viernes 01 de julio de 2022
OPINIóN Ficción y realidad

Cuando la Guerra Fría sube a escena

03-06-2022 23:55

En algún país totalitario, a mediados del siglo XX…”. Así reza la didascalia que preside el libreto de El Cónsul, la ópera de Gian-Carlo Menotti (1911-2007) estrenada en 1950 y que acaba de subir a escena en el Teatro Colón como segundo título de su temporada oficial.

Con o sin aquella advertencia contextualizadora, resulta imposible para el lector o el espectador no verse, ya desde su escena inicial, rápida y casi brutalmente sumergido en este trágico drama. A los pocos segundos de levantado el telón, John Sorel -perseguido también de modo brutal por la policía secreta- corre raudamente a refugiarse en su hogar en el que vive con su esposa Magda y su pequeño hijo. Luego de irrumpir en el hogar una vez que Magda logra esconder a su esposo, el oscuro policía secreto se dirigirá a ella pronunciando un parlamento que no puede no resonar escalofriante en cualquier oído todavía sensibilizado por la experiencia autoritaria: “Señora Sorel, su marido tiene muchos amigos. Nosotros estamos interesados en ellos; queremos saber sus nombres. Sí, nosotros podemos dejarla tranquila siempre y cuando usted nos ayude. Sí, usted puede ayudarnos a dar con los enemigos del Estado”.

Si la didascalia cumple la función de ubicar espacio-temporalmente al lector de un texto teatral, en la contextualización de este -por momentos- asfixiante drama, no puede soslayarse todo lo que se halla condensado en el año de su concepción.

Por un lado, 1950 remite ineludiblemente a cualquiera de los regímenes que junto con el soviético mismo, funcionaron bajo la égida del stalinismo y sus asfixiantes sistemas de control sobre las libertades de sus ciudadanos. Sin abandonar el mundo musical de la época, en 1946 se había producido el restablecimiento por parte del gobierno soviético del compositor Dmitri Shostakóvich, luego de que el mismísimo “Gran Conductor” escribiera de su puño y letra una condena explícita del arte compositor por contrario a los valores del “realismo socialista”, luego de asistir personalmente a una representación de su ópera Lady Macbeth de Mtsensk. Desde ese hecho y hasta su rehabilitación pública, la vida –y también las creaciones de Shostakóvich- quedarían impregnadas por un enfermizo stress postraumático y un síndrome de persecución, nada alejados de las peripecias de los protagonistas de “El Cónsul”.

La historia de John y Magda, no se aleja de los que sufrieron el totalitarismo

Pero, al mismo tiempo, resulta indispensable tener presente que para la fecha de la concepción de El Cónsul, Menotti era un compositor ítalo-norteamericano que residía desde 1928 en los Estados Unidos. Aquel año fue también para la potencia americana, el de los inicios del macartismo, ese período en el que el Comité de Actividades Antiestadounidenses creada a instancias del senador Joseph McArthy, comenzó a sembrar una delirante y también totalitaria “caza de brujas” sobre toda persona sospechosa de comunista.

En síntesis, asistir a una función de esta ópera –y mucho más con el acierto con el que fue plasmada por sus responsables musicales y escénicos- no puede no inscribirse y mucho menos comprenderse sino en el marco de la Guerra Fría, un período en el que, siguiendo al historiador inglés Eric Hobsbawn, la coexistencia de las potencias enfrentadas fue posible solo mediante la imposición de una férrea, radical y mutua intransigencia ideológica.

La sucesión de las escenas de El Cónsul va dando forma a un drama ficticio en el que el protagonismo de Magda se confunde con el del “Sistema”, una ficción que -finalmente saldría a la luz- denunciaba muchos de los dramas que estaban siendo reales: los de miles de seres humanos comunes que junto con la persecución y el cercenamiento de sus libertades, eran degradados en su condición de personas, siempre que hubieran logrado, claro, alcanzar a conservar sus vidas.

La historia de John y Magda Sorel, en definitiva, no se aleja demasiado de muchas de las vicisitudes narradas –y sobre todo vividas- por quienes sufrieron el totalitarismo. En cualquiera de sus formas. Y en todos los tiempos.

*Sociólogo. Especialista en temas culturales.