OPINIóN
Guerra en Europa

América Latina frente a la crisis alimentaria mundial

La guerra en Ucrania ha generado un colapso de las exportaciones de productos agrícolas de la región cuyos destinos no son sólo la Unión Europea sino, por ejemplo, el Medio Oriente y el norte de África.

Ucrania 20220321
Guerra Rusia y Ucrania. | AFP

La guerra en Ucrania ha generado un colapso de las exportaciones de productos agrícolas de la región, como trigo, maíz y aceite de girasol, cuyos destinos no son sólo la Unión Europea sino, por ejemplo, el Medio Oriente y el norte de África. A la reducción de su oferta y aumento de precios se suman la de los fertilizantes y otros insumos, que incrementa los costos de producción a escala global afectando las exportaciones de otras regiones.

A pesar de que Rusia pueda canalizar parte de su producción a través de otros países, la situación encendió las alarmas a nivel global. Al respecto, algunos especialistas han indicado la importancia que tendrían los países americanos para aliviar esta escasez, lo que nos lleva a preguntarnos si esto es así y hasta qué punto puede serlo.

Los efectos en América Latina

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Según datos de la última década del Banco Mundial y de las Naciones Unidas, Rusia, Ucrania y Bielorrusia suponen aproximadamente el 3,4% de las exportaciones mundiales de alimentos y 4,3% de las materias primas agrícolas, aunque son críticos en algunos productos como los arriba mencionados. Estos países sumarían, a su vez, el 2,4% y el 1,5% de las importaciones globales de cada rubro.

Entonces, la guerra y las sanciones tienen un impacto global superior al que habitualmente se menciona, porque estos países son el destino de exportaciones desde regiones como Europa y las Américas, además de que afecta la viabilidad de la inversión extranjera allí radicada dedicada a estos sectores.

En cuanto a nuestro continente, éste sumaría el 30% de las exportaciones y el 18% de las importaciones globales de alimentos y materias primas agropecuarias para su producción. Las exportaciones de Norteamérica y Sudamérica totalizan 15% y 13%, y sus importaciones el 13% y 4% respectivamente. Por su parte, Centroamérica y el Caribe sumarían el 1% y 0,1% de las exportaciones, y el 0,1% y 0,02% de las importaciones mundiales. Por lo tanto, Sudamérica sería el mayor exportador neto del continente.

Los péndulos de América Latina

La información expuesta abonaría la hipótesis sobre el rol del continente americano en esta crisis. Sin embargo, esto requiere, al menos, tres importantes observaciones adicionales a lo dicho sobre algunos productos específicos.

Primero, si se analiza el tema a nivel país, algunos son deficitarios cuando se suman todos los alimentos y materias primas aplicadas a su producción, como son México, Venezuela, Panamá, El Salvador, Surinam y todo el Caribe, existiendo casos desesperantes como Haití. El resto son superavitarios, destacándose Canadá, Estados Unidos, Brasil, Argentina, Bolivia y Paraguay. En lo que refiere a este grupo, su diferente estructura productiva y exportadora implica que no todos se verían beneficiados de la misma manera.

Segundo, producir y exportar cacao, bananos, café y frutas es relevante para el empleo y las divisas, no así en materia de seguridad alimentaria. Lo que son críticos son el maíz, el trigo y el aceite, además de las carnes y lácteos, productos que muchos países latinoamericanos deben importar, ahora, a precios bastante más elevados. Por ello, aun países superavitarios en términos agregados como Guatemala, Honduras, Ecuador y Chile podrían enfrentar situaciones delicadas por su canasta de producción e importación.

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Finalmente, no todos los exportadores podrán aumentar su oferta, ya sea porque están al límite de su capacidad, por el clima, por el encarecimiento o falta de insumos, o por políticas públicas que afectan negativamente los incentivos para producir y exportar.

En conclusión, además de que la crisis nos afecta en diversos modos y grados, parece poco probable que podamos suplir a corto plazo la reducción de oferta de la región en guerra. Más allá de estas consideraciones, lo que vivimos también nos debería hacer reflexionar sobre el boom de commodities de la década pasada que, al tiempo que beneficiaba a no pocos países, disparó la primavera árabe y crisis de todo tipo alrededor del mundo cuyas consecuencias aún padecemos.

 

* Juan Miguel Massot. Director del Instituto de Investigación de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad del Salvador (USAL).