“Soy el gobernador de la provincia de Buenos Aires, vengo en ese rol. No esperen de mí otra cosa”. Con esa frase empezaron las dos charlas que Axel Kicillof encabezó con bonistas y empresarios. Fueron 37 horas en Nueva York en las que el jefe provincial mostró una realidad muy distinta a la que relataban el presidente Javier Milei y su ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, en la misma ciudad y al mismo tiempo. Aunque no llevó el traje de candidato para 2027, buscó ahuyentar fantasmas a futuro: mostrar la responsabilidad de la Provincia frente al pago de las deudas de la gestión anterior y dar previsibilidad sobre los compromisos del próximo año.
La visita irritó al Presidente. Milei participaba de la Asamblea General de las Naciones Unidas cuando, mientras el riesgo país subía, apuntó contra quienes estaban hablando en Nueva York. “Si aparecen pelotudos hablando por Nueva York, sube el riesgo país. Creo que saben a quién me refiero”, dijo. La referencia era a Kicillof aunque en ese momento Luis “Toto” Caputo intentaba convencer a Wall Street de que el Gobierno estaba construyendo un escudo financiero para atravesar sin sobresaltos las elecciones presidenciales. Kicillof había viajado como gobernador, pero en pocas horas había quedado incorporado a la discusión nacional por Milei.
Las preguntas de los bonistas ayudaron a que esa discusión apareciera rápidamente. La conversación derivó inmediatamente hacia la realidad argentina. Uno de los representantes de los fondos de inversión preguntó de manera directa: “¿Por qué la sociedad no acompaña a Javier Milei?”. Para ese sector, las medidas del libertario son acertadas y había desconcierto sobre la respuesta de la ciudadanía. Kicillof respondió sin vueltas: “Nunca te va a acompañar si lo que decidís es bajar salarios, congelar jubilaciones y paralizar la industria generando desempleo”.
El martes, en el hotel Michelangelo de Manhattan, al gobernador también le preguntaron por el riesgo país. No tardó en responder que ese índice no es un problema del año electoral, sino un problema por el peso de la deuda con el Fondo Monetario Internacional y por la espada de Damocles que tiene el Gobierno encima debido a los vencimientos que deberá afrontar el año próximo.
“¿Por qué decís que el superávit es artificial?”, fue otro de los interrogantes de uno de los representantes de los bonistas. El gobernador enumeró entonces los recursos que el gobierno nacional les quitó a las provincias y sostuvo que esos montos equivalen al superávit que exhibe la Casa Rosada.
En la mesa estaban representantes de fondos de inversión como Eaton Vance, Vanguard, GoldenTree y Mesarete, tenedores de bonos de la deuda bonaerense. También se sumó BlackRock, uno de los mayores administradores de activos del mundo, que solicitó participar pese a no tener posiciones en deuda provincial. Kicillof buscó transmitir previsibilidad sobre el cumplimiento de los compromisos financieros de una deuda que la provincia viene arrastrando desde la gestión de María Eugenia Vidal.
El gobernador remarcó una y otra vez la responsabilidad de su gestión. Aun en una crisis económica como la actual, sostuvo, la provincia cumplió con el pago de salarios y mantuvo un ordenamiento de sus cuentas. Buscó que no pase desapercibido este dato ya que gestiones anteriores sólo pagaban salarios con ayuda de las administraciones nacionales.
El otro encuentro tuvo como protagonistas a los empresarios. Kicillof se sentó con representantes de más de veinte empresas con intereses en la Argentina y en la provincia de Buenos Aires. Allí fue directo: “¿Qué expectativa de crecimiento e inversión tienen para el año que viene?”.
Ninguno contestó que estuviera pensando en ampliar sus empresas y mucho menos aumentar la cantidad de empleados. Repitieron que sería un año de “cautela” ante la incógnita que representa Milei. Y eso que allí había incluso ganadores del modelo de Milei.
Entre las empresas representadas estuvieron Microsoft, Google, Mastercard, MetLife y Louis Dreyfus, además de compañías de los sectores energético, minero, petrolero y biotecnológico. También participó José Luis Manzano, uno de los accionistas de Edenor, que recientemente acordó la compra del 70% de Metrogas.
Distendido, Manzano iba y venía con comentarios a sus pares sobre una posibilidad de avanzar con un parque eólico en el territorio bonaerense. Todos respetaron sus palabras y movimientos al punto de que no le importaron las tarjetas con los nombres que los ubicaban y eligió un lugar más cercano al jefe provincial del que le habían asignado. Cuando se cursaron las invitaciones, el empresario argentino fue uno de los primeros en confirmar su presencia.
El gobernador está convencido de que buena parte del mundo empresario y financiero cree que el modelo económico es el correcto, pero que ahora el problema es Javier Milei. También fue a discutir esa idea: el problema no es solamente Milei, sino también ese modelo que sostienen muchos de los que estuvieron sentados frente a él. La reacción del Presidente por la suba del riesgo país había llegado mientras esas conversaciones se desarrollaban. La coincidencia de las dos agendas terminó mostrando dos relatos diferentes sobre la economía argentina.