sábado 27 de noviembre de 2021
OPINIóN Análisis
20-10-2021 08:00
20-10-2021 08:00

Construcción social, otredad y realismo inmunitario

Si alguna vez vuelve a reinar sobre la tierra la lucidez de pensamiento, sería de desear que la filosofía retome la senda del realismo.

20-10-2021 08:00

Si alguna vez vuelve a reinar sobre la tierra la lucidez de pensamiento, sería de desear que la filosofía retome la senda del realismo.

Un realismo filosófico de nuevo tiempo dirigido a cuatro temas fundamentales: una filosofía del ser, una filosofía del percibir, una filosofía del hablar y una filosofía del gobernar. Para definir de manera rápida al realismo filosófico diremos que la realidad es concebida como separada del que observa o del que conoce. Las cosas están fuera del ser racional, no son el producto de estructuras mentales a priori al modo kantiano. Fue la modernidad filosófica la que estableció que no se puede ir más allá de nuestras representaciones mentales.

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Ahora bien, la atención de la discusión filosófica se concentra por el momento principalmente en dos temas. No está claro que la filosofía esté verdaderamente interesada en tratarlos. El primero de los temas es el que se da en llamar construccionismo. Todo lo que podemos llamar realidad sería producto de una construcción social. Tanto la identidad individual como la identidad comunitaria son concebidas como construcciones sociales. La particularidad que tiene esta postura es que las relaciones sociales dependen de los contextos donde se forman tales relaciones. De este modo se podría decir que la realidad es relativa al contexto o, lisa y llanamente, es el contexto mismo. En rigor, la idea de contexto procede de la lingüística. Pero para entender el construccionismo hay que remitirse a la filosofía pragmatista como su fundamento filosófico. ¿Hasta dónde llega esta postura filosófica? Hasta sostener que la realidad se puede inventar.

El segundo de los temas es la cuestión de la otredad. Para poder comprender la idea de otro debemos acudir a la idea de autonomía. La autonomía moderna tiene sentido cuando está en cabeza de un yo que se afirma a sí mismo, de un sí mismo inmanente, idéntico a sí. Pero cuando ese yo es asediado y se lo destituye de su posición hegemónica; y pasa a ocupar su lugar un otro, que fuera a lo largo de la historia negado, ocultado, relegado, entonces ocurre que ese otro, no sólo ocupa el lugar del yo, sino que, además, reclama la autonomía que le fuera vedada junto con todos sus efectos, por ejemplo, la libertad individual y la disposición de la propiedad, entre ellas, la de su propio cuerpo.

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El otro se arroga el derecho de ser autónomo, de ejercer la libertad y de decidir sobre sí. Reconoce la valía intrínseca de todos los principios de la modernidad y del humanismo, pero no sin un dejo de incredulidad y de recelo. En el fondo sigue creyendo que los valores de la modernidad y del humanismo son los valores del yo hegemónico y no del otro en tanto otro. Si como otro ha exigido tener los mismos derechos que el yo; si una vez conseguidos no está totalmente convencido de ellos, entonces ¿de qué modo ejercerá su autonomía? ¿cómo hará uso de su libertad? Ejercerá su autonomía y su libertad conforme la tradición moderna, pero nada impide que un día se aparte de dicha tradición sólo porque cree que va en contra de su propio interés o deseo.

El otro no piensa ni decide como lo hace el yo, aunque ocupe su lugar. Nunca dejará de estar en la posición de otro y toda decisión autónoma que tome será desde dicha posición. Pongamos como ejemplo el caso de la decisión sobre la vida del embrión humano. Cuando el otro en tanto otro tenga que tomar la decisión sobre la vida del embrión ¿en qué posición se va a poner? En la de un otro que decide como si fuera un yo, pero en perspectiva de otro, es decir, bajo los estigmas del descrédito y la subalternidad. Bajo esta perspectiva decidirá la suerte de un otro -el embrión- al que, irónicamente, no reconoce como otro.

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Ante la pérdida de brillo intelectual que experimentan algunas escuelas filosóficas que, no obstante, aún siguen cautivando a espíritus desprevenidos, nosotros proponemos pensar un nuevo realismo filosófico que se incline más por la mismidad que por la otredad, que sostenga que sólo la identidad constituye la diferencia. Un nuevo realismo filosófico que reafirme quelas cosas tienen una esencia y un fundamento. Que reivindique que la razón tiene acceso a la esencia y al fundamento de la realidad y que ésta no es construida por el poder de la razón. La realidad no es producto de la razón ni de la imaginación. Un nuevo realismo filosófico que opte por la univocidad de los significados, esto es, que no se puede variar un significado a voluntad o conveniencia, alegando una presunta diversidad. Un nuevo realismo filosófico que propugne una corrección de la conducta y un gobierno de la comunidad.

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Pero la idea más desafiante que este realismo filosófico de nuevo tiempo postula, es la afirmación de que el ser y el no ser se determinan desde el cuerpo biológico, su esfera vivencial y sus normas y reglas de funcionamiento y no ya desde el sujeto y la subjetividad. En otras palabras, corporeidad y realidad resultan ser lo mismo. Quiere decir que la reflexión sobre la esencia y el fundamento -que el construccionismo, el nuevo pragmatismo, la filosofía analítica y la teoría crítica se empeñaron en disolver- se reinstala a través de las categorías de cuerpo y de norma del cuerpo. Pero lo más sorprendente del cuerpo, lo medular de su movimiento, es su organización inmunitaria, su capacidad de protegerse de agentes infecciosos. Esto quiere decir que la vida y su evolución está presidida por una regla insoslayable de la que ningún organismo vivo se puede sustraer: la necesidad de generar inmunidad para atacar a todo aquello que contagia o contamina, puesto que la finalidad de todo lo que contamina o contagia es la destrucción de lo viviente. Las normas del futuro afirmarán la propiedad inmunológica de todo comportamiento. La humanidad aprenderá a distinguir entre conductas virales y conductas inmunitarias y comprenderá que somos un sí mismo corpóreo cuya identidad se funda en el poder inmunitario biológico, lo único que nos permite realmente vivir las múltiples experiencias del mundo.

 

* Roberto Mario Magliano. Abogado (UCA). Realizó el Programa de Actualización en Problemas Filosóficos Contemporáneos (FFyL -UBA). Profesor titular de Formación de las Culturas Latinoamericanas y Argentina y del Seminario de Profundización en el Análisis Socio-Cultural en el Instituto de Formación Técnica Superior N° 12 (GCBA). Investigador en Proyectos UBACyT y UBA-PIDAE sobre Poshumanismo y Migraciones respectivamente. Coautor del libro Placer y bien. Platón-Aristóteles-Freud; Verdad y cultura. Las consideraciones intempestivas de Friedrich Nietzsche y Friedrich Nietzsche: verdad y tragedia.

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