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OPINIóN / Opinión
lunes 22 abril, 2019

Pasión por leer que contagió a muchos

Despedida al librero Washington Luis Pereyra.

Ignacio Cloppet*

Washington. Luis Pereyra Foto: cedoc

Buenos Aires supo tener brillantes libreros, una especie en vías de extinción. Precisamente el jueves 16 de abril despedimos a uno de ellos: Washington Luis Pereyra, nacido en Montevideo el 15 de febrero de 1942. De familia humilde, siendo niño fue lustrabotas. Luego arrancó con un carro vendiendo libros en la feria de Tristán Narvaja. El destino lo trajo a Buenos Aires en 1979. Al año siguiente abrió en la calle Talcahuano 440 la recordada “Librería Colonial”, un local gigante, con más de 50 metros de fondo y un gran sótano. Allí lo conocí en 1981 cuando empecé a trabajar en Tribunales.

Por ese local pasaron grandes escritores e investigadores. Washington tenía una librería increíble, desde los libros más comunes a las rarezas de la literatura, filosofía, arte, historia y política. Era un sitio exquisito, en particular la sección de hemeroteca y publicaciones centenarias. Ostentaba primeras ediciones, siempre se encontraba en ese lugar lo que uno buscaba. Y si no estaba, a los pocos días, Washington te llamaba para darte la buena nueva:ya tenía el libro.

Luego de algunos años, se mudó a la calle Paraná 1233, frente a la plaza Vicente López. Allí instaló la nueva “Librería Colonial”, un local paquete, lujoso, cálido y muy bien puesto. No tenía la magnitud ni lo popular del local de Talcahuano, pero sí gozaba de un aire más exclusivo, más oligárquico, como me gustaba decírselo. Esa librería con finos cuadros, esculturas y una boiserie única, era un espacio para el encuentro con gente de la cultura, con escritores, coleccionistas y hasta la visita de políticos de renombre.

Libros y autores que debe leer un joven político

Tanto amaba la cultura y lo argentino, que procuró la creación de la “Fundación Para la Cultura Rioplatense Bartolomé Hidalgo, con el fin de preservar las revistas literarias. En el año 2000, inauguró la sede de la Fundación en la Av. Independencia al 3683. Una casona de fines del siglo XIX que adaptó para instalar un imponente espacio para la exposición de animales embalsamados, insectos, mariposas, y otras raras especies. El librero también era un inquieto amante de la naturaleza y sus orígenes. En la parte superior de la casona, instaló su biblioteca de dos pisos con más de 30 mil volúmenes, destinada a los investigadores tanto nacionales como extranjeros.

Los avatares de la Argentina provocaron que tuviera que desprenderse de esa majestuosa casona, y con su obra cultural a cuestas, buscó un nuevo destino, más pequeño, más sencillo en el barrio de Congreso, donde afincó la Fundación en la calle Combate de los Pozos 179.

Autor de libros, en particular destaco su monumental obra “La Prensa Literaria Argentina 1890-1974”, que tiene hasta hoy publicados cuatro tomos. Amante de la buena cocina, es también autor de un recetario de comida regional autóctona.  

El querido Washington era un personaje, uno de los pocos Quijotes que quedaban en el mundo. Gran persona, mejor amigo, noble, leal y generoso. Siempre cerca de los investigadores y escritores, buscando ayudarlos, beneficiarlos y formarlos. Hombre de obligada consulta. Tenía el don de gente, un clásico, tal cual un caballero de antaño. Defendía sus ideas y muchas veces no sabía callarse. Tal vez esa sinceridad brutal le trajo algunas incomprensiones. Nunca el Estado argentino se interesó por su obra ni por el acervo cultural que posee su Fundación.

Libros escritos por y para mujeres: la propuesta de una librería única

Cómo olvidar a este grande rioplatense, que tanto brindó a nuestro país. Supo rodearse de algunos buenos amigos que lealmente estuvieron a su lado, pues siempre tenía sorpresas, cuando conseguía comprar una colección, una biblioteca, un fondo de algún personaje. Era un ser feliz que disfrutaba de la buena vida, lleno de entusiasmo, con planes y sueños, a pesar de las contrariedades que no lo derrotaban.

Hemos perdido a un gran librero, para mí el mejor que tuvimos. Seguramente seguirá buscando papeles, cartas, libros para los coleccionistas que lo consultarán en la eternidad. Hoy estará disfrutando en uno de los lugares más preciados que existe en el paraíso: una biblioteca.

*Miembro de la Academia Argentina de Historia. Profesor de la USAL.


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