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PERIODISMOPURO / entrevista
sábado 28 marzo, 2020

Hugo Sigman: "Hay entre 14 y 40 veces más infectados no enfermos que enfermos"

Médico y fundador junto a su mujer, doctora en Bioquímica, del grupo de laboratorios Insud, vive la pandemia del coronavirus con especial intensidad. Desde la batalla contra el tiempo por fabricar la vacuna que solucionará el futuro, pasando por los tratamientos para paliar el presente con los infectados y las medidas de prevención con test en la calle y diagnósticos online.

“Los dos proyectos de vacunas contra el coronavirus más avanzados son los de una compañía de Seattle, Moderna Inc, y otro del ejército chino, los dos tienen un esquema parecido, del modelo ARN”. Foto: Marcelo Aballay
sábado 28 marzo, 2020

—El 23 de enero de este año, la Coalition for Epidemic Preparedness Innovations anunció que financiará programas de desarrollo de vacunas con Inovio, la Universidad de Queensland y de Moderna, con el objetivo de proveer vacunas experimentales clínicamente en 16 semanas, para junio de 2020, y que los candidatos a las vacunas eran desarrollados por plataformas de ADN. ¿Imaginás que este año va a haber vacunas contra el coronavirus?

—Lo que yo conozco de vacunas son los dos proyectos que yo creo que están más avanzados: un proyecto de la compañía de Seattle Moderna, y un proyecto de una compañía del ejército chino, que tiene un esquema parecido. En ambos casos creo que depende en buena medida de las exigencias de los organismos regulatorios saber si vamos a tener vacuna este año o el año que viene. Es decir, es probable que, frente a esta emergencia, los organismos regulatorios tengan más flexibilidad que en otras ocasiones. Ambas vacunas se empezaron a probar en humanos: la de Moderna se empezó a probar hace dos semanas y la de China, un poco antes. Creo que un plazo razonable sería entre seis meses y un año y medio. En ese lapso es razonable pensar que puede haber una vacuna.

—Si los organismos de regulación lo permitieran, ¿se podría reducir ese mínimo de seis meses/un año y medio?

—Seis meses sería modificar los tiempos habituales. Los plazos para preparar una vacuna normalmente son mucho más extensos. Han autorizado las pruebas en vivo muy rápidamente en los dos casos. Esa es una flexibilidad importante de los organismos regulatorios de ambos países. También hay un proyecto en Alemania, hay varios proyectos, unos veinte, pero los dos más adelantados son los que menciono.

“La vacuna contra el coronavirus puede demorar de seis meses a un año y medio.”

—¿Cómo sería económicamente a nivel mundial? ¿Sería una patente a compartir entre todos los países?

—Ambos proyectos tienen propiedad industrial, están patentados. Otras companías seguramente van a patentar otros procesos y cada uno de ellos podrá ser producido solo por la companía que lo ha patentado. Yo entiendo que lo que van a hacer primero es, como siempre, atender las necesidades de los países en donde la vacuna se realiza. Desconozco la capacidad de producción que puede tener Moderna, China tiene gran capacidad de producción. Pero entiendo que primero se van a empezar a vacunar los sectores de riesgo, en este caso todas las personas mayores de 60 años, los que tienen enfermedades que los pongan en riesgo y el personal de salud, y después se seguirá vacunando a la gente que tiene menos riesgo. Como vos sabés, esta epidemia tiene un punto muy sustancial que es que hay muchísimos más infectados no enfermos, es decir que no presentan síntomas, que infectados enfermos.

—El verdadero peligro.

—Sí, efectivamente. Se calcula que hay entre 14 y 40 veces más infectados no enfermos que infectados enfermos. Los infectados no enfermos circulan por la calle libremente, no saben que están enfermos, algunas personas tuvieron como síntomas la pérdida del gusto y del olfato pero al principio no lo vinculaban con la enfermedad, de hecho hay una situación bastante dramática que es que empezaron a ver que muchos otorrinonaringólogos se infectaban y fallecían porque ignoraban que la pérdida del olfato y del gusto estaba vinculada con esta enfermedad.

—Los otorrinonaringólogos atendían a pacientes que los iban a consultar sin saber la causa.

—Atendían a pacientes que los iban a ver por pérdida del gusto, por pérdida del olfato, los examinaban y se enfermaban. Son profesionales que tienen un riesgo. A medida que va subiendo la edad, cuando ya llega a 65 años, lamentablemente una cada cinco o una cada seis personas muere. Por eso imagino que lo que se está pensando es vacunar primero a las personas mayores de 60 o 65 años, al personal de salud, y después ir buscando los otros grupos de riesgo. Es lo que se hace, por ejemplo, con la vacunación de gripe. El plan de la Organización Mundial de la Salud va a estar orientado en ese camino. Y lamentablemente, como pasó con la gripe A, sospecho que los países que se van a beneficiar primero con la vacuna son aquellos en los que se produzca, y después irá pasando a otros países.

“La vacuna de Moderna se empezó a probar hace dos semanas, y la de los chinos, un poco antes.”

—Frente a un caso de magnitud única mundial, ¿no sucederá algo que nunca haya pasado con los laboratorios en la historia? ¿Una apertura gratuita de la patente?

—Sería deseable. Hay algunos proyectos que se están investigando. Hay mucha investigación en esto. Pero habría que diferenciar la vacuna de los medicamentos que curan a las personas ya enfermas. De estos últimos hay muchos proyectos que se están desarrollando. Hay un consorcio internacional que integran Sloan Kettering, la Universidad de Oxford, el Instituto Weizmann, nosotros participamos también junto a muchas otras instituciones. En estos casos, se declara de entrada que no se va a patentar lo que se descubra. No conozco cuál es la decisión que va a tomar cada uno de los países. Sería útil en un caso como este, como lo hizo Fleming con la penicilina, que exista una gran contribución, o por lo menos que se licencie rápidamente el producto a aquellas compañías de otros países que tengan la posibilidad de fabricarlo. Eso resolvería muchos problemas, aunque sea pagando royalties, pero permitiría extender la posibilidad de fabricar la vacuna a muchos países.

—Me imagino que, frente a un caso de autoconfinamiento de miles de millones de personas, habrá una intensa producción de los medicamentos, pero la vacuna sería la solución recién para el año próximo.

—Una vacuna sería la solución para la segunda mitad de este año, entre los últimos trimestres de este año y el año próximo.

“Lo que ha pasado es que la hidroxicloroquina costaba 100 dólares el kilo y hoy cuesta 700.”

—Exactamente. Inhibir la cantidad de infectados en 2021. Para el año 2020, los paliativos tienen que venir de antibióticos, distintos tipos de drogas que puedan producir cura... Hay cinco estudios sobre hidroxicloroquina, lopinavir, ritonavir, arbidol, y en Estados Unidos se acaba de generar una polémica a partir de que, como vos sabés, Donald Trump dijo que con la cloroquina se podía curar rápidamente, incluso hace pocos días Fox News, que uno tiene que tomarlo con pinzas porque probablemente tenga el sesgo de seguir lo que a Trump le convendría, entrevistó a un científico que decía ser de la Universidad de Stanford, que decía que con la cloroquina en seis días se había obtenido el 100% de cura a pacientes de coronavirus; con la desconfianza que ese tipo de informaciones me genera, quiero consultarte.

—La hidroxicloroquina en su viejo antimalárico que tiene como virtud inhibir la replicación intracelular del virus. El virus para hacer daño necesita tener dos desarrollos: replicarse cuando infecta y propagarse. Los primeros estudios los realizaron los chinos, no ahora, sino que con el SARS-2, y ahora lo volvieron a hacer, hay estudios en Francia, con pocos pacientes, estudios en Estados Unidos, en España, todos los países están haciendo estudios ahora. La hidroxicloroquina parece inhibir la replicación viral. Esto a través de un mecanismo, para decirlo de una forma muy sencilla, que no permite que el PH intracelular sea apto para la replicación del virus.

—¿La persona tiene el virus pero no se le replica?

—No se le replica. Como no se le replica, no crece la cantidad de virus en su cuerpo, y poco a poco va desapareciendo, va muriendo, porque cuando el virus no se replica, desaparece, se va terminando la infección. Ahora, el tratamiento que se está indicando para ello es la hidroxicloroquina asociada con azitromicina, que es un antibiótico también bastante antiguo, descubierto por una compañía serbia y licenciado a Pfizer en el mundo, hoy con patente ya vencida, y es fabricado por decenas de compañías. ¿Qué sucede? Cuando vos te infectás y el virus crece en tus células pulmonares, se van destruyendo las células infectadas, entonces aparecen bacterias oportunistas que producen una infección en esas partes del pulmón dañadas. La azitromicina no tiene una actividad contra los virus pero sí actúa específicamente en el pulmón contra algún tipo de bacterias que lo infectan. La asociación de hidroxicloroquina como antiviral y azitromicina como antibacteriano parece ser interesante. Hay otras ideas. El lopinavir y el ritonavir son productos que se usaron para el tratamiento del sida y parecen ser también interesantes. Por ejemplo, en los protocolos que yo conozco, como el español, se indica que para que los casos moderados se trate con hidroxicloroquina y azitromicina, y en los casos severos se lo asocie con el lopinavir y el ritonavir. Son medicamentos antivirales que actúan por un mecanismo distinto al que actúa la hidroxicloroquina. Creo que hay, si no me equivoco, 19 protocolos distintos. Hay otro grupo de gente que está trabajando, para los pacientes con los primeros síntomas, con hipotensores, un tipo de medicamento que reduce la presión. En Argentina hay un proyecto que se está iniciando en el Hospital de Clínicas de la UBA. Hay otros estudios. Hay un producto, que conozco porque nosotros lo producimos, que es un anticuerpo monoclonal que se usa para el tratamiento del cáncer, el cual inhibe un factor de crecimiento, el VEGF, que parece ser el responsable del aumento de la permeabilidad celular, que es lo que produce el edema de pulmón. Hay bastantes cosas. Lo cierto es que, para los pacientes que son iniciales o moderados, se están usando como “standard care” (tratamiento habitual) la hidroxicloroquina y la azitromicina. En los pacientes más severos se asocia el loponavir, el ritonavir, y también alguna gente usa el interferón. Y experimentalmente se está probando, en algunos países, un antiviral nuevo que no está aprobado, de la compañía Gilead americana. Esos son “standard care”, pero hay muchísimos otros proyectos de investigación que están en curso.

“Probablemente, si esto sigue así, la necesidad de cloroquina sea entre siete y ocho veces más que la actual.”

—Si la hidroxicloroquina es un antimalárico muy barato de fabricar que tiene décadas de existencia, ¿sería lógico que cada uno de los Estados hiciera fabricar una enorme cantidad de hidroxicloroquina y se comenzara a utilizar?

—Sí. La Organización Mundial de la Salud está muy preocupada por el tema. Lo que ha pasado es que la hidroxicloroquina costaba 100 dólares el kilo y hoy cuesta 700. Hay pocos fabricantes en el mundo y, al aumentar tan dramáticamente la demanda, quienes la fabrican han subido el precio. Pero se presentan otros problemas. Una de las dos empresas que lo fabricaba es de la India, que acaba de cerrar por tres semanas todo el país. Además de cerrar todas las fábricas, no se puede ni exportar ni importar. Hay mucha gente que ya está trabajando en el proyecto de fabricar hidroxicloroquina por pedido de la Organización Mundial de la Salud. Este organismo considera que, si esto sigue así, probablemente la necesidad de cloroquina sea entre siete y ocho veces más que la actual. Pero yo creo que eso sí se va a resolver rápido, en tres o cuatro meses, cuando muchas fábricas que hoy no fabrican comience a fabricar la hidroxicloroquina. Nosotros, por ejemplo, en nuestra planta en Madrid, empezamos a trabajar en esto, porque hace muchos años producíamos un producto muy parecido, la amodiaquina. Hay también otra gente que está intentando resolver el tema. Es una obligación ética y moral. Cuando aumente la producción mundial progresivamente se va a volver al precio anterior. No veo en este aspecto un gran problema, es un tema de tiempos. Pero la vacuna y los tratamientos antivirales sí son algo más complicado.

—¿En tres meses se hacen masivos los tratamientos y la vacuna, seis meses a un año después: primero, tratamiento y luego la vacuna para prevenir que no haya casos?

—La vacuna tampoco va a prevenir el 100% de los casos, con lo cual los tratamientos para los enfermos también van a ser indispensables. La gripe se previene mucho, pero no todo. Por lo tanto, tener un tratamiento probado va a ser muy importante, porque va a haber enfermos aun con la vacunación. Son pocas las vacunas que tienen 100% de prevención. En este caso, no sabemos cuál va a ser la efectividad de esta vacuna, pero lo más probable es que no produzca prevenciones del 100%.Hay que ver qué va a pasar con el virus, si es un virus que va a mutar o no... Pensar en los tratamientos es muy importante porque va a permitir tratar a aquellas personas que de todos modos se enfermen.

—Y lo más rápido, ¿se podría inmediatamente comenzar en Argentina con cloroquina?

—Sí. La Argentina tiene bastante hidroxicloroquina porque el Ministerio de Salud compró casi todo lo que había en el mercado y está recibiendo una donación de la compañía francesa Sanofi, para que el gobierno tenga stock. El gobierno argentino, por lo que me decían en el ministerio, no tengo la información así oficial, dispondrá de un buen stock de hidroxicloroquina. La azitromicina no es un problema porque es un antibiótico de gran producción mundial, en Argentina hay un media docena de laboratorios que lo producen. No veo problemas.

—¿Se podría fabricar en el país transformando laboratorios que producen otro tipo de medicamentos?

—El problema de la hidroxicloroquina no son los laboratorios farmacéuticos; son las plantas químicas. El principio activo, es decir la sustancia a partir de la cual se produce un medicamento, es ahí donde está el cuello de botella.

“Se tiene bastante hidroxicloroquina porque el Ministerio de Salud compró casi todo lo que había.”

—¿Y en Sudamérica se fabrica principio activo de hidroxicloroquina? ¿O se podría fabricar?

—Hoy se fabricans solo en India y China. Ahora hay mucha gente que se puso a trabajar con el producto, sobre todo por un pedido de la Organización Mundial de la Salud, que ha estado muy activa y realmente ha cumplido un rol extraordinario, y está llamando a todas las plantas químicas que puedan producirlo para que lo hagan.

—No solamente hidroxicloroquina sino la mayoría de los remedios de la humanidad se fabrican en China y en India.

—No solo. Pero muchos se producen en China, sí, es un conglomerado muy importante..

—El 60%/70%.

—Una parte grande se fabrica ahí, sí.

—Incluso es un problema de seguridad nacional en Estados Unidos que, por haber aprovechado los menores costos y fabricar en el extranjero, se hizo dependiente de la fabricación china de medicamentos. El 90% de sus medicamentos se fabrica fuera del país, incluyendo la hidroxicloroquina.

—Estados Unidos no fabrica casi ningún principio activo. Para nuestra compañía, Insud Pharma, el mercado americano es un mercado importante, igual que para todas las compañías que producimos materias primas, porque Estados Unidos prácticamente importa todo lo que está fuera de patente. Fabrica principalmente aquellos productos que están bajo patentes, pero no los productos con patente vencida.

“Argentina fue uno de los primeros países en producir penicilina en el mundo.”

—Sí, de la misma forma que mandaban a fabricar los celulares o las zapatillas a Asia. ¿La aparición del coronavirus no generará una modificación respecto de qué productos son de seguridad nacional?

—Sí. Hay un tema de seguridad nacional que excede los medicamentos. Lo que reveló la epidemia es que los países que tenían un sistema nacional de salud público reaccionaron bastante mejor que aquellos en donde el sistema nacional está descentralizado. La crisis rejerarquizó los sistemas públicos de asistencia y también el rol de la Organización Mundial de la Salud, una institución muy criticada que ha desempeñado un papel muy importante, directivo y claro en esta epidemia. Argentina tiene un sistema de salud que, si bien está degradado, no está tan mal. Lógicamente, hace falta equiparlo, pero yo creo que se van a revalorizar los sistemas públicos y aquellos concertados con el sector privado, como sucede en España y en buena medida en Argentina. Siempre hay que estar preparado para lo peor. Por ejemplo, acá en Argentina un tema importante son las mordeduras de serpientes o las picaduras de escorpiones. Todos los países tienen, incluso bajo control de los ministerios de Defensa, stock de productos para enfrentar esto; en caso de que haya un paciente, tenés que tenerlo disponible. La mayoría de los productos se vencen y casi siempre te tiran. Pero hay que disponer de stock. El tema es pensar una verdadera política de defensa nacional en materia de salud.

—El coronavirus va a cambiar esos protocolos. De hecho, el secretario de Comercio de los Estados Unidos dijo, de manera patética pero no por eso menos aguda, que el coronavirus iba a hacer que muchos trabajos que estaban en China volvieran a los Estados Unidos, la interdependencia va a ser puesta en discusión y lo médico es uno de los temas fundamentales porque el Estado tiene que garantizar seguridad, salud y educación.

—Me parece que es una medida muy saludable si la toma Estados Unidos, que habría que extender a todos los países. Argentina no escapa a ese problema.

—Argentina tiene una importante cantidad de laboratorios, el problema sería el producto base, la materia prima.

—Exacto. Laboratorios hay en Argentina. Estados Unidos también tiene muchos laboratorios. De hecho, muchos de los laboratorios genéricos norteamericanos tienen plantas enormes en Estados Unidos. El problema es lo que vos llamás la materia prima base, que se llama API (Active Pharmaceutical Ingredient). Argentina tenía una historia extraordinaria en este tema pero, debido a los cambios pendulares y las dificultades para crecer de manera sostenida y estabilizar un modelo de desarrollo, las instalaciones productoras de API se han ido abandonando, y hoy Argentina tiene muy pocas plantas para principios activos. Alcanzan los dedos de una mano para contarlas

—¿Se podría rápidamente volver a fabricar principios activos en la Argentina?

—Yo pienso que sí. Depende mucho de cuál es la política que sigan los gobiernos. Cuando te hablaba de los anticuerpos monoclonales, te decía que nosotros los fabricamos acá pagando muchísimos más impuestos que importando el mismo producto. Por eso lo que estamos diciendo no es que nos bajen el impuesto a la producción local sino que los suban a los productos importados. No veo ninguna razón para que una compañía con veinte o treinta personas, que se dedica a la comercialización, pueda importar un producto sin ningún arancel, y en cambio quien lo fabrique acá tenga una serie de impuestos que a veces lo dejan fuera de competencia, no porque no sea eficaz sino porque es más conveniente importarlo. Con una política de estímulo se podría recuperar la producción nacional de principios activos. Hay bastante historia en este sentido. En el campo de la biología, en Argentina sobreviven aquellos que fueron fundadores, que empezaron a hacer los productos hace 35 o 40 años y que están activos. Se podría hacer perfectamente. Un buen diseño estatal fomentaría mucho el desarrollo de la producción argentina, que tuvo una historia en este tema cuando, por ejemplo, Brasil no. Argentina fue uno de los primeros países en producir penicilina en el mundo.

“En México es inexplicable que el presidente llamo a los ciudadanos a que vayan a restaurantes.”

—Y varios premios Nobel (dos de medicina, Bernardo Alberto Houssay y César Milstein, más uno de Química, Luis Leloir ).

—Sí pero además de eso había un alto nivel industrial: penicilina, tetraciclina, cloranfenicol, que se exportaba a Estados Unidos.

—¿Los laboratorios argentinos podrían fabricar principio activo y reorientar su producción específicamente a la hidroxicloroquina?

—Sí, la hidroxicloroquina no es una síntesis compleja. Cuando se hace la síntesis química hay algunos productos de partida muy básicos, que no es química fina sino química básica. Hay un intermedio que lo fabrica por ahora solo una compañía en China. Pero se puede resolver. Yo estoy familiarizado con la síntesis porque nuestras plantas ya están trabajando, y no es una síntesis tan compleja. Hace unos treinta años hacíamos un producto Parke Davis, amodiaquina, muy parecido a la hidroxicloroquina. No es una síntesis muy difícil.

—Trump tomó el estudio del francés Didier Raoult, que publicó una revisión rápida de pocos casos tratados con hidroxicloroquina recomendando no solo acelerar la investigación sino también comenzar a usarla.

—Hizo un estudio terapéutico con personas enfermas pero solo con veinte pacientes.

—Poca base estadística.

—Muy poca. Todo lo que se está haciendo ahora es todavía experimental. No hay nada que tenga una base estadística cierta. No se trata de estudios clínicos organizados, como se deben hacer. Son datos que van recogiendo los médicos y las personas, que los terapistas intensivos, en su práctica médica, van revisando, pero no es nada definitivo.

—En Estados Unidos hubo una grieta con el coronavirus porque coincide la pandemia con las elecciones. Los demócratas hablaban más del coroanvirus mintras el presidente Trump lo negaba y el electorado republicano creía que el coronavirus estaba exagerado por quienes eran anti Trump. Allí, donde todo se lee de una manera bipolar: a favor o en contra de la reelección de Trump, como Trump está proponiendo la hidroxicloroquina, puede pasar lo inverso. ¿Qué reflexión hacés sobre política y coronavirus, vos que estuviste en España hasta hace dos semanas, uno de los países con mayor cantidad de casos?

—Desde mi punto de vista, el problema más importante es que se ignoró a los infectados sanos. Ese fue el tema más crítico en los países que tuvieron problemas. No percibieron que había cada vez más infectados. Se calcula que cada infectado infecta a su vez a entre dos y tres personas, creo que la media es 2,4. Es exponencial, el que se infectó va a infectar a otros 2,4, el otro a 2,4 y así, hasta que en un momento explota. Y cuando explotó no lo controlás más.

—¿Es lo que vos viste en España?

—En España, Italia, Estados Unidos, Brasil. Miremos lo que está sucediendo en México. Es inexplicable. El presidente está llamando públicamente a los ciudadanos a que vayan a los restaurantes a comer con su familia. Yo creo que el presidente tiene la mejor voluntad del mundo, es una persona que seguramente quiere a sus ciudadanos, pero no es muy prudente . Yo creo que Argentina actuó bien. Entiendo que hay una vacancia en el país, sin embargo, y es que estamos haciendo poco diagnóstico, aunque se está mejorando. Pero todas las medidas que se tomaron, cerrar las fronteras, suspender las clases y finalmente la cuarentena, habiendo pocos infectados, pocos enfermos y pocos muertos, constituyen un esfuerzo extraordinario. India acaba de tomar la misma medida, tiene menos de 600 enfermos y acaba de cerrar el país por tres semanas. Si en India se produce una explosión de infectados, es un desastre inimaginable.

—Sorprende que India tuviera solamente 600 infectados con la Ruta de la Seda.

—Tampoco se explica del todo bien por qué hubo algunos lugares en los que la cantidad de enfermos fue mayor que en otros. Hay muchas teorías. En el norte de Italia, uno de los epicentros, se cree que la edad media de la población es muy alta, que la densidad de población es muy alta, se dice también que en la zona de Bérgamo hay muchas pequeñas y medianas industrias que tienen contactos comerciales con chinos, con viajes entre ambos países.

—India tiene aún más densidad poblacional que Italia porque tiene 1.100 millones de habitantes, en un territorio como el de la Argentina, o sea, cuatro veces más chico que China.

—Sin dudas. También, como te digo, resulta un misterio por qué en algunos lugares el virus se concentra más que en otros. Pero en cualquier caso, admitiendo que la estadística de la India es correcta, decidieron cerrar el país por tres semanas. Argentina también tomó esta decisión correcta.

“En Bérgamo hay muchas pequeñas y medianas industrias que tienen contactos comerciales con China.”

—¿No es irresponsable que los indios, al cerrar todas las fábricas, también cesan la fabricación de hidroxicloroquina?

—Sí. Hace tiempo que prohibieron exportar muchos productos. Por ejemplo, prohibieron exportar el paracetamol. Argentina también tomó una medida en ese sentido adecuada la semana pasada: prohibió exportar respiradores, les dio seguridad a los fabricantes de que se los iba a comprar, pero prohibió la exportación. Pero lo central, a mi modo de ver, es que los países que padecieron más el virus fueron aquellos que ignoraron la recomendación de disminuir el contacto social y el ingreso de personas. Ignorar este problema, y realizar pocos tests diagnósticos, explica la profundidad de la crisis en algunos países. Aunque ahora mejoró, España, hasta hace una semana, había diagnosticado a 565 personas por millón de habitantes y por semana. Corea, 4 mil, Alemania otro tanto, Israel otro tanto....

—Diez veces más.

—Sí, diez veces más. Y esto hizo que personas que ignoraban que estaban infectadas se reunieran con amigos y familiares, fueran a trabajar, viajaran. Esas personas fueron un factor de transmisión de la enfermedad y de crecimiento exponencial del virus, hasta que llega un momento que explota y que el sistema de salud colapsa. Argentina está en una curva que, según las proyecciones, es un buen resultado, incluso excelente.

—El mejor de América Latina.

—Sí, no lo quería decir para no parecer chauvinista, pero era así.

—En el caso de India, se hacen desconfiables sus estadísticas.

—Sí, yo veo que desconfiás, pero es lo que se publica, son los datos oficiales. La cuarentena en Argentina ha permitido evitar la propagación rápida del virus aunque no tengamos tanta gente diagnosticada. ¿Qué hizo Corea del Sur? ¿Qué hizo China? Aparecía un enfermo y rápidamente analizaban a todas las personas que habían estado relacionadas, frecuente o infrecuentemente, con ese enfermo. Incluso encuentros casuales como una compra. Identificaban a aquellas personas que no tenían síntomas pero que estaban infectadas y las ponían en cuarentena, no las dejaban circular. Argentina ha buscado ese mismo resultado, si bien tiene muchos menos diagnósticos porque carecía de capacidad para hacerlos aunque se está avanzando mucho en esto. Entonces, lo que se ha hecho es inmovilizar al conjunto de la población, y en ese conjunto de la población hay un porcentaje X que son infectados no enfermos que no están circulando.

“Argentina prohibió exportar respiradores, les dio seguridad a los fabricantes de que se los iba a comprar.”

—Israel exhibe buenos resultados. Se destaca en diagnósticos a distancia y medicina online.

—Israel estableció una cuarentena feroz. A través de su sistema de control de los teléfonos celulares, ha logrado seguir perfectamente a las personas que han estado en contacto con enfermos e ir aislando los casos. Y como política de difusión nacional le pidió a la población que no viera a los mayores, que los hijos y los nietos dejaran a los mayores aislados, que nadie los visitara, les mandaran la comida, se la dejaran en la puerta de la casa, pero les pidieran que se quedaran dentro de su casa y que nadie los visitara, porque es el gran factor de riesgo. Pero hay algo que me gustaría destacar de toda esta desgracia, y es que observo que ha habido una enorme colaboración desinteresada de la ciencia mundial. Empezando por el origen, China. El 4 de enero detectó la enfermedad y antes de una semana había logrado desarrollar el genoma e inmediatamente lo puso a disposición de la comunidad científica internacional. Esto es lo que permite trabajar en los anticuerpos, vacunas, diagnósticos. Poco tiempo después descubren el receptor celular, lo publican en la revista Science, y a partir de eso comenzó la colaboración entre centros de investigación de diferentes países que intercambian información y trabajan juntos. Esto ha creado una gran solidaridad del sector científico, que difunde sus conocimientos y los comparte con colegas. Eso es algo que me emociona en este momento. No se suele perder el sentido de la propiedad, pero eso es lo que está sucediendo en este momento y lo que hace que la reacción frente a la enfermedad sea tan rápida.

—¿La idea de que el virus fue creado con un objetivo bélico y/o se escapó de un laboratorio de Wuhan que lo estaba experimentando es un disparate?

—No lo sé. También vi un video que acusaba a Estados Unidos de haber sembrado el coronavirus. Pero partía de una ignorancia total porque estaba hablando de todas las patentes de coronavirus en todo el mundo en el sector veterinario. El coronavirus se estudia en el sector veterinario desde hace 35 años. Hay muchos laboratorios que trabajan y hay vacunas contra infecciones por coronavirus en el sector veterinario. En ese caso se acusaba a Estados Unidos con argumentos totalmente falsos, que no tenían ningún sentido. Desconozco lo que se dice de un laboratorio chino, pero la verdad es que muchas veces las epidemias empiezan así, se transfieren de los animales a los seres humanos, que no estamos inmunizados, y comienzan así. Dentro de la enorme desgracia que significa esto, si comparamos por ejemplo con lo que sucedió con la “fiebre española”, que mató a 60 millones de personas, se puede decir que hemos progresado.

—Sesenta millones de personas cuando la población mundial era menos de un 20 por ciento de la actual.

—El rol de la Organización Mundial de la Salud, de los Ministerios de Salud de los diferentes países, ha evitado una megacatástrofe. El problema es gravísimo, pero salvo algunas excepciones, los científicos, y en un sentido los políticos, han actuado con cierta sabiduría, impidiendo una crisis aun mayor. Es cierto que tenemos cientos de miles de enfermos y lamentablemente miles de muertos, o decenas de miles de muertos, pero es cierto que, comparado con otras situaciones parecidas que se dieron en el mundo, las implicancias negativas son menores, y la velocidad de reacción de la ciencia para encontrar recursos terapéuticos para las personas enfermas y trabajar en vacunas está mostrando que es extraordinaria.

—Por último: ¿existe forma de construir un kit que permita física o digitalmente producir tests que comprueben rápidamente si la persona está enferma o no?

—Sí, hay tests rápidos. Hay dos tipos de test: uno, el test que mide viremia, es el que mira si tenés virus o no, se llama PCR, y demora unas horas.

"En Corea del Sur se hacían los tests en la calle, en una especie de cabina telefónica con protección.”

—Escuché que se podrían hacer hasta en 45 minutos.

—Puede ser, puede ser perfectamente. Después hay un segundo tipo de test, muy rápido, que mide si la persona tiene antígenos, es decir, un examen en las fauces, y otro test que mira anticuerpos. Es decir, que con una gotita de sangre pueden examinar a personas que ya hace cinco días que están infectadas, y detectan si tienen anticuerpos. Si tienen anticuerpos, las ponen en cuarentena hasta tanto vean si se enferman o no. Hay muchos tests rápidos. Argentina está haciendo pruebas PCR, afortunadamente se está descentralizando un poco. Ya varias provincias tienen los equipos y los reactivos. Creo que el fin de semana que viene va a haber como 30 o 35 lugares más y se están trayendo tests rápidos. Estamos un poquito atrasados con los diagnósticos, pero me parece que ahora se están encaminando.

—¿Se podría realizar en la calle? ¿Cuando las fuerzas de seguridad están controlando ingresos, lo puedan hacer en un tiempo breve?

—Sí, en Corea del Sur lo hacían en la calle, en una especie de cabina telefónica separada con una protección para que el operador trabajara sin riesgo de enfermarse y pudiera tomar el hisopado en fauces. Algunos están planteando usar las farmacias. Yo creo que todas estas iniciativas, si se hacen con precaución y con cuidado y sin poner en riesgo a los operadores, son bienvenidas. Otra cuestión importante es la desinfección de lugares públicos, principalmente de salas de primeros auxilios, hospitales, lugares donde transita mucha gente, plazas, paradas de ómnibus, paradas de remises, usando antibacterianos y productos para eliminar los virus, eso ayuda mucho también. En China, Corea del Sur, Taiwán, Singapur se ve a los trabajadores con mochilitas a presión regando los espacios públicos con esos productos. En Asia se hizo mucho. Medidas de higiene: así como el alcohol en gel, que es una medida de higiene individual, hay higienes urbanas e higienes hogareñas.


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