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OPINIóN / Opinión
viernes 16 agosto, 2019

Woodstock no necesita ser romantizado

Al cumplirse 50 años, el autor de esta nota que estuvo presente en el mítico festival recuerda aquella fiesta popular y el contexto político.

Dennis Weisbrot (*)

En 1969, Michael Lang y sus socios en Woodstock Ventures asumieron una pérdida de US$1,3 millones en el primer festival de Woodstock. "El dinero no era mi motivación en ese entonces", señaló el hombre de 74 años. Foto: Bloomberg
viernes 16 agosto, 2019

Recuerdo haber hecho dedo unos 300 kilómetros desde Filadelfia hasta la granja familiar Yasgur, el sitio del Festival de Música Woodstock en el estado de Nueva York. A medida que circulaban las noticias del evento, las carreteras se atascaron con el tráfico y se detuvieron, así que abandoné el automóvil y caminé, bailé y fumé marihuana los últimos 10 kms, acompañado por un desfile de hombres jóvenes barbudos, pelilargos, y mujeres con flores en el pelo que, mientras yo fumaba, mágicamente adquirieron aspectos que recordaban al Hombre de Hojalata, el León, el Espantapájaros y a Dorothy, todos retozando hacia la tierra de Oz.

Pero cuando llegué al sitio, las vallas habían sido retiradas junto con las taquillas, y el evento se convirtió en gratuito. Y aunque esto fue solo a un mes después de que los astronautas caminaron en la luna y me impregné de la ingenuidad juvenil de que todo era posible, por desgracia fue en vano querer localizar a mis amigos entre la multitud que creció hasta 500.000 personas. Pienso que nuestro plan "bien concebido", era "Nos vemos en Woodstock", carecía de la especificidad necesaria ante tal tamaño desafío.

Woodstock, el legendario festival de la era hippie, celebra sus 50 años

Recuerdo que fue como estar un fin de semana largo con una tribu primitiva amigable de almas, de ideas afines que comparten drogas psicodélicas, comida, bailes improvisados y lugares secos para dormir. Había mucha lluvia, mucho barro, y mucha música; Richie Havens, Janis Joplin, Hendrix, The Who, Crosby, Stills y Nash, Ravi Shankar, Santana, Joan Baez, Joe Cocker ... la lista continúa.

Demonios, mirá la película y lo verás todo, porque como se ha dicho, "Si recuerdas los años 60, no lo viviste". La confusión de los acontecimientos en esta tumultuosa década, dificulta la catalogación uniforme de la información; comenzando con el asesinato del Presidente John Kennedy y la escalada de la guerra en Vietnam, una desgracia nacional que generó una grieta enorme en el país y dividió a las familias y enfrentó hermanos/as contra hermanos/as y fue el producto paranoico de la llamada Guerra Fría que luego daría luz verde a los dictadores del Cono Sur. Una consecuencia del movimiento de derechos civiles que tenía como objetivo poner fin al apartheid de los Estados Unidos fue el asesinato de su amado líder, Martin Luther King, el encarcelamiento de otros líderes negros, y en el mismo año, el asesinato de Robert Kennedy -candidato presidencial que planeaba dar fin a la guerra- enrarecieron el clima político.

El movimiento feminista se aceleró, la liberación gay levantó su bandera, los chicanos exigieron un asiento en la mesa, las tribus indígenas demandaron la restitución y la reforma agraria. Y mientras los bebés nacían y los ancianos morían, la música sonaba en cada ventana y la poesía flotaba sobre los tejados, las calles se llenaban de rabia y de manchas de sangre. Los disturbios estudiantiles estallaban en los campus universitarios - 4 estudiantes asesinados en la protesta en la Universidad de Kent State. Motines en las cárceles - 41 presos asesinados en el Attica Penitenciaria. La respuesta fue siempre una brutal represión gracias a los agentes de Estados Unidos, una oligarquía venal en la ropa de una democracia constitucional.

La nuestra fue una generación que colocó todo bajo el microscopio, cuestionó la propaganda impuesta por el poder corporativo, los títeres del Complejo Industrial Militar, las industrias farmacéuticas, las de combustibles fósiles y toda la letanía de glotones financieros, los señores maquiavélicos del universo que gobiernan la tierra.

Pero, ¿A qué nos condujo nuestra conciencia y activismo? El mito permanece entre muchos de que EEUU es un "faro de esperanza" y "un bastión de la libertad", aunque derroca a los líderes elegidos democráticamente e instala gobiernos obedientes; aunque un puñado de hombres concentra más riqueza que la mitad más pobre de la población (160.000.000 personas); aunque es un monstruo imperial voraz que roba y consume los recursos del mundo, y que ahora, con poco más del 4% de la población mundial tiene el 50% de las armas en circulación, es el responsable de un tercio de la contaminación mundial, y además tiene el 22% de los prisioneros del mundo.

Y ¿qué significa en realidad Woodstock, este evento icónico? ¿Una celebración de finales de los 60 y el nacimiento de un nuevo paradigma, o una glorificación ritual del exceso y el hedonismo? ¿Moda o resistencia antisistema? ¿Sustancia o estilo? ¿Un principio o un final? No lo sé. Dejo que los historiadores lo resuelvan.

Para muchos, los años 60 nos llevaron a una vida de servicio comunitario, de ideales comprometidos, otros se conformaron y se unieron al establishment, y para otros, los años 60 fueron un crucero de placer que terminó en un naufragio de adicción, alienación y daño; la encarnación del poema profético de Ginzberg, Aullido: "He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura ..."

Quizás lo que Estados Unidos se ha convertido como nación se refleja en lo que los de mi generación se han convertido como individuos.

Y tal vez Woodstock no necesita ser romantizado o considerado en el contexto de la época, sino simplemente como una fiesta de puta madre.


* Dramaturgo norteamericano que reside en Argentina desde 1998.


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