miércoles 08 de febrero de 2023
OPINIóN Columna

Tercera ola de Covid-19: "Contagios, signos del malestar emocional"

Hay una inevitable saturación emocional, pero también una negación de la presencia de la pandemia y de las posibilidades de enfermar.

05-01-2022 07:00

Las fiestas de fin de año y el inicio del verano multiplicaron los contagios. Y no se trata solo de la población adolescente, donde los medios suelen poner el foco, la culpa, porque suele ser la que más se junta y expone, ya podemos constatar con facilidad que son muchos los adultos que andan de barbijos caídos, en reuniones grupales, a los abrazos y besos.

Es, sin lugar a dudas, el deseo general de volver a la vida que teníamos antes del reinado del covid. Hay una inevitable saturación emocional, pero también una negación de la presencia de la pandemia y de las posibilidades de enfermar. Es verdad, ¿quién desea vivir toda la vida con distanciamiento social, confinados, alejados de los afectos y llevando todo el tiempo barbijos y obsesiones por la limpieza?

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El paso de la pandemia dejó muchas secuelas psicológicas. El 2020 y su después sembraron el mundo con mayores incertidumbres y tristezas. Por eso queremos creer que ya pasó, lo deseamos. Pero como suele decir Leonardo Boff, ecologista, ex sacerdote franciscano, una de las mentes más brillantes de la actualidad, si no aprendemos de la pandemia, si no cambiamos nuestro vínculo con la madre tierra, vendrán virus cada vez más letales. Se trata de modificar conductas o seguir sufriendo nuevas pestes.

Quizá ahora sí, vacunación expandida, el covid sea una especie de gripe, no como fue al principio y relativizaba por tantos negacionistas, y que la enfermedad atenuada haya contribuido para que bajemos las defensas, para que nos aflojemos. Pero el problema de fondo no está resuelto y el olvido, tan común en nuestra especie, active, una vez más, la soberbia humana, la omnipotencia que sigue aniquilando a la tierra y a todo lo vivo. La enfermedad y la muerte deberían humanizarnos, conectarnos con la fragilidad y la finitud, pero no para deprimirnos sino para preservar la existencia y celebrar el hecho de estar vivos. Si aprendimos del coronavirus que existe una interconexión para la enfermedad, la misma fórmula puede servirnos para alcanzar la salud, el amor, la solidaridad. ¿Podremos sostener los cuidados más allá de la pandemia? Solo nos salvará saber que nos necesitamos, que somos seres interconectados, incluso con la madre tierra, nuestra casa común.

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Los contagios que se multiplican son consecuencia del hartazgo, del malestar emocional. Sin embargo, como cada paciente que llega al consultorio confirma, en el curso de la terapia, que el síntoma o la enfermedad no surge de la nada sino como consecuencia de una vida que no andaba bien, y que el sufrir es una posibilidad, un camino a transitar para estar mejor; del mismo modo sucede con la pandemia, pero a nivel global. El planeta y sus habitantes, enfermos. La vida que llevamos, de violencias e injusticias sociales, de competencias desenfrenadas, de consumo y acumulación, de riqueza para pocos y de pobreza para muchos, de tóxicos y desechos, como si la tierra fuera tanto una estantería, de la que se puede extraer ilimitadamente, como un tacho de basura, son los contundentes signos que no podemos seguir desatendiendo.

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Urge la toma de conciencia. Ojalá la pandemia nos humanice y nos enseñe a cuidarnos y cuidar a los demás, pero de verdad, a valorar la vida como bien supremo. Que este sufrir no sea en vano. Que sirva para alcanzar la plenitud del ser y del estar en el mundo, el bienestar deseado, para que nuestro efímero pasaje por la tierra sea más bello que terrible.

Durante la adolescencia fui un par de años a un grupo Scout, siempre recuerdo algo que nos decía un maestro cada vez que dejábamos el sitio donde habíamos acampado: “Tiene que quedar mejor que como lo encontramos”. Ojalá suceda lo mismo con la tierra que también un día dejaremos para que acampen quienes vienen detrás.