26 nov 2020
OPINIóN |Columna de la UB
martes 27 octubre, 2020

Necesitamos agregar valor a las exportaciones de alimentos

Mediante el aumento de valor en origen de la producción se incrementan las divisas, el empleo y la calidad de vida de las personas incluidas en los diversos clusters agroindustriales.

Leonardo Galaburri*

Exportación de granos. Foto: Super Campo

Desde hace 200 años, la Argentina comercia productos agropecuarios con el mundo. En este período, los productos agropecuarios recibieron variadas valoraciones relativas económicas, de acuerdo con la demanda internacional. La capacidad de generar oferta de la agroindustria se mantuvo en permanente incremento, sumando inversiones, tecnología, capacidad y aprendizaje.

Desde aquellos tiempos hasta estos días fueron pocos los logros en incrementar el valor de los productos exportados. Éste es un tema de gran importancia porque, mediante el aumento de valor en origen de la producción se incrementan las divisas, el empleo y la calidad de vida de las personas incluidas en los diversos clusters agroindustriales.

La oferta exportable no proviene sólo de la capacidad de las empresas agroindustriales. Ella resulta de la compleja relación de los incentivos y restricciones que impone el Estado.

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Parte de la complejidad es que la generación de productos que exporta la Argentina no es sólo fruto de los esfuerzos de una empresa, sino que existe una cadena de valor formada por distintos grupos de compañías que realizan funciones específicas y se organizan en una jerarquía natural para obtener los productos con la calidad que exigen los mercados a los que abastecen.

La cadena de valor agrícola se compone de un grupo de empresas generadoras de semillas que reúnen la información genética capaz de determinar las características necesarias para producir mayor cantidad por hectárea, más barato y con mayores beneficios para el ambiente. El siguiente eslabón contiene a empresas que multiplican las semillas y las adaptan a las distintas regiones productoras.

De ahí en adelante se vuelve todo más predecible, ya que las empresas que continúan tiene por objeto producir los granos en forma masiva. Luego, la industria transforma granos en aceite, biodiesel, harinas, alimento animal, glicerina y bioetanol, entre otros productos. Otro grupo de empresas se encarga de acercar los productos a los consumidores del mundo.

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De este modo se generan los productos que la Argentina exporta. Esos productos tienen como destino el consumo animal, el uso industrial o el consumo humano de sectores de bajos recursos. Entonces, es el momento de diseñar sistemas para la obtención de productos de mayor valor, destinados al consumo de personas con mayores recursos.

En la actualidad, poseemos un ágil sistema de commodities que es sustentado mayormente por la demanda de los países asiáticos. Es necesario elaborar sistemas de generación de productos que se ofrezcan en las góndolas de los supermercados del mundo y en los comercios de productos más selectos. Éstos requieren gran fortaleza en el eslabón de distribución para fortalecer la capacidad de ventas en las distintas plazas.

La agroindustria, desde los inicios de la Argentina, sostiene la principal estrategia para generar divisas. A su vez, éstas se producen con distintas relaciones entre las fuerzas productivas y el Estado. Las relaciones en las cadenas de valor son acuerdos más o menos explícitos y más o menos formales, que van desde las meras condiciones de pago o los estándares de las commodities hasta complejos compromisos de entrega de productos frescos a decenas de miles de kilómetros de distancia o certificaciones específicas de una cadena comercial.

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Los acuerdos sanitarios son una etapa esencial entre países para el comercio de productos agroalimentarios. Estos acuerdos van más allá de las características propias del producto. Incluyen condiciones sanitarias, de procesamiento propio del país y de las distintas etapas de la cadena de valor. La Argentina tiene, en este sentido, habilidades técnicas muy desarrolladas y reconocidas internacionalmente, con centro en el SENASA.

El gran paso pendiente de nuestro país es el de avanzar en acuerdos comerciales que nos permitan acceder a los grandes mercados, por volumen o poder adquisitivo, con menores aranceles de ingreso. La Argentina tiene acuerdos comerciales con países que representan apenas el 10% del PBI mundial. Nuestros competidores, para distintos productos, los tienen con el 30 al 70% del PBI mundial. La ratificación del Acuerdo Unión Europea-Mercosur debe ser el primer gran paso en este sentido, seguido por los acuerdos en negociación con Corea, Canadá o Singapur, entre otros. Los acuerdos comerciales serán el gran estímulo para el crecimiento de nuestras exportaciones y la generación de divisas y empleo que nuestro país necesita para salir adelante.

 

 

* Leonardo Galaburri, decano de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Belgrano, y Guillermo Bernaudo, profesor de Política Económica Agropecuaria de la misma facultad y ex secretario de Agricultura de la Nación.


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