martes 24 de mayo de 2022
OPINIóN Nuevas soluciones
18-07-2020 23:40

Covid-19 y desempleo

18-07-2020 23:40

Las consecuencias de la emergencia sanitaria por la pandemia son incontables, se habla de una transformación mundial y de cambios de paradigmas sin retorno. Sin duda, el desempleo es uno de los resultados más concretos de esta situación.

En Argentina, además, existe desempleo endémico, una situación de inestabilidad y falta de trabajo que se mantiene hace décadas. La pandemia expresa y agrava deficiencias previas, problemáticas complejas que se amplifican por sí mismas: podrían graficarse como las curvas exponenciales de contagio del Covid-19. Cuando alcanzan determinado volumen y velocidad, no admiten soluciones simples ni únicas. A pesar de que se intente, estas soluciones pueden ser neutralizadas por otros elementos y aún, causar nuevos perjuicios.

Más temprano o más tarde, la búsqueda de soluciones generales puede tropezar con dificultades irreparables, salvo que se encaren cambios mayores, como reparar el histórico hacinamiento en los asentamientos precarios y en el transporte público en las áreas metropolitanas.

Un intento de solución única que puede ser nocivo es dejar todo en suspenso hasta que una solución fuerte nos permita volver a la “normalidad” de siempre. Soluciones de esta clase pueden ser la vacuna o, peor, “hacer de cuenta” que la pandemia pasó. Por el contrario, la efectividad resulta de aplicar soluciones parciales (por ejemplo, locales) a problemas que puedan aislarse.

Hay que entender que, si bien siempre hay motivos valederos para la desesperanza, nunca faltan motivos para pensar que podemos mejorar. Es importante destacar lo significativo que resulta pensar estos medios en términos de consensos de los actores sociales.

El presente, con el aislamiento domiciliario y las restricciones que nos dejan inactivos en varios aspectos, predisponen a la incertidumbre, la angustia, el aburrimiento, los desencuentros con los nuestros y con nosotros mismos. Es un campo propicio para un enfoque pesimista. Pero también podría ocurrir que al desprendernos obligadamente de las rutinas podamos conectarnos con otros ideales y otras imágenes de la realidad y de nosotros mismos que permitan adquirir nuevas habilidades y competencias, desde donde puede crecer una mejor forma de desenvolvernos.

¿Cuál de los enfoques va a predominar? Depende de cada uno de nosotros y de la comunidad laboral. Tanto respecto de la pandemia como de la desocupación, si nos damos cuenta de que se trata de nuestras vidas y de nuestro futuro, daríamos prioridad al querer hacer.

En el campo de la salud pública, por ejemplo, un enfoque proactivo puede dar impulso a múltiples acciones locales que mejoren la seguridad de las personas, y podría impulsar acciones más generales y de fondo para contrarrestar la macrocefalia de las áreas metropolitanas.

En el campo de la desocupación, un primer escalón será que vuelvan a trabajar quienes hoy están ocupados; pero ello no puede representar volver a la “normalidad” anterior. Requiere cambios significativos, por ejemplo, en el transporte, los horarios, el diseño de puestos y procesos.

Nuestra desocupación “endémica” requiere condiciones objetivas para mejorar: una economía más vigorosa y menos concentrada económica y demográficamente, que demande trabajo. Pero también, en mayor medida que lo que se suele pensar, una población de trabajadores capaces de ofrecer trabajo.

Tantos años de desocupación “estructural” han llevado de alguna manera a todos a descreer que los desocupados puedan ocuparse productivamente. Lo peor es que ellos mismos comparten esa creencia, que les cierra “desde adentro” sus posibilidades efectivas. El intento serio de capacitar al desocupado no puede sino nutrirse de su iniciativa y decisión: no empieza ofreciéndole enseñanza, sino peguntándole qué quiere hacer y acompañando sus iniciativas para lograrlo.

 

* Profesor Maestría en Dirección y Gestión de RR HH, Universidad Blas Pascal (UBP), Profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA).