OPINIóN
Análisis

Vendimia mendocina: con la corona bien puesta

Mucho se ha dicho sobre la elección de las candidatas de esta emblemática fiesta cuyana. Un fallo por medio y la coronación que generó polémica. ¿Reina sí o no?

Reinas
La reina y virreina del departamento de San Martín, Mendoza. | Celeste Polidori

Hace 25 años que soy periodista. Y durante todo este tiempo muchas veces me tocó estar en contacto con las reinas departamentales y vendimiales de Mendoza. He cubierto vías blancas, carruseles y despertares de candidatas quienes ansiaban la preciada corona. Las he escuchado y observado. Y he visto cómo luego evolucionan y, muchas de ellas, se destacan en diferentes áreas laborales o construyen sus familias. Días atrás me senté con la reina de San Martín (departamento del Este), la del Bonarda, la del Turismo y toda su comitiva en un café llamado Ohana donde ellas descansaron unos minutos de su agotadora agenda. Y lo que escuché y observé cambió radicalmente mi mirada sobre la Vendimia.

No es que las reinas "de antes" no pensaran lo mismo que las actuales. Es que las actuales definitivamente se alejan estrepitosamente de los brillos y del cetro para marcar la cancha. "Estoy acá para cambiar algo", es claramente el mensaje de todas y cada una de ellas. Las distritales, las departamentales... Coinciden en su fortaleza y se agolpan para contar sus planes. Que trabajar con adolescentes, que acompañan pacientes en el dolor de la enfermedad, que quieren estar para el departamento. Ellas están comprometidas con la Vendimia desde una mirada totalmente superadora. Y quizá esto se haya logrado gracias a la lucha de una mujer que es mucho más que "una cara bonita".

Sin conocer su rostro y su nombre, Guaymallén eligió a su reina de la Vendimia tras un concurso lleno de polémica

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

Sentadas con sus coronas y largos vestidos. Maquilladas de manera impecable y con sus tacones altos. Ellas ostentan su belleza pero le suman esta capacidad, la formación y las ansias de trabajar. Vendimia ya no es aquella donde ganaba la más linda. En este encuentro, en el cual el café se mezcló con muchas delicias, estas candidatas hablaron sobre sus sueños. En la mesa había una médica paliativista, una (casi) licenciada en Obstetricia, una estudiante de Trabajo Social, otra futura maestra de Nivel Inicial y puedo seguir el conteo. Además de dos mamás, que se encontraban cuidando de sus niños.

Reinas Vendimia
Parte de la comitiva del departamento de San Martín en un descanso vendimial.

Y me pregunté: ¿es esto un concurso de belleza como dice el ala contraria a la celebración? Definitivamente no, contesto yo desde mi rol de mujer y sin tantos conocimientos sobre feminismo. Pido desde ya disculpas si tropiezo en esta columna con algún concepto machista que haya quedado en mi interior que se deconstruye junto con el de tantas otras más. Mi mirada de mujer que trabaja y que también es madre. La experiencia de años de escucha me llevó a pensar más: ¿deberíamos prohibirle a las mujeres ser reinas de la Vendimia?

Inmediatamente vinieron a mi mente tantos "No". Quienes vivieron su adolescencia 25 años atrás saben que la falda "demasiado corta" podía representar que la mujer era, como decían antes, demasiado "rápida". Que muchas veces se justificaba la violación de una mujer basándose en la ropa que ella usaba, algo tan absurdo como justificar un homicidio por las mismas razones. Que las "señoras de antes" no se separaban, que soportaban en silencio los golpes. Frases como: "No podés usar eso", "Si se visten así no se quejen si después les pasa algo", "Con ese maquillaje qué querés..." y cuántas palabras más.

Reinas Vendimia
Reina del Bonarda de San Martín, Mendoza.

Y me pregunté incluso: ¿deberíamos decirle que no a un deseo legítimo de una mujer? ¿No nos han dicho demasiadas veces que no? ¿Que no usemos esto, que no demos el primer beso hasta que haya pasado tanto tiempo, que no llamemos al hombre sino que esperemos sumisas que él decida contactarnos, que no podemos ser gerentas porque tenemos que además criar hijos, que debemos tener hijos, en primera instancia? ¿No nos han mandado demasiado ya? ¿Y si una joven quiere llevar la corona vamos a volver a ser los verdugos del no? ¿Quién dictamina o sentencia lo que una mujer puede o no hacer? ¿No se han cansado ya de los "no" históricos?

Debería ser la propia adolescente, joven o adulta la que sentencia que "no" quiere incorporar en su vida y no la sociedad. Es esta liberad a la que apuntamos, a que nadie nos marque la cancha. A ser lo que queramos y no tener que dar explicaciones por eso. A ponernos la ropa que nos guste sin correr riesgos, a estudiar mecánica si es así lo que nos place o cualquier área que sea tradicionalmente masculina. A romper las barreras. ¿Por qué tenemos que dar explicaciones por querer ser reinas?

Reinas Vendimia
La reina del Turismo junto a otras candidatas departamentales.

La elección es uno de los puntos más álgidos a analizar. No quisiera nadie ser la candidata que no recibe votos. Y en este punto las reinas y su corte son contundentes: quieren ser reinas, quieren ganar pero no es eso lo que más les importa. ¿Y qué les importa? ¡La experiencia! Yo las miro de reojo con cierta desconfianza y pienso en mi interior, quizá a mí sí me molestaría perder. Pero pienso más y las escucho. Tienen tantos proyectos, algunas hasta ya los iniciaron, que cabe la pertinente duda. Quizá la elección no sea tan importante para ellas después de todo. Porque la corona, que tanto ansiaban, ya está sobre sus cabezas. Y porque el cuento de hada y de princesa lo pudieron disfrutar durante largos días.

Mendoza: un fallo ordenó a una localidad elegir reina de la Vendimia a pesar de que estaba prohibido

Ellas, la corte y las reinas, hablan de mujeres empoderadas. Yo creo que son mucho más que eso. Son mujeres fuertes, capacitadas y preparadas para el futuro que les espera. Si uno se toma el tiempo de escucharlas se da cuenta de que las piedras (falsas por cierto) no brillan ni un céntimo al lado de estas jóvenes. Son reinas porque así lo soñaron, llevan una corona porque quieren y nadie va a decirles que "no", jamás.