7th de March de 2021
OPINIóN Psicología
18-02-2021 18:00

Chicos y COVID-19: cómo será la salud mental de la niñez criada durante la pandemia

Es probable que no todo sea negativo, que lo sufrido se establezca como aprendizaje que refuerce positivamente la personalidad. Pero estamos en el tiempo bisagra donde todo es novedad y conmoción.

18-02-2021 18:00

Por estos días circula un video de una niña que cree que diversos objetos son dispensers de alcohol, entonces pone las manos debajo y se higieniza. Repite lo que le enseñaron y lo que observó una y mil veces a su alrededor. ¿No es acaso esta filmación una buena metáfora para pensar en las crianzas 2020 y sus posibles efectos? Del mismo modo, al consultorio llegan las preocupaciones de las madres y de los padres que se confrontan con algunas alteraciones en las personalidades de sus hijos, malestares, síntomas y retrocesos en los hábitos adquirido. ¿Cuáles serán las consecuencias psíquicas de la niñez transitada durante el tiempo de la pandemia?

Chicos en cuarentena y el exceso de exposición a las pantallas

El contexto socio-familiar marca al ser naciente que es parido en un mundo que ya está constituido. Así, cada singularidad se va estructurando en la interacción y en los aprendizajes iniciales que son a pura repetición. Por eso se celebra tanto cuando de la boca del cachorro humano salen las primeras palabras, (y mucho más si dice “mamá” o “papá”) o unos años después, cuando llegan los boletines escolares con las calificaciones “aprobadas”. Aprobar: Probar y comer lo cocinado por el aparato cultural. Recibirse, de alguna manera, es saber reproducir lo que el sistema estableció, las normas del vivir en comunidad. Luego, en la adolescencia, se le dará una vuelta crítica a esos imperativos socio-familiares adquiridos, y cada ser irá definiendo su estructura de personalidad. Pero en la etapa de la niñez, la socialización es, por encima de todo, la incorporación de los mandatos culturales. Desde estos postulados, no será lo mismo dónde se nace, en qué familia y bajo qué circunstancias sociales e históricas se va creciendo.

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El aparato psíquico va madurando y las experiencias de la primera infancia serán determinantes para las evoluciones posteriores. La memoria aloja cada experiencia vivida y desde esa construcción cada sujeto irá interactuando en el mundo y con los demás. Se conoce cuando se reconoce. Por eso la repetición juega un papel fundamental. La niñez criada en el 2020, y lo que va de este año, guarda en su psiquismo las trasmisiones familiares más todo lo concerniente a la pandemia, lo dicho y  lo silenciado, las particularidades de cada crianza inscriptas en esta época signada por el coronavirus y sus consecuencias.

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Los síntomas principales que pueden presentarlas niñas y los niños criados durante la pandemia son:

  • Regresiones en los hábitos que se habían adquirido: trastornos en el lenguaje, en el control de esfínteres, en la alimentación y en el sueño.
  • Los nuevos síntomas, propios de las vivencias pandémicas: el miedo a la enfermedad y a la muerte, y las ansiedades y angustias desencadenadas por las vacilaciones que trasmiten los adultos de crianza que no terminan de estructurarse y ordenar sus rutinas cotidianas, y que a su vez presentan sus propios malestares.
  • Lo desencadenado por efecto dela trasmisión de los cuidados excesivos: en la higiene personal, del hogar, de los productos y el contacto con todo lo existente como posible fuente de contagio; medidas que a futuro podrían instalarse como trastornos obsesivos compulsivo (TOC). 
  • Y finalmente, lo que genere el distanciamiento social: la ausencia de contacto físico, los barbijos vedando el encuentro con las expresiones y los gestos, y la falta de abrazos y besos, tan determinantes para la buena salud emocional y sexual, abriéndose de este modo complejos interrogantes a futuro, ¿qué formas de vinculaciones sociales y afectivas vendrán?

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La subjetividad constituida durante esta época estará salpicada con los condimentos de la pandemia. Es probable que no todo sea negativo, que lo sufrido se establezca como aprendizaje que refuerce positivamente la personalidad. Pero estamos en el tiempo bisagra donde todo es novedad y conmoción. Y si bien los traumas por el tránsito de una peste pueden ser complejos en cualquier etapa de la vida, en la niñez existe mayor vulnerabilidad y menor capacidad para amortiguar los efectos tóxicos. Por eso hay que abrir bien los ojos, prestar atención, detectar los síntomas en la niñez y tratarlos, antes de que sea demasiado tarde, es decir antes de que estemos frente a un adulto poblado de dolencias, de miedos y de dificultades para vincularse y ser feliz.

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