viernes 20 de mayo de 2022
SOCIEDAD Efemérides 14 de abril
14-04-2022 00:48

Hace 100 años nacía María Luisa Bemberg, la Señora de Nadie

La única directora de cine argentina que, con su película “Camila”, compitió por el Oscar de Hollywood, fue la Virginia Woolf rioplatense. Criada por institutrices y siendo una privilegiada heredera de tierras y empresas quiso, sin embargo, ser actriz, lectora ferviente, empresaria teatral y, sobre todo, una mujer que se hacía a sí misma.

María Luisa Bemberg fue la única directora argentina de cine que logró competir por el Oscar con una película propia, personal, impecable: Camila, una compleja tragedia rosista que vieron 3 millones de personas y reunió a Susú Pecoraro con el español Imanol Arias, cuando el vapuleado cine argentino renacía, en 1984.

Hoy hubiera cumplido cien años, pero no es Camila el único motivo por el que María Luisa Bemberg merece laureles y recuerdos.
Fue nieta de Pedro Federico Otto Bemberg e hija de Otto Eduardo Isidoro Bemberg, fundadores en 1888 de la Brasserie Argentine Quilmes, actual Cervecería Quilmes.  

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María Luisa Bemberg, luchadora incansable por los derechos de la mujer.

Es decir, pertenecía al mayor linaje cervecero de Argentina,era nieta de la heredera más rica de la provincia de Santa Fe (Josefina L. Elortondo y Armstrong), y sobrina de Silvina Ocampo, la dueña de la empresa láctea La Martona.

Habiendo nacido en cuna de oro y estudiado con institutrices, se casó a los 22 años con un arquitecto de la alta sociedad, Carlos María Miguens, el 17 de octubre de 1945. El matrimonio vivió en España y Francia y tuvo cuatro hijos, pero diez años más tarde se disolvió. "Pasé de ser La señora de Miguens a convertirme en la señora de nadie", diría la cineasta en uno de sus reportajes. 

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Luisina Brando y Julio Chávez en Señora de nadie (1982)

Ese sería, luego, el título de la película de 1981 que estrenó en 1982 y protagonizaron Luisina Brando y Rodolfo Ranni. Era la historia de una mujer casada y con dos hijos que, un día descubre que su marido la engaña. La burbuja en la que vivía cae al piso y se rompe como un cristal. 

Pero en ese mientras tanto había que comenzar y para eso eligió primero el hecho teatral. Al regresar a Buenos Aires ya “de nadie” y dispuesta a recomponer su vida, fundó el Teatro del Globo, con Catalina Wolff, en 1959 y dirigió la sala durante 5 años. 

 

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Con Camila María Luisa Bemberg fue la única directora argentina que compitió por el Oscar de la Academia de Hollywood.

 

En los años 70, devoró las páginas de la británica Virginia Wolf,viajó a Francia para conocer a Simone de Beauvoir y tradujo a la estadounidense Kate Millet, autoras que le abrieron la puerta a un mundo absolutamente nuevo y desconocido: la psicología del universo femenino, los derechos sociales de la mujer.

Fue entonces una de las fundadoras de la Unión Feminista Argentina. Sin embargo, antiperonista, aristócrata y artista, eran una combinación letal de unas tres "a" muy complejas y diferentes a las otras tres siniestras "a" de los años 70. Aunque escribió y dirigió algunos cortometrajes (Juguetes), estaba claro que tenía que esperar.

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Bemberg reicibió una rígida eduación católica, que puso en tela de juicio al filmar la vida de Sor Juana Inés de la Cruz.

Tiempo después tendría su revancha: en 1988 con otro grupo de mujeres fundaría la Asociación la Mujer y el Cine, que impulsó y jerarquizó el trabajo de las mujeres en la industria cinematográfica argentina.


La señora del cine


En todas sus películas predomina la temática de la mujer en busca de su destino, en la construcción de su identidad. 

Siempre le preocupó el universo femenino, la desdicha de las mujeres que ven pasar la vida sin protagonizarla y, a la vez, fue severa pero elegante, en su mirada de la aristocracia argentina de la cual provenía. Sacó del locker a la mujer aristocrática, la “dejó en la calle” librada a sus propias fuerzas, la enfrentó al amor y la hizo trabajar.

 

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Miss Mary (1986) fue su mirada sobre la educación de las mujeres en la clase alta argentina.

María Luisa Bemberg no improvisaba. Replicó en sus trabajos los mejores momentos de la obra de Ingmar Bergman, el aire fresco de la Nouvelle vague francesa y las enseñanzas menudas que recibió de Lee Strasberg, en Nueva York y Beatriz Matar, en Buenos Aires.
Era poderosa y supo capitalizar muy bien su poder. Se rodeó de mujeres talentosas y dio trabajo a muchas mujeres. 

Así lo demostraron, Crónica de una señora, guión que dirigió Raúl de La Torre en 1970 y fue premiado en el Festival de San Sebastián); Triangulo de cuatro, el guión que en 1972 llevó al cine Fernando Ayala; el guión de Momentos, que se convirtió en su primer dirección de un largometraje en 1981, cuando ya tenía 58 años y armó su propia productora, trabajando con la experimentada Lita Stantic.

Y las que siguieron fueron sus películas con elencos internacionales. Con Miss Mary, el siguiente trabajo que escribió y dirigió en 1986, tentó a la británica Julie Christie, la protagonista de Doctor Shivago. Yo, la peor de todas fue el guión y la dirección que le permitió convocar a Assumpta Serna y Dominique Sanda, en 1990.

De eso no se habla, también de su autoría, la convirtió en la única directora nacional que logró contratar a Marcello Mastroiani. Fue en 1993, para rodar en Colonia del Sacramento.

El impostor fue su último guión, de 1995, basada en el cuento de Silvina Ocampo que dirigió Alejandro Maci, ya que María Luisa Bemberg falleció de cáncer el 7 de mayo de 1995, apenas lo dio por concluido.