SOCIEDAD
Gana espacio en las escuelas y entusiasma a una nueva generación

Ajedrez: ¿qué pasó con la práctica del juego-ciencia en Argentina tras la consagración de Faustino Oro?

La imagen parece anacrónica para estos tiempos: decenas de chicos concentrados alrededor de un tablero, sin celulares en la mano. Esta escena se repite en las escuelas porteñas donde el ajedrez escolar vive un crecimiento sostenido. En CABA más de 18 mil alumnos participan. También crecen los clubes especializados como el Círculo Torre Blanca.

Ajedrez_estudiantil
DEPORTE ORIGINAL. En CABA más de 18 mil alumnos participan de actividades vinculadas al juego-ciencia. | Sergio Piemonte / Gza Entrevistados

A los 12 años, Faustino Oro ya se convirtió en una figura conocida mucho más allá de los círculos especializados. Sus récords internacionales, sus transmisiones por internet y sus enfrentamientos con algunos de los mejores jugadores del planeta transformaron al niño prodigio en un fenómeno mediático inusual para un deporte que tradicionalmente tiene un perfil bajo.

Pero a medida que las hazañas del joven gran maestro acaparan más interés mediático, en paralelo crece otro fenómeno en las escuelas: cada vez más chicos se acercan al ajedrez y encuentran en el tablero una actividad tan atractiva como los videojuegos y las redes sociales.

En la Ciudad de Buenos Aires, el Programa de Ajedrez Escolar alcanza actualmente a unas 200 escuelas y a unos 18 mil estudiantes por año, entre actividades curriculares, talleres y torneos abiertos que se juegan los días sábados. Se trata de una iniciativa que, con distintos formatos, ya tiene cuatro décadas de trayectoria y que hoy vive una renovada visibilidad impulsada, en parte, por el "efecto Faustino".

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

"Los chicos hablan de Faustino en las clases. Lo traen desde afuera de la escuela. Se convirtió en una referencia para muchos", le contó a PERFIL Marcelo Reides, uno de los referentes del Programa de Ajedrez Escolar porteño. Según comenta, “Faustino aparece frecuentemente en conversaciones, en las actividades y en las propuestas pedagógicas vinculadas al juego”.

La fascinación no resulta difícil de entender. Faustino reúne varios elementos que suelen potenciar los casos excepcionales: talento extraordinario, dedicación intensa, autonomía para estudiar, acompañamiento familiar y una pasión genuina por el juego. "Cuando uno lo ve, nota que juega con felicidad", resume Reides.

Ajedrez_estudiantil
SIN PANTALLAS. Los chicos disfrutan un buen rato sin pantallas, pero con trebejos. (Foto: Sergio Piemonte)

Claro que los especialistas recuerdan que el verdadero valor del ajedrez no está únicamente en formar campeones. Diversas investigaciones científicas vienen señalando desde hace años que su práctica sistemática favorece el desarrollo de funciones cognitivas vinculadas con la atención, la memoria de trabajo, la planificación, la toma de decisiones y la resolución de problemas. Estudios recientes sobre el cerebro de niños con altas capacidades intelectuales muestran además una fuerte participación de redes neuronales asociadas al pensamiento abstracto, la anticipación y el control ejecutivo, procesos que también intervienen de manera permanente durante una partida.

En términos simples, jugar ajedrez implica construir escenarios futuros, evaluar alternativas, prever consecuencias y tomar decisiones bajo incertidumbre. Todo ello mientras se intenta comprender qué piensa el rival.

"Una de las habilidades más importantes que desarrolla es ponerse en el lugar del otro", señala Reides. "También aparecen la planificación, el pensamiento abstracto y la capacidad de anticipar situaciones". La práctica ofrece además algo particularmente valioso en la cultura actual: la posibilidad de bajar un cambio: “vivimos en una época donde todo parece inmediato. El ajedrez obliga a detenerse, pensar y no apurarse. Si uno se precipita, generalmente se equivoca", explicó.

Esa característica aparece reflejada en una escena que suele repetirse durante los torneos escolares abiertos que se realizan cada sábado en una escuela porteña diferente: En esas oportunidades se juntan hasta 200 chicos, en competencias abiertas donde cada jugador disputa cinco partidas independientemente de sus resultados. No hay eliminación directa ni presión extrema por ganar. El énfasis está puesto en jugar, aprender y compartir. La propuesta también busca enseñar algo cada vez menos frecuente: convivir con el error. Por eso los docentes suelen aprovechar las derrotas como oportunidades para revisar jugadas, analizar alternativas y fortalecer la tolerancia a la frustración.

Ajedrez_estudiantil


El impacto positivo llega a las familias, ya que estos torneos convocan regularmente “a padres, madres, hermanos y hasta los abuelos, abriendo un espacio de encuentro poco habitual dentro de la dinámica escolar. Son familias completas que comparten una actividad que permite competir, conversar y aprender sin importar la edad”, aseguró Reides.

Larga tradición del ajedrez en Argentina

La tradición ajedrecística argentina ayuda a explicar parte de este fenómeno. El país fue una potencia internacional durante buena parte del siglo XX. Figuras legendarias como Miguel Najdorf y Oscar Panno dejaron una huella profunda, mientras que eventos históricos como las visitas de Bobby Fischer contribuyeron a popularizar el juego. Hoy, el programa porteño mantiene vivo ese legado con actividades que incluyen torneos, talleres artísticos, tecnología y hasta una banda musical integrada por docentes que tocan canciones inspiradas en el universo del ajedrez.

Así, mientras Faustino Oro continúa desafiando récords internacionales, miles de chicos descubren que detrás de cada movimiento existe algo más que una partida: una forma de aprender a pensar.



Círculo Torre Blanca: el club que aporta el semillero de campeones jóvenes y adultos

El Círculo de Ajedrez Torre Blanca es uno de los clubes de ajedrez más importantes y prestigiosos de Argentina. Ubicado en el barrio de Almagro, sus particularidades sociales son tradicionales y siguen tan vigentes desde su fundación, hace 54 años. Funciona en una antigua casona, con sus múltiples habitaciones repletas de tableros, relojes y juegos de ajedrez, y su propósito central es difundir el ajedrez y que todos puedan disfrutarlo.

En sus paredes cuelgan innumerables afiches y trofeos de todas las épocas. Y, aunque PERFIL lo visitó un viernes por la noche, unos cuantos de los 350 socios activos -adolescentes, jóvenes, mayores, mujeres- disputan partidas con alegría. Vale acotar que en este juego, todavía persiste una marcada diferencia entre géneros. De hecho, las mujeres socias del Círculo apenas conforman alrededor del 10% de la masa societaria, por razones antiguas y que los directivos intentan cambiar. Aunque -aseguran- se trata de un fenómeno global.

Ajedrez_estudiantil
UN SOCIO DESTACADO. Faustino Oro y los profesores del tradicional club barrial de ajedrez.

Otros de los asistentes al Cículo toman cursos y clases de perfeccionamiento de distintos niveles. Y no es para menos, ya que el Torre Blanca ha sido el principal semillero de campeones argentinos y mundiales juveniles. De hecho, hoy su socio más famoso es la estrella Faustino Oro, que -cuando viaja con su familia a Buenos Aires- se hace un rato para pasar por su sede, jugar alguna partida y disfrutar de un tostado en el buffet del club donde empezó.

“En los últimos años hubo tres hechos globales que impulsaron mucho la práctica del ajedrez y acercaron nuevos jugadores, en el mundo y también en Argentina”, le contó a PERFIL Leandro Plotinsky, presidente del Círculo, profesor y árbitro internacional. “La pandemia que nos hizo quedarnos en casa; la serie de Netflix “Gambito de Dama” y -sobre todo- la gran atención mediática sobre Faustino Oro que, con apenas 12 años, saltó de jugar en su casa con su familia a los torneos del Círculo y hoy disputa los primeros lugares del ranking global”.

Ajedrez_estudiantil
DIFUSIÓN. Faustino ya tiene un libro que analiza sus partidas. Y la serie de Netflix que contribuyó a renovar el interés por el ajedrez.

Esto hizo que la demanda de gente que quiso iniciarse o perfeccionarse o jugar torneos haya crecido: “por la cantidad de interesados, nosotros llegamos a ofrecer el doble de cursos. Solo los sábados por la tarde, a la escuelita, concurren presencial 120 chicos y en total tenemos 200 jóvenes haciendo cursos o entrenando, incluso de otros países, a través de clases por Internet”.

Por todo esto, y por los torneos que organizan regularmente, hoy Torre Blanca es uno de los principales centros ajedrecísticos de América Latina. Pero no deja su esencia de ser un club de barrio, con los brazos abiertos a cualquiera que quiera iniciarse o disfrutar con amigos del “juego ciencia”.

Qué aporta el ajedrez al desarrollo infantil

Lejos de la imagen tradicional de actividad reservada para especialistas, el ajedrez es hoy considerado por numerosos educadores como una herramienta de desarrollo integral.

Entre los beneficios más mencionados aparecen:

Concentración sostenida: obliga a mantener la atención durante períodos prolongados.

Planificación y estrategia: cada movimiento requiere evaluar consecuencias futuras.

• Pensamiento abstracto: los jugadores trabajan con hipótesis, patrones y representaciones mentales.

Control emocional: aprender a ganar y perder forma parte central del juego.

• Tolerancia a la frustración: los errores son visibles y ofrecen oportunidades de aprendizaje.

Empatía cognitiva: exige imaginar qué está pensando el rival y anticipar sus decisiones.

Autonomía: favorece la toma de decisiones personales y la responsabilidad sobre los resultados.

Para Marcelo Reides, coordinador del Programa de Ajedrez Escolar porteño, existe además un beneficio particularmente actual: "Es una actividad que invita a detenerse y pensar antes de actuar". En una época dominada por estímulos instantáneos, el tablero sigue ofreciendo un espacio singular para ejercitar la paciencia, la reflexión y el pensamiento profundo.