domingo 09 de mayo de 2021
SOCIEDAD Según un estudio de la Universidad Siglo 21
24-01-2021 01:11

Dieta en pandemia: poca carne y verdura, y menos de dos litros de agua por día

El factor económico tiene una gran incidencia, así como también la elección de otros tipos de alimentos. Diferencias entre hombres y mujeres, y según las regiones del país.

24-01-2021 01:11

Menos carne y verduras, poca fruta y lácteos, menos agua que la deseada y –cómo no– más presencia de ultraprocesados y harinas refinadas. El acceso a algunos alimentos y las mayores restricciones ante otros –ya sea por elección, posibilidades y, principalmente, el factor económico– hacen que la dieta de los argentinos esté cambiando.

Ya no somos el país de la carne roja (cada vez más cara, y la que primero se deja de consumir cuando se elige otro tipo de alimentación), pero tampoco comemos la cantidad de vegetales, frutas, legumbres y cereales esperable y, para hidratarnos, no siempre elegimos lo más básico y elemental: el agua.

Las mujeres y los varones también eligen alimentarse de forma distinta, y hay regiones del país donde unas tendencias son más notorias que otras. Pero algo llama definitivamente la atención: a pesar de que no siempre comemos como debemos sino más bien como podemos, nueve de cada diez personas autoperciben su estado de salud como “bueno” o “muy bueno”.

Estas son algunas de las conclusiones a las que llegó el Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales de la Universidad Siglo 21, que realizó durante los meses de aislamiento del año pasado una investigación para analizar cómo se alimentan los argentinos.

alimentos
 El informe revela que los argentinos no comen la cantidad necesaria de vegetales, frutas, legumbres y cereales.

El estudio, realizado a hombres y mujeres de entre 18 y 60 años de siete ciudades del país, buscó también conocer más acerca de los efectos que ya se manifiestan en los hábitos y la salud general de la población, más allá del –o conviviendo con– covid-19.

Los resultados dicen que la dieta de los argentinos está cambiando: solamente el 15% consume carne roja en forma diaria. La mitad dijeron incorporar verduras en forma cotidiana. Y los lácteos y frutas tienen presencia en un tercio de la población: uno de cada tres dijo consumir cada día frutas, leche y yogurt.

Según Natalia Cervilla, directora de la Licenciatura en Nutrición de esa universidad, “se puede incidir la gran presencia de harinas y panificados en la dieta actual. Esta es una tendencia a nivel mundial, que da como resultado problemas de malnutrición, obesidad y un aumento de la diabetes, entre otros”.

“Lo que hizo la pandemia fue resaltar aquello que ya venía sucediendo; con la carne roja, por ejemplo –algo que se ve en otros estudios de consultoras privadas o universidades– se nota que dejó de tener la predominancia que tenía un país eminentemente carnívoro. Y otras carnes más magras, como el cerdo o el pollo, aumentaron el consumo”, explica  se ve q dejó de tener un papel predominante en un país carnívoro, pollo o cerdo subieron el consumo. Y aunque se relevó, el pescado sigue teniendo una baja participación en la mesa de todos los días. “El otro factor es el crecimiento de otras tendencias alimentarias: respeto a la vida animal o decisiones vinculadas con la sustentabilidad y el medio ambiente”, describe.

La calidad alimentaria empeorará por la pandemia

Qué, cuánto y por qué. Para Cervilla, “si solo el 40% está consumiendo verduras, el resto tiene una deficiencia muy alta y una dieta completamente desbalanceada. Si todos estos alimentos se están consumiendo poco, el desbalance –que hace pensar que no es a favor de las legumbres y harinas integrales– es peligroso”, alerta.

Y aunque las mujeres parecen estar más preocupadas por cómo y qué comen –Cervilla lo atribuye no solo a una preocupación por el peso corporal, sino a una visión más integral de ellas hacia los cuidados de la salud–, el informe también revela que los grupos de alimentos saludables se consumen más en Mendoza, mientras que Córdoba es una de las ciudades que menos lo hacen.

En relación con las bebidas, una amplia mayoría de personas consumen agua, soda o infusiones de manera cotidiana. Respecto de las gaseosas, se observa que una de cada diez las consume al menos varios días de la semana, ya sea con o sin azúcar.

El consumo de agua o soda es más frecuente entre las mujeres y, geográficamente, en Córdoba, San Miguel de Tucumán y Corrientes. Casi cuatro de cada diez participantes manifestaron ingerir una cantidad menor a la recomendada por la OMS: dos litros de agua por día. Este consumo deficitario se evidencia con mayor intensidad en las ciudades de Córdoba y Comodoro Rivadavia.

“Según las guías alimentarias del Ministerio de Salud nacional, se recomienda tomar al menos ocho vasos o dos litros de agua pura por día. Y aquí no notamos diferencia por género. Las infusiones -tan consumidas entre nosotros- sí hidratan, pero es más difícil tener un control de cuánto”, asegura la experta. Por eso, dice, es preferible consumir de más: “No hay riesgo de hiperhidratación si el sistema renal funciona bien”, asegura.

Niños: alimentación y sobrepeso en pandemia

Consejos. “No hay un solo modo de alimentarse: para ser saludable, la alimentación tiene que ser adecuada al individuo: no es lo mismo para un celíaco, un niño de cinco años, un diabético, alguien que vive con HIV. Cada persona tiene un estado biológico que hace que sus requerimientos personales sean particulares”, explica la nutricionista.

¿Y cómo hacer si no se consume algún grupo de alimentos en particular? La clave: ver cómo reemplazarlo. Los vegetarianos y veganos, recomienda Cervilla, tienen que tener un nutricionista de cabecera, para reemplazar nutrientes de origen animal (ver aparte).

También hay que tener en cuenta el tamaño de las porciones, y hacer actividad física al menos 30 minutos diarios. Y entender que los cambios deben ser paulatinos y adecuados a las necesidades de cada uno: “Somos seres con los hábitos alimentarios formados y, si no se encaran desde la primera infancia, son muy difíciles de cambiar”, dice. Grasas y azúcares, se sabe, generan más ganas de comer y más cantidad. ¿Una solución? “Proponer un cambio a la vez, mantenerlo durante el tiempo y luego ir agregando pequeños cambios de a poco. Darse al menos seis meses para que vayan haciendo efecto, y entender que la estrategia tiene que ser esa: paciencia y perseverancia.

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