lunes 20 de septiembre de 2021
OPINIóN Política en crisis
10-11-2020 16:28

Más vale un influencer posteando que cien funcionarios hablando

Correspondería ser más coherentes y hacerse cargo de los errores de la comunicación pública en pos de sostener las políticas sanitarias gravitantes y proteger al Presidente y al gobierno en su conjunto.

10-11-2020 16:28

Resultó al menos llamativa, para algunos escandalosas, que la principal vocera del Ministerio de Salud de la Nación, Carla Vizzotti, expresara que: “Podría sumar que haya famosos que se vacunen para generar confianza”.

En este contexto de desgaste de la administración del Gobierno Nacional, con sus internas sectoriales y funcionarios estrellas, que como bien remarco la Vicepresidenta de la Nación hay: "funcionarios o funcionarias que no funcionan"ponen en tela de juicio nada menos que un factor concomitante entre la idoneidad para el ejercicio de la función pública y su correlato que es la comunicación institucional de los actos públicos y la rendición de cuentas.

Es decir, el déficit de credibilidad y autoridad debe sostener o aumentarse en base a los influencers y celebrities de ocasión volviéndonos a la época de la videopolítica, al politainment. Reconocen los funcionarios que como actores políticos ya no están solos en la área política y mediática pero creen resolver este problema tácticamente con actores no políticos. Paradójicamente, disuaden resistencias despolitizando el mensaje.

El famoso que se ofreció primero para darse la vacuna rusa

Por ello, que se considere para un tema tan delicado la utilización espontánea, o no, de influencers sociales y culturales nacidos al calor de las nuevas redes de comunicación –que los legisladores oficialistas quieren regular– y éstos le transfieran su reputación y credibilidad a las campañas de riesgo y/o de bien público por la vacunación es algo pocas veces reconocido y requerido desde el inicio de la democracia. Además, de lo impropio que un vocero de la cultura se transforme en un vocero sanitario.

Es más, nos recuerda a épocas de los medios de comunicación de masas y las campañas de propaganda para épocas de guerra, catástrofe, situaciones en las que la sociedad corría riesgos serios de segregación, de desunión o desintegración y que ello ponía en peligro la gobernabilidad política y por ende a la estabilidad del régimen político, presidente incluido.

Por ello, no deja de ser llamativa que ambas expresiones en poco tiempo se articulen en pos de conseguir, de modo alternativos y poco ortodoxos, legitimidad a las políticas de vacunación por el Covid-19.

La comunicación de gobierno, también en ruso

Creo, correspondería, ser más coherentes y hacerse cargo de los errores de la comunicación pública y volver a fortalecer a los voceros naturales de los gobiernos, dentro del Ministerio de Salud, dentro de la Jefatura de Gabinete o incluso del Ministerio del Interior, en pos de sostener las políticas sanitarias gravitantes y así proteger al Presidente de la Nación pero así también al gobierno en su conjunto.

No hay que olvidar aquella famosa frase gobierno bien pero comunico mal (Riorda) en la que expresaba: Si la comunicación política no actúa bien, no hay consenso y si no hay consenso, no hay buena gestión. El acto esperable de parte del gobierno entonces es recuperar la buena política en todas sus dimensiones en pos de que no sean actores sociales quienes asuman solidariamente el costo y paguen estos un riesgo máximo e irrecuperable en su credibilidad validando la efectividad de las dosis.

Recalco esto en tanto que, de haber problemas con las vacunas la afectación a su principal capital que suele ser su buen nombre en el ámbito social, cultural y mediático es una crisis, con todas las letras, que no les corresponde correr aún cuando sean adherentes del gobierno.

La carta de Cristina Kirchner y la novela tras la rosca del acuerdo

Todo esto, salvo que la expresión de Vizzotti fuera un exabrupto o bien, no estemos viendo del todo claro que todo esto está premeditamente concertado para que se actúe bajo la ética de la convicción y no de la responsabilidad (Weber). Hechos que finalmente pueden demostrarnos que desde el gobierno se instrumentalizan a las personas bajo el paraguas de los mejores motivos y fines públicos.