infraestructura edilicia es hoy fundamental para minimizar los riesgos de cualquier implementación.

Pues bien, lo mismo están haciendo las ciudades, con el agregado de que sus réplicas virtuales no solo sirven como bancos de prueba, sino que, a caballo del metaverso, los gemelos digitales de las ciudades ya ofrecen a la ciudadanía la posibilidad de vivir –por ahora– parte de su vida en la dimensión creada por algoritmos.

Ya existe una Shanghai virtual, también una Singapur hecha de bits. Las predicciones que permiten esos gemelos digitales les ahorran millones de dólares a las empresas globales.

Sistemas de transporte, tráfico, personas, generación de energía, consumo, temperaturas, humedad, aire acondicionado y calefacción en edificios, polución; todo está simulado según las reglas que rigen el mundo físico. Pero, a la vez, todos esos parámetros están conectados a datos reales capturados en el mundo físico. La ciudad virtual vive y respira como la ciudad física, y evoluciona con ella de forma continua.

La idea no es tan nueva, pero es cierto que los adelantos tecnológicos requieren siempre algo de maduración. Por ejemplo: Walmart ya había diseñado su propio entorno virtual de compras en 2017. Su propuesta era que los clientes recorrieran las góndolas en el metaverso de la compañía, eligieran productos con el asesoramiento de vendedores virtuales y luego la compra llegara al domicilio. Se trataba de una experiencia de compra en 360°, posible gracias a la realidad virtual ya disponible para entonces. Aunque el concepto fue aprobado por la compañía tecnológica Mutual Mobile, no tuvo gran repercusión, por la razón consignada arriba: el modo en que las tecnologías van formando la madeja dentro de la cual vivimos es un misterio siempre difícil de develar.

No obstante, seis años después, Seúl anuncia con bombos y platillos que será la primera ciudad metaverso. Es probable que en este tiempo (pandemia mediante, desde luego) hayamos vivido una maduración cultural y tecnológica que nos permita comprender cuánto podemos hacer sin necesidad de sacar nuestros cuerpos de casa: basándose en la realidad virtual, los habitantes de Seúl podrán asistir a conciertos y sitios turísticos famosos. Incluso, tendrán la posibilidad de acudir a quejarse de problemas de infraestructura ante el consejo de la ciudad.

Marcas. Las grandes marcas también apuestan al metaverso. De hecho, sabedoras de que, tarde o temprano, buena parte de nuestra vida se realizará en ese entorno virtual con experiencias cada vez más reales (solo dos sentidos, el olfato y el gusto, aún se resisten a los engaños tecnológicos), Nike adquirió la startup Rtfkt para patentar y producir sus primeras zapatillas virtuales.

Así las cosas, las ciudades del futuro (de un futuro muy pero muy cercano, habida cuenta de la velocidad con la que se experimentan los cambios de esta era) deberán considerar no únicamente su dimensión material, física, tradicional. Incluso, al revés: una lectura del reverso de la trama discursiva alrededor de los problemas urbanos permite adivinar que las administraciones locales quizás encuentren en el plano virtual soluciones que cuesta implementar en el mundo físico.

Al elevar la vista, el horizonte plantea complejidades que hoy, todavía, forman parte de la ciencia ficción o el mundo gamer. Montar, sobre la realidad que supimos concebir, un nuevo espacio desarrollado íntegramente por algoritmos, en el que la experiencia inmersiva sea tan verosímil que nos haga elegir el metaverso por sobre el entorno urbano tangible, es un desafío de enormes proporciones.

No obstante, si tal como indican las tendencias, para 2025 el 70% de la población mundial se concentrará en conglomerados urbanos, no cuesta tanto intuir el éxito de las ciudades metaverso: será cuestión de caer en la cuenta de que en el mundo virtual quizá no hay atascos de tránsito ni impedimentos que obstaculizan la vida hecha de átomos. Dicho de otra manera, en poco tiempo haremos deporte, estudiaremos y trabajaremos pivoteando entre el universo y el metaverso de las ciudades en las que vivimos. Si se replica, con ventajas, el mundo físico en el digital, a cada paso elegiremos según criterios que hoy todavía no podemos identificar claramente –pero ojalá respondan a los intereses de la ciudadanía y contribuyan a mejorar nuestra calidad de vida en las ciudades.

*Fundadora de Trend Smart Cities y directora de la Diplomatura en Smart Cities de la Escuela de Gobierno de la Universidad Austral.