lunes 02 de agosto de 2021
OPINIóN Análisis
22-04-2021 12:21

La Marina Mercante, un sector esencial que no está en las listas de vacunación

Operadores de dragas y de carga y descarga, señalizadores, prácticos, patrones de remolcadores de puertos y lanchas de amarre, son fundamentales en el día a día. Paradójicamente, ninguno ha sido declarado “esencial” a la hora de recibir de manera prioritaria la inmunización contra el Covid.

22-04-2021 12:21

La Argentina tiene 4.700 kilómetros de litoral marítimo más la gran cuenca del Plata, con los ríos Paraná y Uruguay funcionando como sistema arterial natural para el comercio en una región capaz de producir por sí sola alrededor de un tercio de los alimentos que demanda el mundo. La importancia de la marina mercante en un país con estas características geográficas debería ser obvia, y de hecho lo es: hace más de 200 años, en vista de la importancia del manejo del comercio exterior para la soberanía de un país, Manuel Belgrano creó la Escuela Nacional de Náutica, donde hasta el día de hoy siguen saliendo muchos de los profesionales de a bordo mejor formados del continente.

A pesar de esa importancia obvia, hace décadas que la Argentina ha decidido mirar para otro lado en lo que se refiere a su marina mercante. A mediados de la década de 1990 la flota mercante de bandera nacional acabó su proceso de desguace y el comercio exterior pasó a manos de flotas transnacionales que operan bajo las llamadas “banderas de conveniencia” para pagar menos impuestos (y para peor, tributando en países que les ofrecen legislaciones más laxas y no en la Argentina).

 

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Estas flotas mercantes operan además en aguas argentinas con tripulaciones extranjeras, a menudo con un menor grado de preparación que la de los capitanes y oficiales egresados de la institución fundada por Belgrano, la Escuela Nacional Fluvial, la Escuela Nacional de Pesca o las instituciones de nivel terciario y universitario con que cuenta nuestro país para formarlos, en gran medida gracias al esfuerzo realizado por los sindicatos y asociaciones profesionales del sector. Las consecuencias de dejar el comercio exterior en manos inexpertas ya han sido trágicas en materia de seguridad, como nos recuerda el hundimiento del buque arenero Río Turbio en las inmediaciones de Zárate a causa de una mala maniobra de un buque mercante paraguayo, con un saldo de seis muertos, en mayo de 2012.

Algunas recientes medidas del Gobierno nacional probablemente hicieron que los argentinos presten atención, aunque sea momentáneamente, a la importancia de la marina mercante. El llamado a licitación para el mantenimiento de la Hidrovía Paraná-Paraguay y la apertura del Canal Magdalena, para conectar la cuenca del Plata con el Mar Argentino y habilitarla como vía navegable, nos recordó la importancia del trabajo necesario para mantener las condiciones de tránsito, la operación de las cargas y la entrada y salida de nuestros puertos.

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Así, vemos que la salida al exterior de las más de 90 millones de toneladas anuales de granos de exportación, más la producción industrial que genera divisas para el país, más los productos e insumos importados de los que dependen tanto el surtido de las góndolas de los supermercados como la industria y la producción local, requieren del trabajo diario e imprescindible de centenares de operadores de dragas, señalizadores, operadores de carga y descarga, prácticos, patrones de remolcadores de puertos y lanchas de amarre. Paradójicamente, ninguno de ellos ha sido declarado “esencial” a la hora de recibir de manera prioritaria la vacuna contra el SARS-CoV-2.

Sin embargo, si a la Argentina han seguido ingresando divisas por exportaciones a lo largo de esta cruel pandemia –y si no le han faltado insumos a nuestra industria ni productos a las góndolas de nuestros supermercados– es porque todos estos trabajadores esenciales han estado día a día en sus puestos de trabajo, cumpliendo sus tareas en contacto con personas y con cargamentos provenientes del interior y del exterior, con estrictos protocolos que los sindicatos nos ocupamos de hacer validar ante las autoridades sanitarias y de velar para que las empresas cumplan.

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Esta pandemia es un episodio traumático que nos ha tocado transitar y no sabemos aún cuándo ni cómo acabará; no es cuestión de hacer reclamos sectoriales en un momento donde lo único que hace falta es más solidaridad de parte de todos. No haber puesto al personal de la marina mercante en la lista de prioridades para la vacunación (a pesar de este indiscutible carácter “esencial” de su trabajo para todo el país) tal vez no sea más que un mero síntoma de la desatención generalizada que el país ha tenido por décadas respecto de uno de sus principales recursos de su economía y de su soberanía. Reconocer ese carácter esencial de los trabajadores de la marina mercante –además de entender que su trabajo no es menos esencial que el de los docentes o el de las fuerzas de seguridad– sería, además de una necesidad para proteger su salud y sus vidas, una manera de empezar a reconocerle a este sector largamente olvidado la importancia que tiene para el país. Y sería además una acción coherente con el actual intento de recuperación de la marina mercante nacional como recurso estratégico.