miércoles 08 de diciembre de 2021
OPINIóN Amenaza
17-10-2021 03:16
17-10-2021 03:16

Un poder poco verosímil

17-10-2021 03:16

La semana política estuvo dominada por la amenaza del ministro Aníbal Fernández al humorista Nik. Se ha especulado con que el ya famoso tuit fue un exabrupto, un signo de intolerancia, un error político, un apriete de corte mafioso o una maniobra de distracción para obturar la impotencia de un peronismo que no logra arrancar. Probablemente sea un poco de cada cosa, pero quizás más importante que descubrir las intenciones del ministro, o repasar sus antecedentes, sea situar el episodio en su contexto para sumarlo al análisis político.

Para comenzar, ni el kirchnerismo ni el propio ministro gozan del mejor historial como para presuponer candidez o darse por satisfechos por unas disculpas que no fueron tales. No es la primera vez que el kirchnerismo apela a la represión blanda ante las críticas -es decir a la acusación y la estigmatización desde la cima del poder, pero sin consecuencias físicas-, aunque en este caso parece estar un poco devaluada. Diez o quince años atrás, la intimidación hubiera provenido desde la misma presidencia -desde el “atril asesino” de Néstor o las cadenas nacionales de Cristina-, los fanáticos hubieran rugido, los políticos oficialistas se hubieran sumado gustosos, y los medios afines hubieran destinado semanas a difamar al golpista crítico. El poder se hubiera mostrado unívoco y vigoroso ante la campaña destituyente del antipueblo.

En este caso, en cambio, el poder es tan poco verosímil como las disculpas del ministro o las supuestas intenciones de discutir la política de subsidios en la educación privada. La mera sospecha de que se trata de una jugarreta electoral, los rumores de que el ministro pasará a silencio, las críticas en los medios oficialistas y de algunos (pocos, muy pocos) funcionarios o candidatos oficialistas, ponen al descubierto el sonido a pólvora mojada. Para el cosmos kirchnerista, el episodio parece menos una gesta de la soberanía popular que una maña de viejo, un reflejo inconsciente más que una muestra de un proyecto autoritario.

Pero entonces, ¿se equivocan Nik y su familia al tener miedo? De ninguna manera. Yo en su lugar también lo tendría. Quizás esa cognición de que el poder se está escurriendo sea más peligrosa aún que el control cuasi hegemónico que ejerció el kirchnerismo en su hora de gloria. En el desconcierto, y por qué no, en el miedo a perder el poder, es más difícil mantener la mente clara y tener en consideración las restricciones institucionales, los modales de la democracia, o peor aún, las consecuencias de actos intempestivos que pueden, potencialmente, desatar catástrofes.

Desde el punto de vista democrático y de las garantías constitucionales de la ciudadanía, el hecho es gravísimo. Costaría encontrar un dictador que se hubiera animado a un carpetazo tan públicamente manifiesto. Es mucho más grave que el vacunatorio VIP del ministro González García, que al fin y al cabo fue una picardía --desde ya censurable-- para beneficiar a los amigos, por lo cual fue despedido de inmediato. Y es también más grave que la foto del cumpleaños de Fabiola en Olivos, otro desliz del poderoso al que la probidad le es ajena. Sin embargo, el impacto y la atención que atrae en la sociedad la amenaza del funcionario que controla el poder de fuego del Estado a un dibujante parece ser inmensamente menor.

En las últimas semanas hemos escuchado que en este segundo tramo de la campaña el peronismo se habría volcado a un mensaje positivo, a una “campaña del sí”. Pero todo lo anterior refuerza la interpretación de que no estaría del todo convencido de apelar al optimismo. Al contrario, parece debatirse internamente entre intentar ampliar su base electoral o volver a “resistir con aguante”, a atrincherarse en la seguridad de una práctica política que en su momento supo brindar alegrías y poder. De esa disyuntiva dependerá una parte del futuro político del país en el corto y el mediano plazo.

Pero la sociedad argentina también debiera preguntarse, una vez más, por qué suele ser más complaciente con las violencias que caen sobre unos pocos que con los deslices que indignan a muchos. De esta segunda disyuntiva dependerá nuestro futuro como nación.

*Presidente de la Sociedad Argentina de Análisis Político.

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