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OPINIóN / Crisis en Chile y Bolivia
viernes 22 noviembre, 2019

Curiosidades del golpismo y golpistas

La diferentes situaciones en países latinoamericanos. ¿Se habla de una nueva modalidad de Golpes de Estado?

Gustavo Druetta*

Días pasado y la brutal represión de los Carabineros Foto: AP
viernes 22 noviembre, 2019

Es curioso nuestro país. Uno prende la tv o abre el diario, o lee las redes, y hay un sinfín de sesudos pseudo especialistas en golpismo latinoamericano a propósito de la crisis en Bolivia. Se habla de una nueva modalidad de Golpes de Estado. Ahora ya no serían una conspiración de cúpulas militares azuzadas por las oligarquías y los EE.UU., tal como ocurriera en nuestro país durante la “Guerra Fría” contra gobiernos populistas como el de Perón en 1955, o desarrollistas como el de Frondizi en 1962, o reformistas como el de Illía en 1966, apoyados todos por buena parte de la clase política y gremial. Los dos últimos acicateados por los prolegómenos y el ascenso de la guerrilla revolucionaria y la violencia política en los 60 y 70. Hoy serían golpes “sui géneris” por la falta de sostén de las FF.AA. a gobiernos neo populistas asediados por movilizaciones opositoras, y desgastados por falta de alternancia en el poder y/o sospechas de fraude electoral, al tiempo que atacados por sus reformas sociales.

Si se aplica este esquema al caso coetáneo de Chile, la brutal represión de los Carabineros –cuerpo policial militarizado equivalente a nuestra Gendarmería- contra las masivas y prolongadas movilizaciones opositoras, habría desencadenado una especie similar de golpe blando, pero en sentido progresista. Piñeira no se ha visto forzado a renunciar, pero sí a llamar a un plebiscito constitucional, es decir, a aceptar un cambio de régimen político a corto plazo. Si bien no presionado por las FF.AA. a abandonar el gobierno por obvias afinidades ideológicas, descartó emplear el poder de fuego militar para resguardar el orden conservador. ¿O su orden fue rechazada por los mandos?.

Crisis en Bolivia: cuando las prácticas criminales se esconden tras la “legalidad”

En el caso boliviano donde los generales aconsejaron a Evo dejar el poder ¿habrán soslayado acaso una orden de acción disuasiva o represiva dada por el gobierno de Evo contra las regionales policiales sublevadas? Eso explicaría que, hasta ahora, sean las fuerzas policiales las empleadas en la represión directa de los partidarios de Evo. Los militares latinoamericanos ya saben que después son los patos de la boda. Ahora bien, lo que sucedió en la Argentina en diciembre de 2001 ¿habría sido el inicio de esa nueva modalidad encubierta de golpes de Estado? En esa oportunidad, y aún luego de la declaración del Estado de Sitio por De la Rúa, las FF.AA. se negaron a salir a la calle, ya con la policía superada. Lo decidió el entonces jefe del Ejército, Gral. Ricardo Brinzoni, al no recibir la orden escrita tal como había solicitado a su Cte. en Jefe constitucional. Lo que habría advertido aquella madrugada a su ex compañero de promoción del Colegio Militar, el Canciller Adalberto R. Giavarini, y al ministro de Defensa Horacio Jaunarena. Obviamente, Brinzoni no necesitó sugerirle a De la Rúa que abandonara la Casa Rosada en helicóptero cuando ya se superaban los 30 muertos en todo el país. La falta del sostén militar no fue un nuevo tipo de golpismo. Fue evitar una guerra civil con muchos más muertos, peligro que ha venido sobrevolando en Bolivia al escribir estas líneas.

¿Qué hubiese pasado si en aquella Argentina, y en Chile ahora, los militares hubiesen aplastado a sangre y fuego la insurrección popular? Y si en Bolivia hubiese ocurrido lo mismo frente a la protesta social y opositora contra Evo. ¿Y qué pasaría si ahora lo hicieran contra los partidarios de Evo? En todos esos casos, los actuales militares de los tres países habrían de pagar nuevamente el papel de represores de sus pueblos. Tal como ha ocurrido en éste siglo con dos generaciones de militares argentinos por su rol en los 70, al haber incurrido el poder de facto en graves violaciones a los derechos humanos en la guerra contrarrevolucionaria y terrorismo de Estado. Con tal ejemplo, las nuevas generaciones militares de la subregión ¿se animarán a seguir siendo considerados enemigos de sus compatriotas? La “Confederación Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia” ha acusado puntualmente del golpe a la policía boliviana, junto a los partidos de derecha. A las FF.AA. les exige que despejen calles y carreteras por donde pasan las movilizaciones. No las acusan de golpistas.

El estallido latinoamericano

Que nuestros medios inviten a un conocido “autocrítico” jefe militar de los 90 a opinar sobre golpes de Estado, es otra curiosidad. Desconocen, o fingen desconocer, que el general-embajador Martín A. Balza revistaba, durante sus 40 años y más, en la jerarquía de “Oficial Jefe” del ejército comandado por Videla y sucesores, durante la peor dictadura cívico-militar sufrida por nuestro país. Nadie le pregunta al inefable octogenario, si alguna vez se enteró de violaciones a los DD.HH. en Campo de Mayo, cuando en 1978/79 como Mayor y Tte. Coronel, jefe de estudios de la Escuela de Artillería, recorría aquella guarnición en su función de “Oficial de Día” para dar el “sin novedad” al comandante de la misma. ¡Y en tal caso qué hizo! O si como Jefe del Grupo de Artillería de Paso de los Libres desde fines de 1979, y corresponsable de la “zona de seguridad” y “comunidad de inteligencia” antisubversiva correntina, nunca se enteró de que en su jurisdicción funcionaba un “chupadero” llamado “La Polaca”. Allí fueron secuestrados, torturados y desaparecidos miembros de la “contraofensiva” Montonera de 1980, capturados al entrar por el puente de Uruguayana. Es obvio que Balza no perdió a su carrera ni tuvo dificultades profesionales por inéditas convicciones, como si la tuvieron un centenar de sus camaradas, 33 de los cuales fueron expulsados en 1979/1980, considerados peligrosos por su falta de “cohesión espiritual” con el Proceso. Resulta curiosísimo que siga siendo el portavoz estrella del honor castrense, la ética sanmartiniana y el ethos democrático.

*Sociólogo y periodista.


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